China vive su mayor terremoto político en años

Última actualización: Jueves, 15 de marzo de 2012
Alcaldía de Chongqing

Se llama Bo Xilai y su destitución constituye el mayor sismo político en China de los últimos años.

El ahora exalcalde de Chongqing era lo más parecido que había en su país a un político a la occidental: sofisticado, abierto y dado a la autopromoción, y se hizo famoso por su agresivo estilo a la hora de hacer política.

Amado por los habitantes de la ciudad de la que era alcalde y despreciado por intelectuales por sus vaivenes maoístas, Bo era un fuerte candidato a convertirse en uno de los nueve miembros de su más alto órgano de toma de decisiones del Partido Comunista de China tras la renovación de su cúpula a finales de año.

Y aunque el secretismo con que se maneja la política china hace imposible avanzar nada a ciencia cierta, ver cómo pierde su cargo de alcalde lleva a pensar que su ascenso imparable es ya cosa del pasado.

Todo, aparentemente, por la tormenta que desató una extraña e inusual visita de uno de sus más cercanos colaboradores a un consulado estadounidense.

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Amado y odiado

"Formaba parte de una corriente comunista que quería que a convertir a China en un país rico había que anteponer la redistribución de la riqueza"

Raymond Li, Servicio Chino BBC

Hijo de un famoso héroe comunista, Bo fue regidor de la ciudad de Dalian, tras lo que se convirtió en ministro de Comercio, para después pasar a ocupar el puesto del que acaba de ser cesado, alcalde de Chongqing.

Como pez en el agua ante las cámaras, sus formas sofisticadas alimentaron la impresión de que se trataba de un político de estilo occidental. A eso, se sumó que envió a su hijo a estudiar a Harrow, una de las más exclusivas escuelas privadas del Reino Unido.

"Formaba parte de una corriente comunista que quería que a convertir a China en un país rico había que anteponer la redistribución de la riqueza", afirma Raymond Li, editor del Servicio Chino de la BBC.

De su visita a Chongqing el año pasado, Li se llevó la impresión de que Bo era un político muy amado por el pueblo, despreciado por la clase intelectual y odiado por los funcionarios a sus órdenes.

Los ciudadanos lo respetaban por sus éxitos a la hora de atajar la criminalidad en la ciudad, que muchos creían que operaba con la connivencia de las autoridades.

También lo querían por sus políticas de fomento del transporte público y la promoción de viviendas sociales.

Pero para los intelectuales, por el contrario, su interés en revitalizar los concursos de "canciones rojas" y la "revolución cultural" en los términos del histórico líder comunista Mao Zedong constituían un peligro.

"Las clases pensantes estaban convencidas de que sus actitudes podían alimentar sentimientos contrarrevolucionarios", comenta el editor de la BBC.

Bo además era muy duro con los funcionarios de su municipalidad. "Si no ofrecían buenos resultados, los ponía en la calle. Era muy exigente a la hora de obligarlos a ofrecer los mejores servicios a los ciudadanos, que también por eso lo querían".

"Pero todo lo que hacía no contaba con el apoyo de la cúpula del Partido Comunista en Pekín", recuerda Li.

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Político a la occidental

En cada reunión anual del parlamento, celebrada en marzo, Bo aparecía como una de las figuras más visibles.

Pero, este año, ese mismo evento el que puso de manifiesto que el político se había topado con el primer gran obstáculo en su ascendente carrera: Bo fue el único miembro del politburó del partido que no asistió.

China

A final de este año, el Partido Comunista de China renovará su cúpula.

Y es que allí lo esperaban numerosas interrogantes sobre el incidente con Wang Lijun, jefe de la policía de Chongqing y estrecho colaborador suyo, quien tras haber sido degradado pasó un día en el consulado general de Estados Unidos de Chengdu, una ciudad cercana.

"Muchos sospechan que estuvo allí para pedir asilo", comenta Michael Bristow, corresponsal de la BBC en Pekín. "Bo negó tener nada que ver con el incidente, pero muchos creen que vendría a reducir sus opciones de ser promovido al Comité Permantente del Politburó del Partido Comunista".

"Parece que puse mi confianza en la persona equivocada", se defendió Bo.

Según el corresponsal, el hecho de que la cúpula del partido en Pekín no se hubiera pronunciado sobre el incidente, hacía pensar que el alcalde tenía posibilidades de salir políticamente vivo del incidente.

Sin embargo, una primera señal de su caída en desgracia llegó después de la reunión anual del parlamento, en una conferencia de prensa del primer ministro, Wen Jiabao.

Preguntado por el incidente del jefe policial y el consulado estadounidense, Wen dijo: "El actual comité del partido en Chongqing debe reflexionar seriamente y aprender del incidente con Wang Lijun".

Como señala Bristow, las palabras de Wen no se salieron del "lenguaje de la burocracia china" y aunque no llegó a mencionar a Bo, lo relevante era que el propio jefe del gobierno había criticado públicamente a Bo.

Y Wen fue más lejos y mostró su disgusto por las campañas de tinte maoísta. "¿Otra crítica a Bo? Probablemente sí", opina el corresponsal.

Futuro

"Bo negó tener nada que ver con el incidente, pero muchos creen que vendría a reducir sus opciones de ser promovido al Comité Permantente del Politburó del Partido Comunista"

MIchael Bristow, corresponsal en Pekín

Su destitución constituye el mayor escándalo político desde el arresto y posterior condena por corrupción del gobernador de Shanghái Chen Liangyu en 2006.

"No podemos saber qué va a pasar con Bo, pero parece claro que está fuera de la carrera por la promoción en el partido", consdiera Bristow.

Según el editor del Servicio Chino de la BBC, "el mejor escenario para él es que le den una puesto en el parlamento, lugar que suele servir de retiro político".

Pero eso depende del devenir de la investigación del caso Wang, ya que si se encuentran indicios de delito "hay altas probabilidades de que acabe salpicado", opina Li.

Para Bristow, además, la repentina caída también es un indicio de que detrás de la escena pública, en el seno del Partido Comunista se está librando una durísima batalla de cara al congreso que renovará los altos cargos del partido y el gobierno.

Para Bristow, "los líderes chinos querían dar la impresión de que la transición en el liderazgo sería suave y sin sobresaltos, pero este último acontecimiento político sugiere lo contrario".

Contexto

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