La postal desconocida de Hitler

  • 2 mayo 2012
Postal de Hitler
La postal fue enviada a un soldado del mismo regimiento que falleció en 1918.

Nadie conocía su existencia. Pero vio la luz, desde las tinieblas del tiempo y del personaje que la escribió. Una postal enviada por Adolf Hitler de la que nada se sabía, fue descubierta en el marco de un proyecto de historia europea.

Hitler envió la postal en 1916, cuando era un soldado durante la Primera Guerra Mundial. La escribió mientras se recuperaba de una herida; ahora fue encontrada en Múnich, Alemania. Todo, gracias a un proyecto llamado Europeana que realiza roadshows por ciudades europeas y recoge experiencias y objetos de personas relacionados con la Primera Guerra Mundial.

La Universidad de Oxford está brindando asesoramiento en este proyecto. Cuando la postal fue identificada, el experto Stuart Lee dijo haberse estremecido.

"Era difícil creer que en un evento local para recoger historias de gente corriente, estuviese viendo un documento desconocido hasta el momento de puño y letra de Hitler", explica Lee.

"Perturbador"

Explica que en su anterior trabajo como medievalista estaba acostumbrado a "tener en su mano documentos raros", pero dijo que había "algo perturbador acerca de este".

"Estaba tocando algo que Hitler había tocado. Todo pasaba a gran velocidad por mi mente", dijo.

La postal fue enviada a Karl Lanzhammer, un mensajero de su mismo regimiento, cuando Hitler, de 27 años, se recuperaba de las heridas sufridas en el frente.

Thomas Webber, una autoridad sobre Hitler en la Primera Guerra Mundial, dice que otras cartas conocidas de Hitler durante esta época también fueron enviada a compañeros del mismo regimiento.

Dice que esto sugiere la idea de que el ejército fue durante la guerra una "familia sustituta" para Hitler. "Cualquier otro soldado habría escrito a su hogar", dice.

Cuando Hitler llegó al poder se ocupó de destruir documentos relacionados con sus años previos.

La postal, en la que habla de ir al dentista, también indica que Hitler quería volver al frente, lo que según Weber era "altamente inusual" en esa etapa de la contienda, aun entre los más patrióticos.

Weber, del departamento de Historia de la Universidad de Aberdeen, dice que revela una necesidad de regresar a la "red social más cercana" que había conocido desde la muerte de su madre.

También contiene un error de ortografía en la palabra alemana para "inmediatamente". La escribió como "soffort" en lugar de "sofort".

Weber dice que estas escenas del joven Hitler son extremadamente inusuales. En parte porque mientras estuvo en el poder "destruyó diligentemente" muchos documentos sobre sus años previos a acceder al poder.

Estudios anteriores hechos por Weber han revelado los intentos de Hitler para "reinventar" su experiencia de guerra.

El destinatario original de la postal murió en marzo de 1918, pero la tarjeta acabó en manos de un coleccionista, cuyo hijo la trajo a un evento del proyecto Europeana 1914-1918, que tuvo lugar en Múnich.

La postal fue autenticada por expertos y después de ser digitalizada, fue devuelta a su propietario.

La biblia del soldado Kurt Geiler con un pedazo de metralla incrustada es otro de los objetos que se dieron a conocer en el proyecto Europeana.

Este proyecto de historia es para recoger evidencia de historias individuales de la gente sobre la Primera Guerra Mundial, en preparación para el centenario del inicio de la guerra.

La idea es preservar digitalmente fotografías de los tiempos de guerra, cartas y documentos en poder de familias, temiendo que mucha de esta información se pierda con el tiempo.

Preservar los documentos

El proyecto de historia, desarrollado desde un esquema original de la Universidad de Oxford, está financiado por la Unión Europea y está recogiendo material en varios países europeos.

Además del Reino Unido y Alemania, hubo giras en Irlanda, Luxemburgo, Eslovenia y Dinamarca, con gente invitada a traer sus objetos y sus historias personales.

Esto ha incluido ítems que ilustran historias personales de supervivencia en la guerra.

Un hombre trajo la biblia de su abuelo, un soldado alemán llamado Kurt Geiler. Todavía llevaba la metralla incrustada en sus páginas, que eran de una granada que mató a soldados que dormían a su lado.

"Estoy aquí para mostrar cómo una historia familiar puede realmente convertirse en parte de la memoria colectiva de Europa", dijo el nieto, Markus Geiler.

Otro hombre, de 100 años, llamado Slavko Zupan, trajo otro objeto de la guerra cuando tuvo lugar un gira por Eslovenia. Se trataba de una cruz de madera tallada por prisioneros de guerra rusos que había utilizado esas artesanías para comerciar con la gente del lugar. Estuvo en su familia desde 1916.

El proyecto, que incluye la Biblioteca Británica como socio, ya reunió 45.000 objetos, incluyendo testimonios personales.

Generaciones pasadas

Los prisioneros de guerra rusos tallaban crucifijos de madera para comerciar con los residentes locales en Eslovenia.

Joan Almond, de 85 años, trajo relatos de la guerra escritos a máquina por su padre durante un evento de Europeana en Preston. "Creo que lo guerra lo debe haber afectado mucho, especialmente cuando lees su relato. Mi madre solía empujarlo a escribir sus experiencias y eso parecía calmarlo", explica.

Su padre, John Stafford, dejó textos muy gráficos sobre los horrores que vio en la guerra, especialmente cuando fue herido en la Batalla del Somme.

"Puse mi ropa sobre mi pierna y me recosté, descorazonado más allá de las palabras", se lee. "Eso explicó por qué mis heridas quemaban tan intensamente. Eventualmente los gusanos se esparcieron sobre mi pierna desde la cadera hasta la rodilla y luego se pasaron a la otra pierna…", continúa el relato. "Ocasionalmente miraba… finalmente me di vuelta del asco".

En Europeana también existe un sentido de recoger información antes de que se pierda. Un juego de fotografías únicas recogidas por el proyecto fue rescatadas de un contenedor.

"La gente pasa sus historias a sus familias, en Europeana encontramos los medios para preservarlas para futuras generaciones, y hacerlas universalmente accesibles", explica Jill Cousins, director ejecutivo de Europeana.

Lee tiene claro cuál es la clve del éxito de este proyecto: "La gente está cautivada con él".

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