La brecha educativa: una amenaza para el auge económico de Brasil

  • 29 septiembre 2012
Educación en Brasil
Image caption Brasil tiene la sexta economía más grande del mundo, pero su sistema educativo ocupa el puesto 53.

Comienza el día para los estudiantes de la escuela pública Wilma Flor en un suburbio del este de Sao Paulo. Sólo que no son las 8:00 am, ni siquiera las 9:00. Es la 1:00 pm.

Wilma Flor opera tres turnos. El primer grupo de alumnos acude a la escuela en la mañana, el siguiente en la tarde y el último turno no empieza hasta las 7:00 pm.

En los últimos 20 años, Brasil ha hecho un trabajo impresionante para tener más alumnos en el sistema educativo. Muchos de los niños en Wilma Flor son los primeros en sus familias en culminar la escuela secundaria. Algunos tienen padres que ni siquiera terminaron la escuela primaria.

Esa es la buena noticia en la historia de la educación brasileña. He aquí la mala.

Brasil es ahora la sexta economía más grande del mundo, pero sus niveles de educación están muy por debajo. En un estudio internacional de los sistemas educativos, PISA, quedó en el puesto 53.

Esto constituye una amenaza que podría mantenerlo rezagado.

Voluntad política

Nadie discute aquí que estas cifras deben cambiar, y pronto. El reciente auge económico de Brasil ha dependido en gran medida de la exportación de sus vastos recursos naturales a otras economías en expansión.

Como un economista brasileño me sugirió, la rápida expansión de este país puede ser explicada en una sola palabra: China.

Image caption El país tiene interés por importar profesionales técnicos, particularmente de la industria petroquímica.

Pero si Brasil quiere ir más allá de ser un simple proveedor de materias primas, o si el crecimiento de China se desacelera y disminuye la demanda de recursos brasileños, ¿entonces qué?

Dicho de forma simple: si Brasil quiere desarrollarse de una economía emergente a una economía ya emergida, tendrá que hacer un mejor trabajo en la educación de su población.

Mejorar la educación toma tiempo, tiempo que no sobra en este país. Hacer frente a los intereses creados de administradores, sindicatos de maestros y burócratas es una de las cosas más difíciles, desde un punto de vista político, que cualquier país puede hacer. Véanse las peleas que EE.UU. ha librado por el logro de las pruebas estandarizadas.

Priscilla Cruz, activista por la reforma educativa de Todos por la Educación, resume el desafío de la siguiente manera: "El tema político es que los maestros son votantes, y en Brasil hay dos millones de ellos que pueden decidir las elecciones, por lo que es muy difícil hacer cambios".

Un cambio que rechazan los sindicatos de profesores sería el de hacer más fácil el deshacerse de los maestros que no lo hagan bien.

En Brasil, los profesores pueden hacerse permanentes después de sólo tres años de trabajo, y una vez que lo logran, no pueden ser despedidos.

Fuera de la escuela Wilma Flor encontramos maestros que claramente quieren hacer lo mejor, pero no progresan, irónicamente, por falta de conocimientos.

Regilene Cunha tenía nula experiencia práctica cuando entró en el aula por primera vez como maestra. Tenía la calificación universitaria para ser una maestra, pero todo era teoría académica, sin manos en la práctica.

Era, admite, una experiencia aterradora: "Me sentí insegura y temerosa. Lo mismo que los nuevos maestros ahora".

Importando de Europa

Si las escuelas y universidades de Brasil no pueden proporcionar la mano de obra calificada para satisfacer sus necesidades económicas, entonces las empresas brasileñas buscarán mano de obra en otros lugares.

El gobierno está estudiando las formas de reducir las restricciones inmigratorias para facilitar que los profesionales técnicos, particularmente aquellos con experiencia en la industria petroquímica, puedan venir y trabajar en Brasil.

Las empresas brasileñas están al tanto de que la recesión en Europa significa que personas altamente educadas están dispuestas a atravesar el Atlántico por un trabajo.

Joao Nunes llegó a Sao Paulo hace un año desde Portugal. Él es un ingeniero que trabaja para una compañía cazatalentos.

"Cuando se habla de ingenieros, Brasil tiene una fuerte demanda de profesionales técnicos para hacerle frente al crecimiento del país", dice.

Sin embargo, admite que es una solución de corto plazo para el problema de Brasil.

A largo plazo, el país no puede depender de los ingenieros de Lisboa para compensar su escasez de mano de obra. Ésta tendrá que ser desarrollada en casa.

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