Cómo Ikea ha cambiado nuestro hogar

  • 31 octubre 2012
Personal de una tienda de Ikea

Hace 69 años se fundó en Suecia un negocio llamado Ikea, que con el tiempo se especializó en la venta de muebles para ensamblar en casa.

Gracias a su éxito, en 1963 inauguró su primera tienda en otro país, en este caso la vecina Noruega. Después se fue expandiendo dentro de Suecia y Dinamarca, y llegó a Suiza y Alemania.

No contentos con el mercado europeo, se abrieron tiendas en Japón, Australia, Canadá y Singapur.

El mundo hispano fue testigo de la expansión de Ikea: España vio nacer su primera sucursal en las Canarias y luego en Cataluña; ya son 17 y se esperan más.

Siguieron abriendo en Francia, Bélgica, Estados Unidos, Reino Unido, Italia, China, Israel y Rusia.

Hasta ahora la única tienda en América Latina está en República Dominicana. Muchos latinos residentes en EE.UU. están familiarizados con la cadena.

La vida ha cambiado para muchos clientes de Ikea en todo el mundo.

Se han acostumbrado a nombres suecos: Billy, Malm y Hemnes vienen en chapa de abedul y roble, negro, marrón y blanco. No tan conocidos son Odda, Lack, Konsmo y Fjellse.

Casas parecidas

Donde hay Ikea, hay muchas casas amobladas a su estilo.

En Reino Unido se han vendido ocho millones de muebles biblioteca Billy, una de cada cinco personas duerme en un colchón de Ikea y se calcula que uno de cada diez bebés fue concebido en sus camas.

Es desconcertante entrar a la casa de un amigo, que te sirva un vaso del mismo estilo del que tienes en casa, te sientes en el mismo sofá y pongas el vaso en la misma mesa de centro.

Ves el mismo afiche y de la misma biblioteca sacas uno de los libros de la trilogía "Millennium", de Stieg Larsson.

Muchas casas son instantáneamente reconocibles del catálogo de Ikea.

En todo el mundo, se vende una biblioteca Billy cada 10 segundos.

Esa uniformidad tiene partidarios y detractores.

Rito de iniciación

Deténgase un momento mientras prueba esa silla giratoria y examine el panorama de Ikea.

Parejas de veinteañeros a punto de mudarse juntos, tomados de las manos y mirándose a los ojos mientras prueban las camas dobles... futuros padres estudian intensamente productos para bebés... un divorciado contempla la vida sin más que una tetera o una cucharita... grupos de estudiantes juguetean con velas, copas, alfombras y cuadros.

Se ha convertido en un cliché: cuando cambian sus circunstancias, la gente fluye hacia Ikea. Y compra un cojín.

Es común ver los enormes almacenes, azul y amarillo, en parques comerciales fuera de la ciudad.

Johan Stenebo, autor del libro "La verdad sobre Ikea" y exasistente del fundador, Ingvar Kamprad, explica que la compañía tuvo que luchar con las leyes británicas de planificación de zonas.

Diseño sueco

Ikea tiene líneas suaves, sin pretensiones.

La gama es enorme. El despliegue es lógico y muy escandinavo: amplio y luminoso, con un aroma de abedul. Es una fuerza para el bien, dice el diseñador Wayne Hemingway.

Aunque su casa está llena de productos de Ikea, "cada rincón de nuestra cocina luce asombrosamente hecho a la medida, pero todo es Ikea con diferentes cosas añadidas", dice.

Pero la consultora inmobiliaria británica Kirstie Allsopp detesta Ikea, porque -según dice- la gente se deshace de buenos muebles por novedades que llegan de China.

"Me encanta el diseño sueco bueno, pero no este. Es una porquería de cartón". Y las camas son de distintas medidas, para obligarte a comprar sábanas y fundas.

Perdidos

Ubicarse dentro de la tienda al principio parece un camino abierto. Las posibilidades son interminables al ir de un ambiente a otro.

Dormirás mejor, vendrán amigos a cenar y no habrá más desorden. Pero tu paciencia dura 45 minutos.

Te atormenta la duda y te sientes derrotado. ¿Será mejor el Malm o el Anebode? ¿Entrará la mesita de noche? De pronto ya no importa. Simplemente tienes que irte. Pero no será rápido.

Pareces un ratón de laboratorio, perdido en un laberinto. Sueles salir con algo, aunque sea una escobilla para inodoro o una extensión. Stenebo dice que el camino está cuidadosamente diseñado.

"Cada 10 o 15 metros hay una pequeña curva que te hace desviar la vista hacia los productos. Hay recipientes en toda la tienda llenos de escobillas o velas".

Albóndigas

Image caption Ikea ha puesto de moda la gastronomía sueca.

En los cafés hay albóndigas baratas, pastel de almendras y café aguado.

Los sabores suecos han desarrollado un extraño culto, pese al ambiente de cafetería escolar del restaurante.

La compañía dice haber servido 11.600 millones de albóndigas y 1.200 millones de salchichas sólo en Reino Unido.

Stenebo comenta que este aspecto siempre fue considerado por Kamprad.

"Él pensaba que los hambrientos no son buenos clientes". Por eso, el café está entre la sala de exhibición y el mercado.

Ensamblaje

Ikea llevó a las masas la idea del ensamblaje en casa. Uno observa los productos en la sala de exhibición, anota el número del modelo y los recoge del almacén en cajas para ensamblar.

"Es como un juego: trepas entre madera y tornillos en tus manos y rodillas... si no te haces daño, tienes un estante", dice un bloguero.

Se ha ridiculizado al ensamblaje, pero permite reducir inmensamente los costos del transporte, dice Hemingway. "Nos reímos de cuánto lo odiamos, pero es la mejor manera".

Contrariamente a su reputación, las instrucciones de ensamblaje son asombrosamente exactas. Si no queda bien, es por error humano. Después, a deshacerse de la montaña de cartón.

Muebles baratos

La firma continúa su tendencia a la democratización del buen diseño que la cadena Habitat inició en la década de 1960, con algunos precios bajísimos.

Lámparas, edredones, frazadas, almohadones y vasos se consiguen por poco dinero.

"Ikea es el campeón mundial en ofrecer valor", afirma Stenebo. Es la principal razón de su éxito, concuerda Hemingway, aunque Allsopp piensa que el servicio al cliente es malo y la consideración ecológica también.

El deseo del público por Ikea puede causar problemas. Durante la inauguración de una tienda en 2007, hubo gente pisoteada, refriegas y un apuñalado, presuntamente por intentar llevarse un sofá rebajado.

La lentitud para comprar en línea exacerba las multitudes, señala Stenebo. No tiene su gama completa en internet. Simplemente hay tiendas con demasiada gente.

Marca omnipresente

Como el arenque en escabeche o la música de Abba, Ikea divide a la gente en tribus de amor y odio. Para algunos, Ikea es más que una mueblería exitosa. Es un estilo de vida esperanzador, escandinavo, del que nos podemos apropiar.

La firma está diseñando un vecindario del este de Londres. Los subproductos de Ikea -desde lapicitos, cintas métricas y bolsas azul brillante- están en todas partes. Una pareja de Maryland, EE.UU., se casó este año en Ikea, sirviendo albóndigas a los invitados.

La otra cara del argumento es que se trata de un negocio que brinda algo que nadie más ofrece. Hemingway dice que, al no tener competidores a esa escala, "los demás lo están haciendo mal o nadie cree que lo puede hacer mejor".

Contenido relacionado

Vínculos

El contenido de las páginas externas no es responsabilidad de la BBC.