El matrimonio y el amor, una pareja reciente

Última actualización: Jueves, 15 de marzo de 2012
Boda

Uno de los puntos de mayor controversia en el debate sobre el matrimonio homosexual está en el mismo uso de la palabra "matrimonio".

Para algunos, sobre todo quienes se oponen a la consagración legal de la unión homosexual por motivos religiosos, es y debe seguir siendo invariablemente un concepto exclusivo de la pareja heterosexual.

Para otros, se trata de un concepto antropológico cambiante en función del contexto social y económico, y su aplicación en el caso de los homosexuales no sería más que otro paso adelante en su evolución.

Así, gran parte de la discusión sobre la legalización de las uniones de parejas del mismo sexo se ha centrado en quién es el "dueño" del concepto, si la Iglesia o el Estado. Ambos han jugado papeles clave en su evolución a lo largo de los años. Lauren Everitt, de la BBC, repasa algunos de los momentos clave en la historia del matrimonio.

Alianza estratégica

Incluso con anterioridad a la Edad Media, el matrimonio era una cuestión fundamental en las relaciones, pero no como se entienden en nuestro tiempo.

Las élites gobernantes se valían del casamiento como una herramienta más a la hora de establecer lazos diplomáticos y vínculos comerciales.

Stephanie Coontz, autora de "Matrimonio, la historia: Cómo el amor conquistó el matrimonio", cuenta cómo los antiguos habitantes de lo que hoy es el Reino Unido "lo usaban para establecer relaciones de paz, comerciales y obligaciones mutuas".

"El matrimonio lo usaban para establecer relaciones de paz, comerciales y obligaciones mutuas"

Stephanie Coontz, historiadora

Eso cambió cuando se hizo patente la importancia de la diferencia en términos de riqueza. Los padres comenzaron a dejar de casar a sus hijos con "cualquiera del grupo vecino" para hacerlo con alguien al menos tan rico y poderoso como ellos.

"Entonces el matrimonio empezó a ser el elemento central de intrigas y traciones", cuenta Coontz.

Consentimiento

Durante el siglo XI, el matrimonio pasó a ser una forma de asegurarse ventajas políticas y económicas. Los deseos de los novios, también su consentimiento, eran algo de muy poca importancia.

La novia, en particular, se suponía que debía obedecer los deseos de su padre y los arreglos matrimoniales que hubiera hecho en su nombre.

Anglosajones medievales

El matrimonio era una cuestión de intereses familiares desligada de la voluntad de los contrayentes.

Sin embargo, esa concepción comenzó a cambiar con por la obra del teólogo Graciano, monje benedictino que vivió en el siglo XII.

Para Graciano, el consentimiento de la pareja era de crucial importancia, incluso mayor que la posición de la familia.

Así, el Decreto de Graciano (Decretum Gratiani) de 1140, obra que buscaba compilar todo el Derecho Canónico, llevó la cuestión del consentimiento al centro de la naturaleza de la institución matrimonial.

El decreto exigía que las parejas expresaran su consentimiento verbal y consumaran su unión para que se pudiera considerar completo el matrimonio. A partir de entonces dejó de ser suficiente la mera presencia de los novios en la ceremonia.

El Decreto de Graciano se constituyó en el núcleo fundacional de la política matrimonial de la Iglesia Católica y "estableció las reglas del casamiento y la sexualidad en un entorno social cambiante", según la historiadora Joanne Bailye, de la Universidad Oxford Brookes.

El sacramento

"Se asumía que era un sacramento, pero fue claramente definido así en 1563 por la necesidad de desafiar las enseñanzas de quienes sugerían que no lo era"

Elizabeth Davies, de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales

Desde el siglo XII, teólogos católicos se referían al matrimonio como un sacramento, una ceremonia sagrada relacionada con experimentar la presencia de Dios.

Sin embargo, no fue hasta el Concilio de Trento, en 1563, que fue introducido en la lista de siete sacramentos, recuerda Elizabeth Davies, de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales.

Como reacción al surgimiento de los movimientos protestantes, que no reconocían el matrimonio como un sacramento, Trento se vio en la necesidad de "clarificar" la posición de la institución.

"Se asumía que era un sacramento, pero fue claramente definido así en 1563 por la necesidad de desafiar las enseñanzas de quienes sugerían que no lo era", explica Davies.

Votos matrimoniales

Los votos, como los expresan las parejas en la actualidad, tienen su origen hace 500 años en la obra del arquitecto del protestantismo inglés Thomas Cranmer, según el reverendo Duncan Dormor, de la Universidad de Cambridge.

Cranmer escribió los votos en el Libro de la Oración Común, primer libro de ritos de la Iglesia Anglicana. "Todo lo que se viene a la mente, 'en la salud y la enfermedad, en la riqueza y la pobreza', etcétera, viene de ese momento", asegura Dormor.

Eso muestra, en opinión de Dormor, que la ceremonia del matrimonio es de una "destacable continuidad" comparado con otros.

Pero gran parte fue "robado de los ritos medievales católicos", como la liturgia Sarum, que se hacía en latín excepto por los votos.

"Lo que hace el servicio religioso de Cranmer significativo es la introducción del servicio protestante en inglés, y son básicamente las palabras que todos conocemos con unos pequeños retoques", dice Dormor.

El divorcio

El divorcio es una institución prácticamente tan antigua como el mismo matrimonio. Aunque en términos modernos fue legalizado por el Código Civil Napoleónico de 1804, inspirador de numerosos códigos civiles del resto del mundo.

En el Reino Unido, un precedente lo encontramos en 1670, cuando el parlamento aprobó la disolución del matrimonio de John Manners y Anne Pierpon.

En Inglaterra, hasta mediados del siglo XIX, el divorcio pasaba por el parlamento.

La decisión creó el precedente para el establecimiento del divorcio parlamentario sobre la base del adulterio de la mujer y marcó "el inicio del moderno 'divorcio'", según Rebecca Probert, de la Universidad de Warwick.

Durante los siglos XVII y XIX se produjeron 300 casos.

Fue a partir de 1858 que se estableció un procedimiento legal para el divorcio, aunque era demasiado caro para la mayoría. Y a las mujeres les exigía probar "adulterio agravado" o que su marido había cometido crueldad, bigamia, incesto o sodomía.

Eso hasta 1969, cuando se abrió la puerta al divorcio por ruptura de la pareja.

"Antes de 1969, el matrimonio era para toda la vida. Con la ley del divorcio, quienes estaban atrapados en matrimonios no deseados ya no tenían que soportarlos para siempre", comenta Bren Neale, socióloga de la Universidad de Leeds.

Así, según Neale, el matrimonio pasó de ser un compromiso de largo plazo que debía ser mantenido a cualquier precio para convertirse en una relación personal donde la realización personal es importante.

Matrimonio civil

El Concilio de Trento negó a los católicos la posibilidad de contraer matrimonio por ceremonia que no fuera la de la Iglesia Católica. Antes, Juan Calvino, padre de la reforma protestante, había establecido el requisito del registro civil de la unión matrimonial para que tuviera validez, embrión del casamiento civil o estatal.

"Podía ser que no te quisieras casar por la iglesia, pero no quedaba alternativa, no tiene sentido celebrar una ceremonia que no resultara en la consideración de que la pareja estaba casada"

Rebecca Probert, Universidad de Warwick

En 1792, con la Revolución Francesa, el rito religioso no se prohibió, pero pasó a considerarse en un plano inferior al matrimonio estatal.

En el Reino Unido, una ley de 1836 instituyó el matrimonio civil para las parejas que no pertenecieran a la Iglesia Anglicana, hasta entonces encargada de los casamientos incluso de quienes no eran miembros de esa confesión.

"Si no eres anglicano, podía ser que no te quisieras casar por la iglesia, pero no quedaba alternativa, no tiene sentido celebrar una ceremonia que no resultara en la consideración de que la pareja estaba casada", comenta Probert.

Además, se creó un registro estatal para las parejas casadas.

Consagración del amor

No fue hasta la era Victoriana que se consideró aceptado el amor como elemento fundador del vínculo conyugal.

Los victorianos sucumbieron al romanticismo y la idea del matrimonio por amor.

"Los victorianos estaban realmente investidos de la idea del amor, de que el matrimonio debería estar basado en el amor y el compañerismo", dice Jennifer Phegley, autor de Cortejo y Matrimonio en la Inglaterra Victoriana.

La creciente importancia de las clases medias y la emergencia de las burguesías y los nuevos ricos desdibujaron las fronteras de la idea tradicional de matrimonio.

Con la creciente movilidad social, creció entre las clases medias el desapego por la idea del casamiento como "una evento arreglado por la familia para intercambiar a la hija por ganancias", comenta Phegley.

Aspirantes a tortolitos no tenían más que mirar a la reina Victoria y el príncipe Alberto para inspirarse. La pareja real que se convirtió en el icono del amor conyugal.

"Si lees las cartas y diarios que ella escribía, se percibe su efusividad acerca de lo enamorada que estaba de él, lo que se filtró en el resto de la sociedad", dice Phegley.

Al servicio de la reproducción y más

Las doctrinas católicas y protestantes han elevado la idea de la procreación como la razón primaria de la existencia del vínculo conyugal.

Pero en el siglo XIX se vivió una "revolución silenciosa", según Dormor.

Con el incremento de la supervivencia infantil, las familias comenzaron a crecer en número. Así las parejas comenzaron a usar métodos más o menos rudimentarios de control de la natalidad.

"Así, a cierto nivel, empezó el proceso para desvincular la procreación del matrimonio", comenta Dormor.

"Antes, si estabas casado, tenías una relación sexual y niños. La idea de hacer algo para evitarlo dentro del matrimonio no parecía ser parte de la conciencia colectiva, pero en las últimas décadas del siglo XIX las cosas comenzaron a cambiar".

La Iglesia Anglicana, no sin precauciones, comenzó a aceptar métodos anticonceptivos en una conferencia de obispos en 1930, aunque sólo cuando hubiera "un claro sentimiento de obligación moral de limitar o evitar la descendencia".

En la actualidad, la Iglesia de Inglaterra no considera los anticonceptivos un pecado o algo que va contra la voluntad de Dios, al contrario que la Iglesia Católica.

Para la jerarquía romana, "la procreación" sigue siendo "una de las esencias del matrimonio", comenta Ashley Beck, de University College de Londres.

De hecho, en la preparación para el matrimonio, el asunto de la descendencia suele ser objeto de discusión con el sacerdote.

"Si descartan tener hijos, entonces no los casa", comenta Beck.

Contexto

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