El centro de poder de Europa se desplaza hacia el Este

  • 19 diciembre 2012
Cementerio Powazki
Image caption En el cementerio militar de Powazki están enterrados muertos de la Segunda Guerra Mundial.

Hace cuarenta años, Europa estaba siendo moldeada por aquellos que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial en el frente occidental.

En la actualidad, está siendo liderada por aquellos que vivieron la brutalidad del frente oriental y sobrellevaron 40 años de comunismo.

Cuando 10 países excomunistas de Europa Oriental presentaron su solicitud para ingresar en la Unión Europea, Reino Unido reaccionó con un entusiasmo inicial.

Los conservadores Margaret Thatcher y John Major creían que la expansión de Europa evitaría su profundización, que ayudaría a poner un freno a lo que consideraban el creciente poder de Bruselas y la erosión de la soberanía de las naciones de Europa.

No ha sido así.

"Thatcher crecía que la gente que escapó del Imperio Soviético, del Pacto de Varsovia, no querría ponerse bajo el mandato de una fuerte autoridad central otra vez, en este caso Bruselas en lugar de Moscú", dice Lord Kerr, exembajador de Reino Unido ante la Unión Europea.

"Así que creía que la llegada de europeos del Este haría que la Unión Europea fuera más confederal que federal, que sería una Europa formada por orgullosos estados independientes y libres. Esa era su visión. Estaba claramente equivocada. Cuanto más grande se hizo, más se profundizó", sostiene.

La UE como liberadora

Los polacos y otros no creían que Bruselas se pareciera en nada a Moscú o que la Comisión Europea fuera remotamente comparable al Politburó soviético.

"Para nosotros, ingresar en la UE era la confirmación institucional definitiva de que éramos un país europeo más", explica el ministro de Relaciones Exteriores de Polonia, Radoslaw Sikorski.

"Este es un estatus que se nos había negado por parte de dos poderes totalitarios: la Rusia soviética y la Alemania nazi.

"Para nosotros, la Segunda Guerra Mundial con sus consecuencias políticas sólo terminó, en cierto sentido, en 1989 cuando tuvimos nuestras primeras elecciones libres; y, real y verdaderamente, sólo después de ingresar en la Organización del Tratado del Atlántico Norte y la UE", agrega.

La Unión Europea, considerada por muchos en Reino Unido como poco democrática, burocrática y pesada, es vista por muchos polacos como una fuerza liberadora, una manera de encajar en una familia de naciones segura y democrática y, finalmente, después de siglos, hacer que Polonia fuera libre y estuviera segura en Europa.

La ciudad de Wroclaw en Polonia Occidental está en el corazón de esta identidad europea redescubierta. La inversión alemana ha fluido hacia esta joven y vibrante ciudad, especialmente en el sector al alza de la informática y las telecomunicaciones.

Image caption Muchos polacos consideraron una liberación ingresar en la Unión Europea.

Pero en Wroclaw, al igual que en el resto de Polonia, la historia te tiende una emboscada. Hay una calle en el centro de la ciudad donde la vieja pintura se está cayendo de las paredes de un bloque de apartamentos. Debajo se pueden adivinar símbolos de fachadas de tiendas antiguas. Y no están en polaco, sino en alemán.

Y es que Wroclaw hasta 1945 no era polaca en absoluto. Era la ciudad alemana de Breslau. Cerca de 500.000 personas fueron desarraigadas de aquí y restablecidas en una Alemania posbélica reducida y humillada.

Medio millón de polacos, desarraigados de tierras ocupadas por la Unión Soviética, llegaron a Wroclaw y se establecieron en las casas vacías que los alemanes habían dejado atrás.

Esto es donde actualmente reside el centro de gravedad de Europa. Se ha desplazado radicalmente hacia el Este. En las tempranas décadas del proyecto europeo, era un asunto muy de Europa Occidental, centrado en el eje entre París y la pequeña capital de Alemania Occidental, Bonn, cerca de la frontera belga.

"Actualmente, cuando el gobierno polaco quiere saber algo sobre Europa… no van a París, sino a Berlín", señala Joachim Bitterlich, quien fuera consejero de asuntos exteriores del excanciller alemán Helmut Kohl.

"Es una posición difícil para los alemanes porque desde 1989-1990 tuvieron que aprender algo de lo que se habían olvidado completamente: responsabilidad y liderazgo".

Vaya a Wroclaw y verá en un instante que, cada vez más, Europa está siendo rediseñada por aquellos que, incluyendo los alemanes, sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial en el mucho más brutal frente oriental, y después sobrevivieron a 40 años de la tiranía soviética.

En los años 80, Radoslaw Sikorski pasó años en el exilio en Reino Unido y fue casi coetáneo del primer ministro británico David Cameron en Oxford. Es un anglófilo amigable y encantador que, según me dice, se despierta escuchando a la BBC cada mañana en su casa de Varsovia.

Es un político firmemente situado en el centro-derecha y encajaría cómodamente en el Partido Conservador británico en cualquier asunto, excepto en lo referente a Europa.

En ese tema, la dolorosa historia de Polonia le ha dado forma, y las voces de generaciones que lo han antecedido hablan a través de él.

La de Sikorski es una voz cada vez más poderosa en Europa.

Image caption En algunas casas de Wroclaw quedan restos del pasado alemán.

El destino de Europa Central

Hace un año, fue a Berlín y ofreció un discurso en el que pedía que Alemania tomara las riendas de Europa, defendiendo activamente una Unión Europea más disciplinada y centralizada, no como una forma de socavar la soberanía nacional sino de sostener de forma más segura la libertad en Europa.

"El problema de la actual crisis en la eurozona es que los tratados no se cumplieron, que se rompieron las reglas cuando su obediencia dependía sólo de la buena voluntad de los estados miembros, y por supuesto eso incluye a los más grandes también", subraya.

"Por tanto, para hacer que la UE funcione, necesitamos reglas más estrictas".

Reglas más estrictas: no es lo que los británicos esperaban de sus nuevos socios en el Este.

Reino Unido está moldeado por una historia muy diferente. Fue casi el único país en Europa que no sufrió la humillación de una derrota militar y una ocupación extranjera. No buscó pertenecer a la comunidad europea para asegurar su democracia o protegerla de antiguos enemigos.

Pero la creencia de que la integración europea ha rescatado a las naciones del continente de sus abominables historias es poderosa y firme en Europa Central. Y es una creencia compartida por alemanes y polacos.

En ambos países, la historia es la invitada invisible en cada mesa de conferencias; en ambos países, los muertos de pasados conflictos reaparecen para hablar a través de las voces de los vivos.

Normalmente, los centroeuropeos no sólo sienten que han entrado en la Unión Europea, sienten que han cumplido un destino interrumpido por la guerra. Es un sentimiento del que la juventud se hace eco.

En Wroclaw, conocí a Mateusz Koracki, de 26 años. Le encanta cada calle de esta encantadora vieja ciudad, cada ladrillo y piedra tallada que hay en ella, y gestiona un negocio de visitas turísticas guiadas.

"Pertenezco a la primera generación de polacos que no ha tenido que luchar por la libertad", me dice.

"Eso es lo que una Unión Europea fuerte nos ha dado. No queremos estropear las cosas esta vez".

Contenido relacionado