El conflicto sirio prende en el polvorín de Medio Oriente

Combates Alepo Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Las calles de Alepo, la ciudad más grande de Siria y su capital económica, son escenario de cruentos combates.

Mientras los aviones de combate sirio disparan este miércoles sobre la ciudad más grande del país y su capital económica, Alepo, el conflicto que acumula miles de muertos abre un capítulo de consecuencias impredecibles para la región.

Es la primera vez desde que comenzó el conflicto en 2011 que el gobierno de Bashar Al Asad despliega aviones de combate. De momento no bombardean pero sí disparan sobre varias zonas de la ciudad donde se concentran grupos opositores, detalla el corresponsal de la BBC Ian Pannell.

Los activistas denuncian decenas de muertos y heridos civiles mientras miles de soldados sirios están siendo trasladados desde la frontera con Turquía para unirse a los combates. La arremetida del gobierno ocurre después de que el Ejército Libre Sirio tomará algunas zonas de Alepo.

La intensidad y la incertidumbre de los resultados de los combates, cercanos a la frontera con Turquía, han provocado que Ankara cerrara este miércoles la entrada de sus ciudadanos a Siria. No obstante, las puertas turcas seguirán abiertas para los refugiados sirios.

En este nuevo escenario los expertos ven indicios de uno de los principales temores del conflicto sirio, que se desborde a otros países de la región.

Miedo a las consecuencias

El miedo a lo que podría suceder si Bashar Al Asad es derrocado siempre ha estado en el punto de mira desde que comenzó el conflicto.

El peor escenario es que el régimen, sintiéndose acorralado, haga las veces de Sansón y pulse la tecla para derrumbar el templo sobre él y sus enemigos. En ese escenario, en un acto final de venganza, el gobierno de Al Asad podría destruir el mayor número de adversarios posibles.

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Image caption Turquía cerró sus fronteras con Siria pero todavía permite el ingreso de refugiados sirios.

Siguiendo con esa hipótesis, los efectos de una caída, como la radiación nuclear, permanecerían durante años con decenas de miles de muertos, desplazados y muchas heridas para sanar.

También podría provocar inestabilidad interna y regional y sacudiría las precarias estructuras políticas y sociales de toda la región.

No sólo hay razones recientes sino además históricas que unen el destino de Siria con sus vecinos.

Siria es el corazón de lo que una vez fue conocido como el Levante mediterráneo durante el Imperio Otomano (turco), una vasta región que abarcaba el Líbano, Israel, Jordania, Irak y los territorios palestinos.

Toda la zona ha sido un mosaico de enclaves étnicos y sectarios que ha sido escenario de episodios de violencia por motivos religiosos desde hace mucho tiempo.

El estado-nación es una invención relativamente reciente en esta parte del mundo. Muchas veces las lealtades transfronterizas de etnias y grupos atemorizan a los estados.

El conflicto ya está en el Líbano

El desbordamiento del conflicto sirio en el Líbano, por ejemplo, ya no es una posibilidad teórica.

Más de 20 personas murieron en enfrentamientos violentos a principios de este año entre la minoría alauita (la misma a la que pertenece el presidente Asad) y la mayoría sunita en la ciudad libanesa de Trípoli.

De hecho, es probable que ningún otro país de la región esté sintiendo más los impactos de los acontecimientos en Siria que el Líbano.

El conflicto sirio ha polarizado al país entre los partidarios de los opositores sirios y los amigos del régimen de Asad.

Entre los partidarios del régimen están el grupo chita Hezbolá y su poderosa milicia, cuyo surgimiento y supervivencia han dependido durante décadas de Damasco y sus aliados más lejanos en Irán.

La desaparición del régimen de Asad en Siria no auguraría nada bueno para ninguno de ellos, y nadie puede predecir su respuesta con algún grado de certeza.

Los optimistas creen que Hezbolá no sumiría al país en una guerra civil y se resignará a la reinvención de sí mismo como un jugador que defiende los intereses nacionales chiítas en el Líbano, en lugar de tratar de enseñar su musculatura en la región.

Ninguna otra estructura política de la región ha atado tanto su destino y su futuro a una red de actores no estatales como el régimen de Asad.

Estos incluyen los fundamentalistas chitas de Hezbolá en el Líbano, los militantes palestinos en Gaza y Cisjordania, los separatistas kurdos de Turquía y los yihadistas sunitas en Irak.

Durante décadas Damasco se ha sustentado en esos aliados para conservar su supremacía geopolítica y su supervivencia.

Irak es otro ejemplo. Algunos analistas señalan una posible relación entre los acontecimientos en Siria y el repentino aumento de la violencia en Irak.

Es posible que los militantes sunitas de Irak simplemente se hayan sentido animados a desafiar al gobierno dominado por los chitas en Bagdad, pero no es descabellada la posibilidad de que Damasco, una vez más, esté tirando de las cuerdas.

Alianzas cambiantes

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Image caption El conflicto sirio amenaza con extenderse a otros países de la región.

Hace seis años, en el punto álgido de la insurgencia sunita en Irak, se cree que Siria acogió a sus líderes y permitió que su territorio fuera utilizado para organizar ataques coordinados contra soldados de EE.UU. estacionados en territorio iraquí.

Exportar el caos a sus vecinos para salvar su propio pellejo es una táctica utilizada antes por la familia Asad.

Ya se ha dicho que Siria se está convirtiendo rápidamente en un campo de batalla de la lucha por la hegemonía regional entre el Irán chita y los poderosos estados árabes sunitas, encabezados por Arabia Saudita, que proporcionan dinero y armas a los opositores sirios.

Sin embargo, no se debe exagerar la dimensión estrictamente sectaria en una región conocida por alianzas que muchas veces tienen tintes religiosos.

El Líbano y Siria son el mejor ejemplo de que, cuando chitas y cristianos se han encontrado en el mismo lado de la trinchera (así como los sunitas seculares nacionalistas), se han unido contra los sunitas fundamentalistas.

No obstante, el número de actores y alianzas cambiantes provoca que predecir el futuro de Siria y de la región será un arte difícil.

Igualmente preocupante para los vecinos de Siria y el mundo en general, es lo que puede suceder con sus reservas de armas químicas.

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