Deporte urbano de alto riesgo para ayudar a jóvenes en problemas

Parkour

¿Cómo ayudar y apoyar a los jóvenes descarriados? La Iglesia Ortodoxa Rusa encontró la respuesta en un arriesgado deporte urbano conocido como Parkour.

Un joven se lanza por una escalera y parece flotar en el aire a tres pisos de altura.

Luego, en silencio, salta sobre la baranda y cae de pie.

Evgeny Krynin es uno de los artistas más reconocidos del Parkour en San Petersburgo, que también se conoce como el arte del desplazamiento: un deporte urbano que mezcla la acrobacia con el atletismo y consiste en desplazarse de un punto a otro de la manera más eficaz posible.

Aunque el Parkour se practicó por primera vez en Francia en la década de los 90, Krynin asegura que el verdadero hogar de este deporte extremo -que exige a los participantes a saltar, trepar y correr- es Rusia.

"Se adapta a nuestra psique nacional. A nuestro apetito por el riesgo y a nuestro amor por la velocidad. Supongo que estamos locos", dice en declaraciones a la BBC.

Perseverancia

Al igual que Georges Hébert, el oficial de la marina francesa precursor del Parkour en el siglo XIX, Krynin cree que la habilidad atlética y la valentía deben combinarse con altruismo.

Por ello durante los últimos tres años, ha estado dando cursos de formación en orfanatos y prisiones, y también en un centro residencial para adolescentes que se encuentran en libertad condicional.

"La mayoría de estos niños han estado bebiendo, inhalando pegamento y usando otras drogas durante años", señala Krynin.

"Comenzamos con ejercicios para mejorar su fuerza y flexibilidad antes de intentar algo más complicado".

El Centro de Adaptación San Basilio, en la isla Vasilievsky de San Petersburgo, cuenta con un equipo de asesores y terapeutas para ayudar a los niños a enfrentar sus problemas.

Para Krynin, el Parkour es en sí mismo terapéutico.

"Muchos de ellos han sido expulsados de la escuela. Como consecuencia, tienen pocas aspiraciones y una gran cantidad de ira en su interior. Pero para perfeccionar un movimiento difícil hace falta estar tranquilo y concentrado", dice.

"Cuando tienen éxito, se sienten orgullosos y eso les enseña que todos los obstáculos pueden superarse con perseverancia".

Krynin, de 26 años, que viste jeans y una sudadera con capucha, muestra un costado poco conocido de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Aquellos de línea dura critican a la iglesia por supuestamente "consentir" a los adolescentes de San Basilio. Ellos preferirían verlos cumplir largas condenas de prisión antes que practicando Parkour.

Reintegrar a los jóvenes

Juliana Nikitina, la mujer que fundó el centro en 2004, cierra los ojos al escuchar ese tipo de comentarios.

"Yo les digo a esas personas que podríamos envenenar a estos niños o encerrarlos de por vida. ¿Es eso realmente lo que quieren? Si no es así, debemos trabajar con ellos para lograr reintegrarlos a la sociedad".

Tras visitar Dinamarca y otras partes de Europa para observar las diferentes políticas de justicia para menores, Nikitina está convencida de que los pequeños grupos residenciales producen los mejores resultados y reducen las tasas de reincidencia.

"Cuando los chicos llegan, dicen que la iglesia es sólo para las abuelitas y los perdedores, pero por lo general cambian de opinión", dice Nikitina.

"Y en realidad nuestros niños no son tan malos", añade.

"El personal del Museo de San Petersburgo me dijo que nuestros muchachos se portan mucho mejor que los alumnos de algunas escuelas privadas de élite que acuden a realizar visitas guiadas".

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