Los Juegos Olímpicos que intentaron demostrar la superioridad racial

Última actualización: Miércoles, 18 de julio de 2012
Competencia de arco y flecha con indios americanos

Los miembros de las etnias consideradas "inferiores" competían en desigualdad de condiciones.

Los espectadores de eventos deportivos nunca habían visto atletas tan indisciplinados.

En la carrera de 100 metros, en vez de arrancar al disparo de la pistola, algunos competidores se anticipaban y eran descalificados; otros se asustaban y no salían.

Cuando se acercaban a la línea de llegada, en lugar de romper la cinta en señal de triunfo con el pecho, muchos dudaban o pasaban por debajo.

Para un observador, era evidente que muchos habían ido sólo "por diversión" y no tomaban la competencia "en serio".

Estos no eran unos Juegos Olímpicos cualquiera sino un "experimento científico" con nativos de Asia, África y las Américas que se realizó a mediados de agosto de 1904, dos semanas antes de la inauguración oficial de las Olimpíadas en St. Louis, Missouri.

Los organizadores se enorgullecían al referirse a las llamadas Jornadas Antropológicas como "el primer encuentro atlético del mundo en el cual los salvajes son los únicos participantes".

J.E. Sullivan

J.E. Sullivan usó los resultados de los atletas de los juegos antropológicos para demostrar la supremacía de los países "civilizados".

El observador en cuestión no era imparcial: se trataba del jefe del departamento deportivo del comité organizador olímpico local, James Edward Sullivan, que quería a través del experimento resaltar al "hombre civilizado" y contrarrestar la idea de que los indígenas son "atletas naturales."

"Durante muchos años nos hicieron creer por artículos de prensa y libros que el salvaje promedio tenía pies veloces, extremidades fuertes, precisión con el arco y la flecha y conocimiento para lanzar piedras", lamentaba Sullivan en su informe oficial publicado al año siguiente.

"Hemos oído maravillas de los corredores indígenas, de la resistencia de los negros del sur de África y las habilidades naturales de los salvajes en cuestiones atléticas", proseguía. "Pero los acontecimientos de St. Louis demuestran lo contrario".

Experimento fracasado

Lanzamiento de javalina

La competencia no tenía fines deportivos y fue, de hecho, un estudio científico.

Al igual que en los previos Juegos Olímpicos de 1900, los de St. Louis se realizaron paralelamente a la Feria Mundial.

Para los experimentos, Sullivan trabajó con el director de Antropología de la Feria, William John McGee.

"Lo que me resulta interesante es que aquellos dos hombres pensaran en las Jornadas Antropológicas con seriedad", dijo a la BBC la profesora de Antropología de la Universidad de Missouri en St. Louis, Susan Brownell, editora de un libro sobre esos juegos.

"McGee pensó en las Jornadas como un experimento serio de antropología, mientras que Sullivan trató el evento con seriedad desde el punto de vista del deporte, las mediciones, el registro....", explica.

No es difícil entender por qué la idea no funcionó. Susan Brownell señaló que a Sullivan no le importaba "comparar manzanas con plátanos", contrastando los resultados de los nativos sin entrenamiento con los de atletas bien preparados y seleccionados para representar lo mejor de sus países.

"Los nativos tuvieron dos etapas de competencia, una de pruebas y otra de finales, por tanto no tenían casi nada de experiencia", afirmó.

"Las reglas se explicaban en inglés, que muchos no entendían; no tenían entrenamiento, nunca habían practicado y lo más ridículo era que descalificaban a muchos por salir en falso en modalidades de atletismo", comentó.

Pigmeos se preparan

Los organizadores querían acabar con la creencia de que los llamados 'salvajes' tenían habilidades naturales y una gran resistencia.

"Naturalmente después de todo ese proceso, su desempeño era mucho peor que el de los hombres civilizados".

McGee, un geólogo, etnólogo y antropólogo autodidacta, también trató de observar que los nativos tal vez fueran capaces de obtener mejores resultados en las pruebas si se les permitía practicar más.

Cuenta la antropóloga que McGee llegó a organizar una nueva serie de Juegos en septiembre de aquel año pero los registros del segundo evento nunca aparecieron y nadie sabe lo que ocurrió.

Por su parte, Sullivan estaba en desacuerdo con que la "total falta de habilidad" de los nativos para la práctica del deporte se debiese a la falta de entrenamiento.

"El doctor McGee atribuye esta falta total de capacidad atlética de los salvajes al hecho de que nunca fueron instruidos y cree que si tuviesen un poco de entrenamiento podrían ser tan eficientes como muchos estadounidenses", escribió.

"Este autor no está de acuerdo, ya que las pruebas hechas durante estos días no dan fe de ello. Se demostró fehacientemente que se ha exagerado al hombre salvaje desde el punto de vista deportivo".

Legado

Línea de partida

En las pruebas de carrera, muchos se asustaban con el disparo de salida o salían en falso y eran descalificados.

Sullivan quería que las Jornadas Antropológicas fuesen un experimento "de lo más exitoso e interesante", al cual "los hombres de ciencia" se refiriesen "durante muchos años".

"Académicos e investigadores del futuro, por favor omitan cualquier referencia a las habilidades atléticas naturales de los salvajes a menos que puedan fundamentar sus supuestas cualidades", escribió.

Pero como observa Brownell, "ningún antropólogo de la época publicó estudios al respecto".

"Se deben haber dado cuenta de que se trataba simplemente de ciencia de mala calidad o que no era ciencia y punto", sostiene.

Sin embargo, para la investigadora, aquella experiencia dejó legados positivos y negativos.

Por un lado, las jornadas fueron una especie de "división de aguas" en la antropología estadounidense, empujando a científicos como Franz Boas -considerado el padre de los estudios en su campo- a un enfoque cultural de las diferencias entre las personas, en oposición a la teoría evolutiva de McGee.

Desde el punto de vista deportivo, Brownell lamenta que los "excesos" de la experiencia hayan llevado a las autoridades deportivas europeas a adoptar el camino opuesto tan pronto como las Olimpiadas regresaron al Viejo Continente, en los Juegos Intercalados de Atenas en 1906.

Fue la primera vez que los atletas desfilaron bajo las banderas nacionales, al son de un himno y representando un comité olímpico de su país.

"La noción de la cultura fue empujada hacia afuera del tablero", afirma la investigadora. "Había toda esa diversidad cultural que fue rápidamente eliminada de los Juegos Olímpicos después de eso".

No a los juegos étnicos

Competencia de arco y flecha

La leyenda original de esta foto: "un negrito tirando con arco y flecha" expone el punto de vista racista de los organizadores.

Desde entonces, raramente se han visto en competiciones internacionales, por ejemplo, partidos de fútbol gaélico, deportes germánicos o lacrosse -un deporte nativo americano- en competiciones olímpicas.

Como especialista en deportes chinos, Brownell acompañó a la lucha china para incluir las artes marciales en los Juegos de Pekín sin éxito.

"Hoy en día es simplemente imposible para un deporte identificado con tradiciones culturales o grupos étnicos convertirse en modalidad olímpica", dice.

Para intentar demostrar la supremacía de tal o cual raza a través del deporte, los experimentos fueron un enorme balde de agua cuando el atleta estadounidense negro Jesse Owens jugó en el terreno de Adolfo Hitler -que quería demostrar la supremacía aria- al ganar cuatro medallas de oro en los Juegos de Verano de Berlín en 1936.

"El deporte no es una ciencia", resume Brownell. "Y los seres humanos son demasiado complejos para reducir su desempeño atlético a un solo gen".

Fotos: Almanaque Spalding, ed. James Edward Sullivan, 1905. Cedidas por la Los Angeles 84 Foundation, y Mark Bennitt and Frank Parker Stockbridge, eds. History of the Louisiana Purchase Exposition (St. Louis: Universal Exposition Publishing Company, 1905). Cedidas por la profesora Susan Brownell

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