"Invasión" aérea con osos de peluche le cuesta el puesto a militares de Bielorrusia

Última actualización: Jueves, 2 de agosto de 2012

Los osos de peluche lanzados contenían mensajes a favor de la libertad de expresión.

El presidente de Bielorrusia despidió a sus jefes de las fuerzas aéreas y de seguridad después de que una avioneta consiguiese entrar en el espacio aéreo del país y lanzase ositos de peluche con mensajes a favor de la libertad.

El presidente Alexander Lukashenko se mostró indignado por el incidente, que a pesar de que ocurrió el pasado 4 de julio no fue recogido por los medios locales hasta la semana pasada.

Lukashenko, quien tuvo que enfrentarse a acusaciones de abusos en su re-elección en 2010, ha tomado duras medidas contra varios de sus oponentes políticos, a quienes acusa de negligencia en el incidente.

Un comunicado oficial de la oficina del presidente señaló el pasado martes que el director de Fronteras del Estado, Mayor General Igor Rachovsky, y el comandante de la defensa aérea fueron destituidos por no cumplir con su deber en el cargo.

El avión, fletado por una firma de relaciones públicas sueca llamada Studio Total, lanzó cientos de ositos de peluche cerca de la localidad de Ivenets y en las afueras de la capital, Minsk. El aparato entró en espacio aéreo bielorruso desde Lituania.

Los osos llevaban paracaídas y etiquetas demandando libertad de expresión y derechos humanos.

Arresto

La policía del país arrestó a dos ciudadanos bielorrusos acusados de ayudar a los que llevaron a cabo el montaje, el estudiante de periodismo Anton Suryapin y Sergei Basharimov, un agente inmobiliario.

De ser declarados culpables los bielorrusos podrían enfrentarse a penas de hasta siete años de cárcel.

En una reunión con altos cargos militares la semana pasada el presidente Lukashenko preguntó enojado por qué nadie había sido capaz de interceptar el aparato.

"¿Con quiénes simpatiza esta gente? ¿Fue un error garrafal de funcionarios concretos o un fallo en nuestro sistema de defensa del espacio aéreo?", cuestionó el presidente.

Una reportera del servicio ruso de la BBC en Minsk, Tatyana Melnichuk, afirmó que ha habido un intenso debate en torno al estado de las fuerzas aéreas en el país tanto en los medios locales como en la prensa rusa.

El presidente bielorruso Lukashenko ha conservado muchos símbolos de la era soviética.

Hasta la semana pasada la prensa bielorrusa se refería al "inventado" incidente del avión sueco.

Analistas afirman que la furia del presidente fue alimentada por la indignación de Moscú, ya que los rusos cooperaron en la construcción de las defensas anti-aéreas del país.

Esta no es la primera vez que las defensas aéreas de la antigua esfera soviética fallan. El episodio más famoso ocurrió quizás en 1987, cuando un joven alemán de menos de 20 años pudo burlar uno de los sistemas defensivos más sofisticados del mundo.

Ecos del final de la guerra fría

Hace poco más de 25 años Mathias Rust, un joven alemán de entonces 19 años de edad, fue protagonista de un episodio parecido, aunque de consecuencias más graves.

Frustrado por la reunión de los entonces líderes estadounidenses y soviético Ronald Reagan y Mijail Gorbachov en 1986, en la que no consiguieron avances en cuanto al desarme, Rust, un piloto amateur con tan solo 50 horas de vuelo a sus espaldas, decidió hacer algo al respecto.

El 13 de mayo de 1987 despegó de su localidad natal, cerca de Hamburgo, en una avioneta alquilada Cessna 172 y puso rumbo a Islandia.

Tras sobrevolar las islas Faroe y cruzar el atlántico norte aterrizó en Reykjavik y permaneció una semana en el país. El viaje, como posteriormente explicaría, tenía el objetivo de probar sus habilidades como piloto.

Rust dejó Islandia con rumbo a Finlandia, donde paró a repostar en el aeropuerto de Helsinki-Malmi. El 28 de mayo despegó del aeropuerto finlandés tras informar al control aéreo de que se dirigía a Estocolmo, aunque poco después de elevarse en el aire puso rumbo al este.

El alemán Mathias Rust consiguió aterrizar una aeronave ligera a 100 metros de la Plaza Roja en 1987, en plena Guerra Fría.

Los controladores finlandeses trataron de alertarlo a medida que se aproximaba a la congestionada ruta Helsinki-Moscú, pero Rust cortó toda comunicación y durante las horas siguientes fue identificado e incluso perseguido por aeronaves rusas, que no consiguieron autorización para abrir fuego y derribar la avioneta.

El alemán fue confundido posteriormente con un aparato "amigo" soviético, y tras ser ignorado consiguió aterrizar a tan solo 100 metros de la Plaza Roja en pleno centro de Moscú.

Rust contaría más tarde que su objetivo era el Kremlin, pero que a último momento decidió que si aterrizaba allí los rusos lo habrían simplemente detenido y habrían negado que el viaje hubiese siquiera ocurrido.

Pocas horas después del aterrizaje, que atrajo a multitud de curiosos, el piloto fue detenido por las autoridades soviéticas y condenado a 4 años de prisión, de los cuales cumplió 14 meses en una cárcel de Moscú.

En una entrevista posterior a un medio danés, Rust afirmó que su objetivo era llamar la atención sobre una situación que creía absurda, y acercar al oeste del mundo con el este.

A pesar de que el viaje no tuvo consecuencias directas, sí que dio a Gorbachov una excusa para deshacerse de más de 200 oficiales del ejército que estaban en su contra, acelerando así sus reformas y la llegada del fin de la Guerra Fría.

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