El día que conocí a Mladic

Última actualización: Miércoles, 16 de mayo de 2012
Ratko Mladic

Mladic le dijo a nuestro corresponsal que soñaba con un mundo sin guerra

En momentos en que el general serbobosnio Ratko Mladic comienza a enfrentar juicio por crímenes de guerra en La Haya, el periodista de la BBC Allan Little recuerda la ocasión en que lo conoció.

Era junio de 1992 y uno podía pararse en el punto de tiro de Serbia en la montaña Trebevic, en el sur de Sarajevo, y mirar la ciudad a sus pies, radiante bajo el intenso sol del verano. Las calles aparecían como en un mapa. Era claro por qué los tiradores no tenían problema para escoger un objetivo.

"¿Puedes darle al Holiday Inn desde aquí?", le pregunté al operador de una ametralladora (el hotel serviría para alojar después a la prensa extranjera; la BBC abriría su oficina ahí poco después y me parecía peligrosamente expuesto). "¡Ja!", se rió. "¿Darle al Holiday Inn? ¡Dime a cuál ventana!".

Había unas viejas barracas yugoslavas cerca, en un lugar llamado Lukavica. Yo fui ahí, tratando de encontrar un camino para entrar a la ciudad asesiada, buscando permiso militar serbio para cruzar la línea de fuego.

Paramilitares serbios rondaban por ahí, "trajeados" con cinturones de balas y bandanas, jóvenes inflamados con la posibilidad de entrar en batalla; intimidantes en su agresiva arrogancia.

Había armas en venta. Un hombre me dijo que podía comprar una granada de mano por un un dólar, el mismo precio -como descubriría más tarde- que costaba un huevo en la hambrienta y cercada ciudad.

Guerra secreta

Fue ahí, ese día, que conocí al general Mladic en persona, que lo tuve frente a frente, por primera vez. Le di la mano. La sostuvo firme y no la soltó, por lo que me pareció muchos minutos. Se acercó mucho, en forma desconcertante, hasta quedar a unos pocos centímetros de mi rostro.

"Sueño con una paz mundial -dijo- en la cual las únicas armas existentes sean hechas de plástico, para que los niños jueguen y recreen las luchas de sus ancestros".

"Mientras hablaba, hombres que servían a un Ejército bajo su comando estaban bombardeando la ciudad bajo nosotros. Y eso, de cierta forma, era lo de menos"

Mientras hablaba, hombres que servían a un ejército bajo su comando estaban bombardeando la ciudad bajo nosotros.

Y eso, de cierta forma, era lo de menos. En el norte y el este de Bosnia, donde los bosniaks (musulmanes bosnios) y los serbios habían vivido hombro con hombro, mezclados por siglos, otro tipo de guerra estaba teniendo lugar.

En cada municipalidad, los nacionalistas serbios habían establecido los llamados "Comités de Emergencia". En cada lugar, estos comités tenían la tarea de asegurarse que los no-serbios abandonaran sus casas.

En la mayoría de los lugares no hubo resistencia. El general Mladic simplemente rodeó a la población no serbia, separó a los hombres de las mujeres y los niños, expulsó a este último grupo y encarceló a los primeros.

Muchos de los hombres a quienes se consideraba una amenaza fueron asesinados sumariamente. Muchas de las mujeres fueron retenidas como esclavas sexuales. Las cámaras de televisión vieron poco o nada de todo esto. Las historias se fueron filtrando poco a poco hacia un mundo incrédulo.

Una tarde, cuando habían transcurrido varios meses desde el inicio de la guerra, el vicepresidente de los serbobosnios, un académico de Shakespeare llamado Nikola Koljevic que después se suicidaría, le dijo a un periódico británico en privado: "nos alegra que ustedes, los reporteros, estuvieran tan concentrados en Sarajevo en la primavera y el verano de 1992, porque nos permitió hacer lo que teníamos que hacer en el norte y el este del país".

Empresa criminal

Ratko Mladic en juicio

Mladic responde ante el tribunal de La Haya, acusado de crímenes de guerra

El término "limpieza étnica" no fue acuñado por la prensa extranjera para desacreditar a los serbios. Es la palabra que ellos mismos usaban para describir lo que estaban haciendo.

Srebrenica es la atrocidad de la que el mundo sabe. Pero Srebrenica no salió de la nada. El acorralamiento de los civiles, los asesinatos, las expulsiones forzadas, las violaciones y las masacres habían estado teniendo lugar por tres años, antes de que ocurriera lo que ocurrió en Srebrenica.

Todavía hoy sigue existiendo una disputa sobre la naturaleza de la guerra. Hay muchos que todavía insisten en una suerte de equivalencia moral; que sostienen que, en esencia, todas las partes son igualmente culpables.

Porque, después de todo, todos los involucrados cometieron atrocidades.

Pero había algo distintivo acerca del esfuerzo de guerra serbio. En su centro había una empresa criminal, la remoción forzada de poblaciones civiles con el objeto de crear un territorio étnico puro.

Fue organizado pueblo por pueblo y villa por villa. Fue dirigido centralmente, planeado con cuidado, provisto de recursos, respaldado por una abrumadora fuerza militar y, crucialmente, fue promovido por el Estado.

¿Qué papel jugó el hombre que me apretó y retuvo mi mano aquel caluroso día de verano, hace 20 años? Eso es algo que los tribunales deben determinar.

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