El cine alemán que se exilió de Hitler para conquistar el mundo

How Green Was My Valley
Image caption How Green Was My Valley, dirigida por John Ford.

¿Es posible que una comedia alocada de Marilyn Monroe o el cine de Hitchcock escondan la sombra de la feliz Alemania de los años veinte que desapareció con la llegada de Hilter? El MOMA neoyorquino proyecta desde esta semana una selección de películas antiguas que nos lo demuestra.

Hace casi un siglo, "Los felices años veinte" fueron especialmente esplendorosos para Alemania. Era momento para el hedonismo en tiempos de democracia. El espíritu del cabaret y las salas de fiestas revitalizaron la vida nocturna de Berlín. Las ciudad competía entonces con París por ser el centro del ocio y la cultura en Europa, en un periodo histórico y político conocido como La República de Weimar.

Pero la llegada de Adolf Hitler al poder en 1933 supuso el exilio masivo de artistas, que viajaron a Europa y luego a América.

La época dorada que también vivía el innovador cine alemán quedó desintegrado, pero su influencia se extendió por todo el mundo, especialmente en Hollywood.

El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) colabora con la alemana Deutsche Kinemathek para recordar ahora el talento de Fritz Lang o Ernst Lubitsch y a estrellas como Marlene Dietrich.

Bajo el título de The Weimar Touch ("El toque Weimar"), proyecta durante las próximas semanas una selección de películas que demuestran la enorme influencia estética y temática en clásicos como "Casablanca" o en el suspense de un genio como Alfred Hitchcock.

Marilyn Monroe

Aunque no lo parezca, ese toque alemán al que hace referencia este ciclo también se encuentra en "Some like it Hot", la comedia protagonizada por Marilyn Monroe en los años 50.

Billy Wilder retomó en esa película el incómodo sentido del humor de las exitosas operettas de la era Weimar y lo hizo popular en Estados Unidos.

El cine germano también disfrutaba del juego de falsas identidades, como en "Victor y Victoria" y el espíritu cínico de muchas de sus historias contagiaron años después a los clásicos del cine negro.

"Era un cine influyente porque era muy diverso", explica a BBC Mundo Rainer Rother, director artístico de la Deutsche Kinemathek y encargado de conmemorar a la República de Weimar en el ochenta aniversario de su desaparición.

"Ocurrió durante una época feliz pero convulsa para Alemania. Por eso era un cine de duda y formulaba preguntas que en otros países no se planteaban". Los cineastas exiliados que huían de Hitler lo dieron a conocer al resto del mundo.

Incluso los premios Oscar demostraban cierta querencia por los intérpretes alemanes y actores como Emil Jannings o Luise Rainer, cuyos nombres no nos resultan familiares ahora, recibían una y otra vez la estatuilla dorada.

Image caption La película Viktor and Viktoria, del año 33.

Además de disfrutar de los títulos más celebres en pantalla grande, Rainer Rother recomienda recuperar joyas menos conocidas como "Fury", de Fritz Lang, o "Pièges", de Robert Siodmak.

Son filmes que demuestran la maestría alemana a la hora de relacionar el mensaje psicológico con su propuesta estética. El juego de luces y sombras de otro talento germano como era Murnau dieron un nuevo significado al cine en blanco y negro y fue un referente para directores tan distintos a él como John Ford.

Algunas de sus creaciones como el Nosferatu de Murnau o El Golem se encuentran en muchos de los clásicos de terror de la Universal Pictures de décadas posteriores, la factoría que se encarg de trasladar en imagenes las historias de "Drácula" o "Frankenstein".

El futurismo de "Metrópolis" de Fritz Lang también sirvió de herencia para clásicos modernos como "Blade Runner".

Rainer Rother destaca el talento no solo de directores o actores. También de técnicos y productores "se sumaban a una filosofía de gesamtwerk (trabajo en equipo) que hacía que el resultado final fuera de gran calidad, algo que les permit=ia destacar sobre otras cinematografías", argumenta.

El director artístico de la Deutsche Kinemathek asegura que el cine de Weimar sigue vivo en los trabajos de otros alemanes ilustres como Werner Herzog y Fassbender, incluso en el gusto de narrar de una forma experimental de un cineasta actual como es Tom Twyker, director de la reciente "Cloud Atlas".

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