Oscar Pistorius: la fama como maldición

Las sutilezas y argucias legales que han caracterizado la carrera deportiva de Oscar Pistorius, también podrían resultar cruciales en el juicio criminal que se avecina en Pretoria, si la vista judicial preliminar (suspendida hasta el viernes) resulta en su enjuiciamiento por el homicidio de su novia, Reeva Steenkamp, quien fue hallada muerta con varios disparos en la residencia de la estrella paralímpica.

Se ha informado que la policía lo ha acusado del asesinato de la bella modelo, de 29 años, pero los abogados de Pistorius -el primer amputado doble en correr en los Juegos Olímpicos- presumiblemente alegarán que se trató de un homicidio simple o en un estado de emoción violenta.

Lea: Pistorius enfrenta cargos por homicidio de su novia

La diferencia es importante, porque el homicidio simple no conlleva el agravante de la premeditación, mientras que la emoción es un atenuante.

También se podría alegar, como hicieron fuentes del ámbito deportivo y amigos del atleta, que fue un accidente, que creyó disparar contra un ladrón.

En Sudáfrica existe una obsesión con la seguridad, debido al elevado número de asesinatos, asaltos y robos. La casa de Pistorius está ubicada en uno de los barrios privados más exclusivos y por consiguiente vigilados de la ciudad, pero esa vigilancia no hace que los ciudadanos bajen la guardia. Al contrario.

El periodista Jonathan McEvoy, del diario británico Daily Mail, visitó hace un tiempo a Pistorius en la misma casa donde la policía lo detuvo. Así describe el cuarto del dueño de casa:

"En el dormitorio, Oscar tiene sendos bates de cricket y de beisbol detrás de la puerta, un revolver en la mesa de noche y una subametralladora al lado de la ventana".

Carácter complicado

Image caption Reeva Steenkamp fue hallada muerta con disparos en la cabeza y el brazo.

A priori, esto parece apuntar a la posibilidad de un accidente, pero la celeridad de la acusación policial y el hecho de que las versiones hablen de más de un balazo en la cabeza de la víctima, son indicios de otro tipo de circunstancias.

La tipificación del delito quedará en claro tras la vista preliminar, que se ha demorado para facilitar el acceso de discapacitados al edificio del tribunal.

En cualquier caso, los acontecimientos iluminarán con una luz negativa ciertos rasgos del carácter de Pistorius.

Este es el escándalo más grave en el que Pistorius se ha visto implicado, aunque no el primero.

Luchó contra la burocracia deportiva durante muchos años, hasta forzar el reconocimiento para competir con los atletas hábiles en los Juegos Olímpicos.

Su carácter impulsivo había tenido una manifestación negativa en los Juegos Paralímpicos de Londres, cuando objetó el triunfo del brasileño Alan Oliveira, que lo superó en la final de los 200 metros. Calificó de "ridículo" el hecho de que las prótesis "demasiado largas" de Oliveira lo hicieran "increíblemente alto".

Este comentario, de parte de un atleta que había criticado durante tanto tiempo a los burócratas y deportistas que se oponían a su participación en pruebas con atletas hábiles porque, supuestamente, sus prótesis le daban una ventaja, fue muy mal recibida y Pistorius se disculpó, aunque sin retirar su pedido de reconsideración de las normas que permiten prótesis "demasiado largas".

Lo cierto es que Oliveira compitió dentro de las pautas legales para su categoría y el episodio ensombreció bastante el prestigio internacional del atleta sudafricano, que hasta ese momento había brillado con gran intensidad.

Una maldición

Image caption Pistorius fue el primer amputado doble en correr en los Juegos Olímpicos.

Rick Broadbent, el columnista de atletismo del diario Times de Londres, recordó el jueves que Pistorius, el año pasado, se retiró abruptamente de una entrevista que le hacía la BBC, porque se sintió insultado por el interrogatorio, pero también aclaró luego que "es más fácil mostrarse cortés cuando ganas".

Broadbent, que ha entrevistado a Pistorius en numerosas ocasiones, califica su personalidad de "agradable, amable, versada en relaciones públicas".

También recuerda que en una ocasión le dijo que la fama había sido para él "una bendición y una maldición al mismo tiempo". La atención recibida tras un grave accidente que sufrió en 2009 al mando de una lancha rápida, en el río Vaal, lo llevó a revisar su estilo de vida: vendió sus motocicletas, se esforzó en abandonar la búsqueda de emociones fuertes y se concentró en los entrenamientos.

Y ahora esto. El ícono deportivo de Sudáfrica, el héroe de tantos millones de aficionados alrededor del mundo, acusado de asesinato. Y no del ladrón que supuestamente esperaba, sino de la mujer que amaba. O que celaba.

Una maldición, dice Pistorius.

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