El fútbol americano, ¿demasiado violento?

  • 23 septiembre 2012
Jugadores de fútbol americano
Image caption La violencia actual no solo es más impresionante, sino que también tiene muchas más consecuencias a largo plazo.

A algunos aficionados les preocupa que la Liga Nacional de Fútbol (NFL, por sus siglas en inglés) sea demasiado brutal para poder ser disfrutada. ¿Aún hay tiempo para cambiar esta tendencia en el deporte? ¿Es posible?

Charlie Camosy es un gran admirador del fútbol americano.

Para él, se trata de una "excelente combinación de fuerza bruta, con combate de gladiadores y la más complicada partida de ajedrez jamás imaginada", dice, destacando que ésta es una de sus épocas favoritas del año porque la temporada de fútbol vuelve a comenzar.

Pero Camosy también es profesor de ética cristiana en la Universidad de Fordham en Nueva York. Y este año, asegura sentirse cada vez más conflictuado por ver el deporte que ama, sabiendo que puede ser muy peligroso.

"Aunque estoy emocionado por el comienzo de temporada, debemos ser honestos acerca de que el fútbol es un deporte violento. Además, mucho de lo que a la gente le gusta, incluyéndome, es precisamente eso: la violencia. Y no se trata de un concepto abstracto, sino de vidas que están resultando tremendamente afectadas", explica.

El juego siempre ha sido así. Cuando comenzó a practicarse, el presidente Theodore Roosevelt amenazó con poner fin a los partidos universitarios si los jóvenes de la Universidad de Harvard, Princeton y Yale no dejaban de morir en el campo.

Uno de los encuentros más memorables de la NFL se llevó a cabo en 1985 entre los Pieles rojas de Washington y los Gigantes de Nueva York.

Cuando el jugador de los Gigantes, Lawrence Taylor, abordó al mariscal de campo Joe Theisman con tal fuerza que la pierna de este último se quebró en dos: el hueso y la sangre se vieron en el campo.

Fuerza

"La violencia en el fútbol no es nueva, en lo absoluto", señala Frank Deford, comentarista de la National Public Radio (NPR) y autor de "El paso del tiempo: Mi vida como periodista deportivo". En el pasado, la violencia ha ido y venido de acuerdo a los cambios en las reglas que han intentado limitar el daño. "Ahora se ha disparado de nuevo a su punto máximo".

La violencia actual no solo es más impresionante, sino que también tiene muchas más consecuencias a largo plazo.

"Ahora tenemos una mejor idea de cómo termina la historia", dice Will Leitch, editor colaborador de la revista New York, quien ha sido fanático del fútbol toda su vida.

Leitch escribió un artículo a principios de este mes titulado "¿Es malo el fútbol?", en el que hace eco de las recientes entradas de blog realizadas por escritores como Ta Nehesi Coates y Andrew Sullivan.

En cada caso, los argumentos son similares: los golpes son cada vez más fuertes y la evidencia que tenemos sobre el impacto a largo plazo en el cerebro de jugador es cada vez más difícil de ignorar.

"Estamos creando, en esencia, misiles humanos que se golpean entre sí de la manera más dramática. Son personas que pesan 136 kilogramos y corren 40 yardas en 4,6 segundos", dice Camosy. "Este tipo de fuerza no ha existido nunca antes".

La evidencia muestra que los daños causados por conmociones cerebrales repetidas pueden tener consecuencias perdurables en la salud de los jugadores de fútbol americano. Estos hombres son más propensos a morir debido a enfermedades causadas por las células cerebrales dañadas, como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) o el Alzheimer, según revela un nuevo estudio publicado en la revista Neurology.

Los médicos sospechan que los repetidos traumas en la cabeza pueden provocar enfermedades mentales e incluso el suicidio (en el pasado, ya habido una ola de suicidios entre jugadores de la NFL).

Poco antes de suicidarse el año pasado, Dave Duerson, exjugador de los Osos de Chicago, envió un mensaje de texto a su familia pidiendo que su cerebro fuese donado a una institución que investiga las lesiones futbolísticas.

"Fue uno de mis jugadores favoritos", dice Leitch. "La idea de imaginarlo destruido al final de su vida, buscando una manera apropiada de suicidarse para que luego su cerebro pidiese ser preservado, hace que sea difícil estar viendo un partido y emocionarse con los golpes".

Sin embargo, los juegos continúan atrayendo a muchos amantes del fútbol.

La responsabilidad

Image caption Junior Seau se suicidó en 2012. Su muerte desató el debate acerca de la seguridad de los jugadores.

El primer partido de la temporada 2012-2013 atrajo a casi 25 millones de estadounidenses para disfrutar viendo a los Broncos de Denver derrotar a los Acereros de Pittsburgh. Según TVLine.com, esa cifra representa un aumento del 7% respecto al año pasado y es la mejor sintonía que ha tenido un partido de la temporada regular de fútbol en 14 años.

Por su parte, la NFL está haciendo lo que puede para detener el daño causado por el deporte. Recientemente, la liga donó U$30 millones a los Institutos Nacionales de Salud que estudian las lesiones cerebrales.

"Nuestro compromiso es seguir presionando y convertirnos en líderes de la investigación sobre salud y seguridad", dice Clare Graff, directora de comunicaciones corporativas de la NFL. Según ella, las lesiones en la cabeza son también un tema de preocupación para otros deportes, no sólo el fútbol americano.

La NFL está al mismo tiempo revisando las normas para tratar de limitar el daño a largo plazo a los jugadores, y lo hace a sabiendas de que sus normas y reglamentos de seguridad son a menudo adoptados por programas para la juventud y la universidad.

"Queremos marcar la pauta y nos tomamos esa responsabilidad seriamente", dice ella.

El hecho de que el juego pueda ser seguro para todos, y no solo para los profesionales, puede ser lo que finalmente determine el destino del fútbol americano.

"Lo que estamos escuchando por primera vez es que hay padres que no quieren ver a su hijo jugar fútbol", dice Deford.

"No creo que hayamos llegado al punto de oír a nadie decir que preferiría no ir a un partido profesional".

Eso es algo que tanto Leitch como Camosy entienden bien. Ambos verán la temporada de fútbol de este año a pesar de sus reservas.

"Voy a ver el fútbol este año, pero con un sentimiento de tristeza... un creciente sentimiento de tristeza", concluye Camosy.

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