¿Cómo vuelan los aviones boca arriba?

Cada semana, la revista BBC Focus resuelve algunas dudas de sus lectores. A continuación, una selección de respuestas para curiosos.

¿Cómo hacen los aviones para volar boca arriba?

Image caption Para que una avión vuele panza arriba hace falta que sus alas tengan cierta inclinación.

Casi 100 años después de que los hermanos Wright pilotaran por primera vez un avión, a los físicos aún les cuesta dar una explicación simple de cómo los aviones consiguen elevarse.

Y es aún más complicado cuando la aeronave está boca arriba.

Los aviones se elevan gracias a las alas que desvían la corriente de aire que pasa por encima, como ocurre con el reactor de un cohete.

El flujo de aire tiende a adherirse a la superficie del ala, y la forma del ala (el perfil alar) lo desvía en una curva que acaba hacia abajo cerca de la cola del avión.

Al forzar al aire a moverse hacia abajo, se crea una fuerza ascendente.

Cuando el ala está en posición horizontal, este desvío del perfil alar es la única fuente de elevación del avión. Pero si las alas tienen una inclinación hacia arriba, el aire que alcanza la parte inferior también se desvía hacia abajo.

Cuanto más inclinado sea el ángulo, más contribuye el aire desviado desde la parte de abajo a la elevación total.

Cuando se pilota un avión boca arriba, las alas invertidas deben tener el ángulo suficiente como para generar la fuerza de elevación que compense el hecho de que el perfil alar esté hacia abajo.

¿Es verdad que tenemos tres párpados?

Image caption El pliegue semilunar de la membrana conjuntiva es un vestigio evolutivo de la membrana nictitante.

Esta pregunta se refiere probablemente a la membrana nictitante, que también es conocida como "tercer párpado".

Es un tejido transparente que se mueve de lado a lado desde el rabillo interior hacia el exterior del ojo.

Su función es proteger y limpiar el ojo sin bloquear la visión.

Los pájaros, los reptiles, los peces y algunos mamíferos tienen membranas nictitantes.

Los humanos no, pero si uno tira del extremo del ojo, puede verse por dentro un pequeño doblez de piel.

Es el pliegue semilunar, un vestigio evolutivo de la membrana nictitante.

¿Por qué hay menos eclipses solares que lunares?

Image caption La razón de que veamos menos eclipses solares que lunares se debe a la geometría.

Los eclipses solares no son menos habituales que los lunares, de hecho ocurren casi con la misma frecuencia, generalmente dos veces por año.

Por ejemplo, en el período comprendido entre los años 2000 a.C. y 3000 habrá 11.898 eclipses solares y 12.064 lunares.

Sin embargo, es mucho menos común ver un eclipse solar desde cualquier punto de la Tierra que uno lunar. Y la razón se debe únicamente a la geometría.

Un eclipse lunar, cuando la Luna se mueve a través de la sombra de la Tierra, es visible desde cualquier lugar que se vea la luna sobre el horizonte, es decir, desde la mitad del planeta.

Pero cuando la Luna se mueve por delante del Sol, la sombra proyectada en la Tierra es menor. Abarca sólo unos 480km de ancho.

Por eso, los eclipses solares sólo son visibles desde una estrecha franja que cruza la Tierra, lo que hace más difícil acceder a una buena ubicación para observarlos.

Esta es la razón por la que se ven menos.

¿El té verde es mejor que el negro?

Image caption El té verde tiene más cantidad del compuesto antioxidante presente en todas las variedades de té.

Todas las variedades de té contienen un compuesto antioxidante llamado catechina.

Para obtener el té negro, las hojas se oxidan más que en el caso del té verde, por eso es ligeramente menos antioxidante.

Algunos estudios han demostrado los beneficios que ofrecen para la salud distintos tipos de té, entre ellos la reducción del colesterol en la sangre y un índice menor de enfermedades cardiovasculares, pero el té verde parece llevar la delantera.

Quizás esto se debe a que se bebe sin leche.

El té negro con leche no ofrece beneficios cardiovasculares, de acuerdo a una investigación de la Universidad de Berlín de 2006.

Además, un estudio realizado en China en 2012 encontró que el té verde también colabora en la reparación de células cerebrales afectadas por la edad.

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