Las mujeres colombianas amenazadas por los ataques con ácido

"Diario mío" de Colombia le dedica su portada a los atques con ácido Derechos de autor de la imagen BBC World Service
Image caption Los ataques con ácido se han vuelto cada vez más frecuentes en Colombia.

"De pronto uno ve que viene ese líquido hacia la cara de uno y piensa que alguien se resbaló, que se cayó, no sé, que a uno lo quieren mojar", cuenta Viviana Hernández.

"Pero uno nunca se imagina que eso le puede pasar".

"Eso" es una agresión con ácido, como la que hace cinco años le costó a esta colombiana de 28 años la pérdida del ojo izquierdo y graves quemaduras en el rostro, el pecho y una mano.

Y este tipo de ataques se ha vuelto preocupantemente frecuente en el país.

En 2010 el Instituto Colombiano de Medicina Legal registró 55 agresiones con ácido y el año pasado 42.

Y según cifras oficiales en lo que va de 2012 ya van más de 20 de estos ataques, aunque el número real probablemente sea mucho mayor.

"Tenemos conocimiento de casos que no han sido denunciados por amenazas, por miedo, por presiones", le dice a BBC Mundo Hernández, quien hace parte de un colectivo de víctimas que lucha contra la situación.

"Sólo en lo que va corrido del año ya van 100 casos. A mí me han contactado varias por las redes sociales. Hay mujeres quemadas con ácido en todos los departamentos del país".

Como Pakistán

Las cifras sugieren que el problema en Colombia ya ha alcanzado un nivel comparable con el de países como Bangladesh o Pakistán, que se cuentan entre los más afectados a nivel mundial.

Según la Asociación de Sobrevivientes al Ácido, en Bangladesh -que tiene una población tres veces y media más grande que la de Colombia- el año pasado se registraron 84 casos.

En Pakistán, por su parte, el número de agresiones anuales se estima en unas 150. Pero la población de este país del sureste asiático es cuatro veces mayor.

Y aunque la violencia contra la mujer no es un fenómeno nuevo en Colombia, los ataques con ácido son considerados una de las más crueles formas de agresión.

"Es que si tú le das una puñalada a alguien es una herida y punto; un tiro, listo; pero la quemadura con ácido marca para toda la vida", explica Hernández.

"No quieren matar a la persona, no. La intención es dañar y dejarla dañado de por vida".

Y al daño físico se le suman además daños psicológicos y económicos, "porque uno queda completamente impedido y nadie lo quiere contratar a uno", le dice a BBC Mundo.

"Y el daño familiar es tremendo. La familia queda totalmente marcada. Mi hermana me dice: 'Vivi, yo no quiero conseguir novio porque me da miedo, uno no sabe con qué tipo de patán se mete'", cuenta esta madre de tres hijos, que culpa a su ex compañero de vida por su agresión.

Impunidad

La situación en Colombia también parece ser mucho más grave que en el resto de América Latina, pero la fundadora del colectivo al que pertenece Viviana está convencida de que las cosas en la región podrían ser mucho peores de lo que se acostumbra pensar.

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Image caption Después de 35 cirugías en 15 años, las secuelas del ataque casi no son visibles en Gina.

"Pienso que esta es una práctica que se realiza yo diría que en todo el mundo. Lo que pasa es que, por lo menos aquí en Colombia, si yo no me paro un día y digo 'está pasando esto, ya no más, vamos a buscar justicia, vamos a hacer tantas cosas', esto estaría allá, escondido", le dice Gina Potes a la BBC.

Y, para ella, la forma en la que los medios de comunicación acostumbran informar sobre este tipo de ataques es en parte responsable por la situación.

"No se preocupan por educar, solo les interesa el amarillismo. Por ejemplo, están diciendo que las mujeres desfiguradas están peleando porque no hay justicia, porque no hay nada, y luego explican que en el centro se consigue el ácido a 2.000 pesos. Como que no hay conciencia a la hora de dar la noticia".

"Y entonces se nota, se ve que cada vez que sale una noticia a los poquitos días hay un ataque".

Un factor tal vez más importante, sin embargo, es la impunidad que cobija a los agresores.

"La cuestión es que siempre se denuncia y no pasa nada", dice Potes, quien fue atacada con ácido hace quince años y que, al igual que Viviana, nunca logró ningún castigo para su agresor.

Y ambas mujeres también hacen notar que bajo la actual legislación colombiana un ataque con ácido es considerado una simple "agresión personal": un delito excarcelable que conlleva una pena máxima de diez años de prisión que pocos condenados llegan a completar.

Unidas

Es por eso el colectivo "No más agresiones con ácidos" actualmente está impulsando una reforma del código penal.

Su trabajo ha empezado a rendir algunos frutos, y el pasado 14 de mayo el congreso colombiano aprobó de forma preliminar un anteproyecto de ley que eleva la pena mínima para este tipo de ataques de dos años y medio a cinco años, y la pena máxima a 14 años de prisión.

Para Potes, sin embargo, ese sigue siendo un castigo insuficiente, lejos de la pena ejemplar que podría hacer que los posibles agresores "la piensen dos veces" antes de desfigurar con ácido a una mujer.

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Además de justicia, la batalla de Potes, Hernández y sus compañeras también es por mejorar la atención médica a las víctimas de quemaduras con ácido y hacer obligatorio el reporte de esas agresiones a las autoridades por parte de los centros hospitalarios -como en el caso de las agresiones por arma de fuego.

Y las mujeres también están exigiendo un apoyo integral del estado que facilite su tratamiento y luego su reinserción en la sociedad.

"Pero hasta el momento no se ha conseguido absolutamente nada, todo son pañitos de agua tibia: que sí, que sí, que sí -obviamente no nos han dicho que no- pero no se ha hecho nada", se queja Hernández.

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Image caption Varias víctimas se han unido para luchar contra este tipo de ataques.

"Veo que esto no avanza, que esto se queda en más reuniones, más reuniones, se está alargando y los resultados los necesitamos ya", dice por su parte Potes, quien fue contratada para intentar hacer avanzar el tema desde la Secretaría de Salud de la Alcaldía de Bogotá.

Y no es que a estas mujeres se las pueda acusar de impacientes.

Después de todo, como explica Potes, su vida ha estado marcada por un tratamiento "largo, doloroso, costoso y muchas veces sin resultados".

"No es algo que tú te haces una cirugía y ya estás bien, sino que te haces una cirugía, tras otra, tras otra; te quitan partes del cuerpo y te dejan marcas que son imborrables para cubrir otras", le dice a BBC Mundo.

"Y cuando te quitan esa parte y te cubren otra y esa otra no funciona entonces son cicatrices que te duelen todavía más".

Se trata sin embargo, tal vez por eso mismo, de mujeres que no se van a rendir fácilmente.

Y eso tal vez le puede dar un poquito de esperanza al resto de mujeres en su situación.

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