El rol de los latinos en la investigación del cáncer en EE.UU.

  • 25 febrero 2013
Alfredo Quiñones Hinojosa
Image caption Alfredo Quiñones-Hinojosa cruzó la frontera entre México y EE.UU. y luego se convirtió en un conocido neurocirujano.

A Alfredo Quiñones-Hinojosa le gusta describirse como un mexicano de origen humilde que pasó de ser un inmigrante indocumentado en Estados Unidos a trabajar en uno de los principales centros de estudio del cáncer en el país.

Hoy, este neurocirujano dice realizar más de 250 operaciones de cerebro al año, investiga el rol de las células madre en el origen de los tumores cerebrales y promueve su historia personal, que se ha convertido para muchos en un ejemplo del papel que pueden jugar los científicos inmigrantes en las investigaciones médicas en Estados Unidos.

Aunque es tal vez uno de los más conocidos, su caso no es el único. De hecho, según un informe presentado este lunes por la Fundación Nacional para las Políticas Estadounidenses (NFAP, por sus siglas en inglés), el 42% de los científicos que estudian el cáncer en las siete principales instituciones del país son extranjeros.

Sin embargo, según esta entidad basada en el estado de Virginia, sólo unos pocos provienen de América Latina, hasta el punto que los países de la región no aparecen en la lista de los principales lugares de origen.

BBC Mundo indagó qué papel juegan estos investigadores extranjeros más allá de los números y por qué no hay una mayor presencia hispana.

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Científicos inmigrantes

El informe de la NFAP explica que los inmigrantes de los principales centros de investigación del cáncer -la segunda causa de muerte en EE.UU.- provienen de más de 50 países.

La mayoría son de China, India y Alemania, aunque también hay una proporción considerable de científicos nacidos en Canadá y Reino Unido (ver recuadro).

En cuanto a América Latina, la NFAP resalta el caso del mexicano Quiñones-Hinojosa, así como otros investigadores de Brasil y Argentina.

Stuart Anderson, el autor del informe de la NFAP, explica que como miembros de los centros más relevantes en la prevención y el tratamiento del cáncer, estos "científicos inmigrantes han jugado un papel importante en la mejora de las tasas de supervivencia del cáncer en los estadounidenses".

Hoy, según la Sociedad Estadounidense del Cáncer, la tasa relativa de supervivencia a 5 años para todos los tipos de cáncer diagnosticados entre 2002 y 2008 es del 68%, en comparación con el 49% en el periodo 1975-77.

Otra razón que explica la importancia de los inmigrantes, según Walter Ewing, investigador del Centro de Políticas Migratorias, es que están llenando un vacío.

"El sistema educativo en Estados Unidos no está produciendo doctores y enfermeras a un ritmo suficiente para cumplir con las necesidades", le dice a BBC Mundo.

"Así que los inmigrantes están cumpliendo un papel importante para satisfacer la demanda".

Pero Anderson también explica que los investigadores extranjeros enfrentan un problema cuando quieren regularizar su situación migratoria.

"Incrementar el número de permisos de residencia para los inmigrantes altamente cualificados, como los investigadores del cáncer, sigue siendo una reforma política clave", explica el autor.

"Esto reduciría dramáticamente el tiempo de espera y fomentaría que más individuos altamente cualificados hagan sus carreras en Estados Unidos", dice el informe.

"La ausencia de formas confiables para que los institutos de cáncer en EE.UU. y otros empleadores retengan a los mejores talentos llega en una época en que Estados Unidos está frente a una población que envejece, pero también frente al potencial para lograr grandes avances médicos y tecnológicos que salven y mejoren vidas".

Pero los que se oponen a una flexibilización de la política migratoria alegan, entre otras cosas, que la entrada de trabajadores extranjeros les quita oportunidades de trabajo a los nacidos en el país.

Pocos latinos pero visibles

Aunque el número de investigadores latinos no es comparable con el de los científicos de origen asiático o europeo, es destacable que el caso de Quiñones-Hinojosa sea uno de los más mencionados al reconocer el papel de los inmigrantes en la medicina estadounidense.

Este neurocirujano conocido como "Doctor Q" ha aparecido en programas de televisión, tiene un libro sobre su experiencia y se ha convertido en un ejemplo.

Pero Quiñones-Hinojosa no es el único latino que se ha destacado en ese campo. Mucho antes que él, Baruj Benacerraf -que nació en Venezuela y se naturalizó estadounidense- ganó el Premio Nobel de Medicina en 1980, cuando trabajaba en la Universidad de Harvard.

Y hoy están casos como el del argentino José Russo, quien reside desde 1971 en EE.UU. Russo trabaja en el centro Fox Chase, en Filadelfia, donde el 44% de los científicos del cáncer son extranjeros, y dirige el laboratorio de investigación del cáncer de seno (ver recuadro).

Pero estos casos cuentan apenas una parte de la historia. La otra parte es que a pesar de ser uno de los grupos de inmigrantes más importantes de Estados Unidos, el número de investigadores del cáncer de origen hispano es bajo.

Quiñones-Hinojosa le explica a BBC Mundo que un tercio de los investigadores de su laboratorio son de origen hispano, pero que eso es "la excepción a la regla".

En opinión de Stuart Anderson, el problema está en los niveles de educación, en especial en los inmigrantes latinos de primera generación.

Sin embargo añade que la situación puede cambiar: "Buena parte de la población hispana es joven, por lo que creo que se verá un incremento en los números a medida que pase el tiempo".

José Russo, por su parte, le dice a BBC Mundo que "muy pocos países latinoamericanos tienen una trayectoria sobre ciencia del cáncer, aunque haya unas contribuciones brillantes. Pero no hay una masa crítica".

Agrega, eso sí, que en su opinión muchos investigadores que viajan a EE.UU. sobresalen, pues "vienen con una gran motivación a hacer lo que no pueden hacer en nuestros países".

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