¡Abajo el amor romántico!

Peluche de san Valentín
Image caption Ya lo dijo Shakespeare: el romance es una tragedia...

Nuestra noción idealizada del amor es en realidad el mayor enemigo de las relaciones duraderas, dice Mark Vernon, escritor y periodista, especializado en libros de amistad y filosofía. Vernon es el autor del libro "Amor: todo lo que importa".

El amor romántico es celebrado como la cúspide del amor. Se lo mercadea como una experiencia cumbre, sin la cual uno no puede decir que ha vivido. Los signos de su atractivo están por todas partes, no sólo el día de San Valentín.

Considérese, por ejemplo, el costo de una boda promedio. Se ha disparado en años recientes. En países como el Reino Unido puede alcanzar las 20.000 libras (unos US$30.000). Pareciera que para las parejas hubiera una relación directa entre valor romántico y valor monetario.

O piénsese en el cine, donde las comedias románticas son grandes éxitos de taquilla. Si uno logra acertar con la fórmula, y ofrecer un final en el que los amantes se entregan a los brazos del otro, uno se embolsilla cientos de millones de dólares.

Del mismo modo, hay agencias por internet a prueba de recesión. El año pasado solamente, crecieron un 60%, de acuerdo con informes.

Dice el dicho que el amor es ciego, pero sería más exacto decir que estamos siendo enceguecidos por una hiperversión del amor romántico, y estamos perdiendo como resultado. Para ir al grano: creo que el mito romántico es uno de los más perniciosos de nuestro tiempo.

Según ese mito, hay alguien ahí afuera que lo completa a uno, y sin el cual nuestra vida es apenas una media vida. El mayor reto de la vida moderna, en consecuencia, es encontrar a esa persona y enamorarse. Dejar de ser dos y convertirse en uno.

Aunque es muy difícil de comprobar, me pregunto si esta visión del romance se ha vuelto tan monstruosa -en tanto y en cuanto pone una enorme presión sobre las parejas para lograr la satisfacción del otro-, al punto de que realmente está afectando más relaciones de las que está ayudando.

Se trata de una idea socialmente corrosiva porque idealiza el amor, en vez de entender que el amor se hace, no se encuentra. El amor se hace con las altas y bajas de estar con alguien que es tan imperfecto como uno mismo.

El poder del mito queda demostrado por el hecho de que muchas personas dicen no creer en él.

Estas personas se quejan de que la historia encaja bien en las novelas y películas románticas, en la publicidad de los sitios de internet para buscar pareja, pero que no se corresponde con la vida real.

Image caption Nació de ti, nació de mí, nació del alma...

¿Y no es precisamente este sueño el que atrae a las personas a las revistas, al cine, a internet? Es revelador el hecho de que la pregunta más común en Google el año pasado fuera "¿Qué es el amor?". Los mitos malignos son más poderosos cuando creemos que no nos dominan.

Me pregunto si esa idea del romance no explica, en parte, el incremento en las cifras de divorcio.

Llama la atención que a las personas que se casan por segunda vez parece irles mejor cuando han superado la etapa del hiper-romance. Un estudio reciente concluyó que hay tres factores principales para el éxito de un matrimonio: el consenso de pareja, el apoyo social y la estabilidad financiera.

Estas parejas, quizás habiendo aprendido por las malas, ahora pueden hablar racionalmente de sus problemas, apoyarse en el amor de familiares y amigos y sentirse asentados materialmente. Si el romance es lo primero que impulsa a las personas, las relaciones sólo tienen una oportunidad verdadera de florecer cuando el factor crucial no es precisamente el romance.

En "Romeo y Julieta" el romance se roba el corazón de la pareja... con trágicos resultados.

Poniéndonos un poco más espesos, ¿alguna vez se ha preguntado por qué el romance está tan directamente asociado con la muerte?

Piense en Romeo y Julieta. Pareciera que la historia quisiera enseñarnos que es mejor casarse apurado, sin pensarlo mucho, porque eso es estar enamorado, ser apasionado, ser auténtico.

Sin embargo, nóteses que cuando Shakespeare la escribió, la llamó tragedia. Shakespeare vio una verdad más profunda en aquella trama: el hecho de que cuando la perniciosa acción del romance toma los corazones de los jóvenes enamorados la cosa termina mal.

Hay señales de que cada vez más individuos están rechazando el mito romántico. El número de personas que viven solas se ha incrementado un 50% desde mediados de los 90. Muchos dicen que la soltería representa mayor libertad y más tiempo para otras relaciones, como la amistad.

¿Por qué el romance parece distorsionarlo todo?

Sospechoso que el deseo de alcanzar esa experiencia cumbre del amor ha eclipsado el hecho de que el amor se trata principalmente del otro. Paradójicamente, si todos actuáramos por las reglas del mito romántico, nos enamoraríamos del amor, en vez de enamorarnos del otro. Este amor retorcido nos susurra en la oreja que no importa de quién te enamoras, sino simplemente enamorarse.

Image caption El verdadero reto es superar la fase romántica, argumenta el autor.

Hay una dimensión espiritual a esta adicción romántica. El filósofo Simon May ha propuesto que mientras muchos han abandonado a Dios en Occidente, todavía añoran el amor incondicional que Dios solía ofrecer.

Sin Dios, buscamos como compensación el amor incondicional en los seres humanos. Los convertimos en dioses, y por supuesto nos fallan. Y entonces el amor se convierte en odio. Es un deseo que, por excesivo, destruye el amor. Las personas matan aquello que aman, se lamentaba Oscar Wilde.

El verdadero arte de amar es navegar la transición entre enamorarse y mantenerse amando.

Enamorarse, que es cosa de romance, es el sentido intoxicante de poseer a alguien o de ser poseído. Y no puede durar, porque "poseer" aplasta "vivir".

El riesgo que entonces sientes que el amor ha muerto porque, siguiendo el mito romántico, mides el amor por la intensidad que te hace sentir.

Mantenerse amando, en cambio, es la capacidad de estar con alguien y ser libre con alguien. También se siente muy bien, pero por otras razones. Puede permitir que cualidades más sutiles pasen a un primer plano, como el compromiso y la generosidad, la honestidad y la apertura. Le abre las puertas a la vida.

Mantenerse amando es, quizás, una noción sanadora, en momentos en que presenciamos la masacre romántica en otro día de San Valentín.

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