Mozambique, el paraíso de los desempleados de Portugal

Susana Vidal

En 1975, justo después de que Mozambique lograra su independencia de Portugal tras una cruenta batalla, 250.000 colonos portugueses escaparon del país. Temerosos por sus vidas, pero también sin expectativas de vida, la madre patria era una apuesta más segura.

Ahora, casi 40 años después, la tendencia se está invirtiendo.

Por causa de los problemas económicos de Portugal, muchos ven a la excolonia como un lugar donde hay más posibilidades que en casa.

Nuevo comienzo

La historia del empresario Paulo Dias es una de muchas.

Él viajó a Mozambique en 2010 luego de que la crisis financiera en Portugal lo convenciera de que su futuro está en otra parte.

"Decidí irme porque sentí que la situación en Europa era catastrófica", dice este hombre de 42 años, que ahora vive en la capital, Maputo.

En Portugal, Dias dirigía una compañía que promocionaba viajes en crucero. Pero luego de varios meses de dificultades, decidió cerrarla.

Antes de que pasara un año ya se había mudado a Mozambique, donde estableció una compañía que construye casas prefabricadas.

"Fue un comienzo nuevo y la mejor decisión que haya tomado", asegura.

Henrique Banze, el viceministro de Relaciones Exteriores de Mozambique, dice que se entregan unas 200 visas de turismo y de trabajo al día, lo que representa un "gran incremento" en comparación con años anteriores.

"En los últimos dos años han llegado muchos más portugueses", comenta. "Supongo que debe ser por la crisis en Portugal".

Es difícil obtener cifras precisas sobre ingresos, pero Banze afirma que miles de portugueses se están relocalizando cada año.

La amplia mayoría -alrededor de 20.000, según algunas cifras- se establece en Maputo, donde se encuentran las mayores oportunidades económicas.

"Un tsunami golpeó a Portugal y ahora todos están viniendo acá", dice Dias. "No creo que la situación económica portuguesa mejore en los próximos cinco años".

Hace dos años, cuando llegó, muchos de sus compatriotas en Mozambique eran trabajadores manuales. Ahora, dice, están llegando las clases medias.

Algunos de ellos, en su opinión, trabajan para grandes compañías mineras con operaciones en el país africano. Otros, como él, llegaron con la idea de montar sus propios negocios.

Legado amargo

La nueva vida de Dias no carece de desafíos.

Image caption Paulo Dias pasó de dirigir una compañía que promocionaba cruceros a construir casas prefabricadas.

Dice que el costo de vida es alto y que tuvo dificultades durante el primer año en su nueva casa hasta que concretó una alianza con un empresario local que le dio acceso a la clientela necesaria para establecer acuerdos.

Ha visto crecer su empresa, que trabaja en una serie de proyectos desde viviendas de interés social hasta las casas para los empleados de las compañías mineras.

Hace unos años, la idea de mudarse a uno de los países más pobres de África en busca de trabajo les habría parecido impensable a la mayoría de portugueses, en particular por el legado amargo del periodo colonial.

Pero Mozambique está cambiando y ahora la vida es complicada en Portugal.

Su tasa de desempleo, que supera el 17%, está entre las más altas de la eurozona.

Y para disipar cualquier duda de dónde está el futuro, el primer ministro de Portugal, Pedro Passos Coelho, envió un mensaje fuerte en 2011.

Les dijo a los profesores desempleados en Portugal que emigraran, pidiéndoles que dejaran su zona de confort y se mudaran a los países de habla portuguesa como Brasil y otra excolonia africana, Angola.

El primer ministro puede haber estado hablando de profesores, pero era claro que la invitación de partida se extendía a personas en otros campos laborales.

Miles de personas están siguiendo su ejemplo. Varios factores, además de un idioma compartido, hacen de Mozambique una nación particularmente atractiva.

A pesar de las quejas de Dias, el costo de vida es mucho menor que en Angola, donde su capital, Luanda, fue hasta hace poco la ciudad más costosa del mundo.

También hay una percepción de que la tasa de crecimiento de Mozambique y un gobierno estable permiten que sea un buen lugar para comenzar un negocio.

Optimismo

Unos recientes descubrimientos de gas han alimentado esa sensación de optimismo.

"Con estos nuevos hallazgos, y con la llegada de extranjeros, las personas comenzarán a gastar más dinero y querrán comer en mejores restaurantes y probar distintos tipos de comida", dice el empresario portugués de restaurantes Marcos Silva, quien hace un año abrió un fino restaurante de pescado en Maputo.

Silva estudió diseño de interiores en su país natal, pero decidió darle rienda suelta a su pasión por la comida.

Su negocio está en auge ahora. Su restaurante de 160 sillas está frecuentemente reservado en su totalidad, dice el dueño.

Para cumplir con las leyes locales que limitan el número de extranjeros que trabajan en una compañía, el socio y el gerente de Silva son portugueses, mientras que el resto de los empleados que se encargan de las labores de cocina y de orden son de Mozambique.

Silva rechaza cualquier idea de que esta es una dinámica de poder injusta.

"Debería verse como una ventaja, no una conquista", insiste. "Al final del día, es un nicho a la espera de ser desarrollado. Es un acto de fe".

El deseo de Silva de enfatizar esto es, tal vez, poco sorpresivo dada la historia portuguesa en Mozambique.

El excolonizador se benefició de la trata de esclavos en los siglos XVIII y XIX. Y un siglo después su dominio fue de mano dura: los habitantes locales tenían pocos derechos y se les prohibió ocupar posiciones altamente cualificadas o de gerencia hasta los años inmediatamente anteriores a la independencia.

Las relaciones tensas y el descontento local generaron un golpe militar que le dio al país su independencia.

Charles Mangwiro, un periodista de Radio Mozambique que reside en Maputo, era apenas un bebé cuando el país se independizó.

Desde su niñez, sus padres le han contado sobre las humillaciones que debieron soportar bajo el dominio colonial.

Al hablar de la nueva generación de portugueses, Mangwiro dice que la reacción local a su llegada cambió en pocos años.

"Al principio no eran bienvenidos porque había preocupaciones de que tomarían los empleos", recuerda.

Pero eso cambió luego de que las personas comenzaran a obtener empleo con los nuevos negocios.

"Principalmente es trabajo no especializado -en almacenes, por ejemplo- pero significa que los habitantes locales pueden ganar dinero y mantener a sus familias a flote".

Salto

Image caption Aunque la mayoría de inmigrantes se queda en Maputo, Susana Vidal decidió ir más lejos.

Mangwiro dice que el salto en la llegada de portugueses comenzó hace unos cuatro años. Dice que luego llegaron los trabajadores chinos, principalmente para la construcción de calles y edificios.

Afirma que los brasileños y los indios también están llegando en cantidades.

Aunque la mayoría de portugueses están basados en Maputo, algunos, como Susana Vidal, han ido más allá para beneficiarse del creciente sector turístico de Mozambique.

De 39 años y con una maestría en turismo, Vidal dejó su casa en Algarve hace cuatro años por una vida en el pueblo costero de Vilanculos, en Mozambique, luego de que su búsqueda de trabajo en su país natal terminara en fracaso.

Vidal divide su tiempo entre su empleo en una cabaña turística y las labores que realiza con su novio británico, quien tiene una escuela de kite-surfing.

Comenta que el turismo local está creciendo gracias a las playas escondidas que casi no han sido alteradas.

"Voy a casa cada año y cada vez tengo que volver luego de dos semanas a mi pequeño paraíso. Me siento bien acá".

"No planeamos ir a Portugal o a Reino Unido para comenzar una familia. Ésa es una buena señal de que estamos felices acá".

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