Las guerras del ballet en el legendario Bolshoi

La agresión con ácido contra el director artístico del ballet Bolshoi, Sergei Filin, ha causado una verdadera conmoción en Rusia.

Incluso antes de que la policía encuentre a los culpables -si alguna vez los encuentran- mucha gente relacionará el ataque con las continuas disputas y luchas internas que han atormentado a esta joya de la cultura rusa.

La mayoría de las rencillas que han afectado al teatro no han sido por dinero, sino por competencia personal, y parecen haber degenerado en desagradables ataques al talentoso bailarín convertido en director.

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Antes de que usaran ácido para atacarlo este viernes, Filin ya había recibido numerosas amenazas telefónicas, además de que su correo electrónico y su cuenta de Facebook habían sido hackeados.

Puede que el ácido sea el arma más nueva y desagradable empleada en el marco de las pugnas intestinas en el Bolshoi, pero las tensiones se remontan a décadas.

De Rusia sin amor

Se sabe que los bailarines y bailarinas del Bolshoi han colocado vidrios rotos dentro de las zapatillas de ballet de sus colegas/rivales, o han programado un reloj despertador para sonar la alarma durante una tour de force (proeza técnica durante una función de ballet).

En la época soviética, incidentes como estos jamás se reportaron, aunque todos en el teatro sabían de la acrimonia entre grupitos en torno a figuras muy conocidas, como el veterano coreógrafo Yuri Grigorovich, o las estrellas de la danza Vladimir Vasiliev y Maris Liepa.

Al mundo de la ópera no le fue mejor. Se sabe que las admiradoras de los principales cantantes de ópera del Bolshoi, Sergei Lemeshev e Iván Kozlovsky, se jalaban los cabellos.

En la mayoría de los casos, las estrellas no eran conscientes de los métodos objetables usados por sus seguidores a su nombre.

Pero los ataques verbales y a través de los medios de comunicación que se lanzan mutuamente han sido frecuentes y crueles.

En noviembre pasado, un grupo de destacadas figuras culturales rusas publicaron una carta en la que exhortaban a la gerencia del Bolshoi a despedir a Filin y a nombrar en su reemplazo a otra estrella del Bolshoi, Nikolai Tsiskaridze.

El Bolshoi ha sido sometido a una importante renovación, a un costo de muchos millones de rublos.

La ironía es que parece mucho más fácil colocar un nuevo escenario, butacas e iluminación, que modificar la vieja cultura de intrigas y luchas intestinas del teatro.

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