Por qué Maduro no arrasó

  • 16 abril 2013

El ajustadísimo resultado de las elecciones venezolanas tiene una explicación tal vez obvia: "Maduro no es Chávez", lo que no obstante fue una de las ideas fuerza de Henrique Capriles durante la campaña y sin duda acabó reflejada en las urnas.

Nicolás Maduro ganó por casi 1,6% de los votos, muy lejos de los 11 puntos que le endosó Hugo Chávez también a Henrique Capriles, que dijo que no iba a reconocer los resultados hasta que se auditen.

Maduro perdió casi 700.000 votos respecto a los 8,5 millones cosechados por Chávez, casi los mismos que creció el opositor Capriles.

Eso, pese a que el presidente poco antes de morir pidió a los suyos que votaran por él y su campaña se centró básicamente en presentarse como el "apóstol de Chávez".

"Maduro no es Chávez"

Por ilustrarlo con un ejemplo de la campaña por qué se puede decir que Maduro no es Chávez –como por otra parte él mismo reconocía–, podemos hablar de la anécdota del pajarito, de sus silbidos o de cuando habló de una malidición, pero tal vez lo más ilustrativo sea recordar el gafe geográfico cuando se refirió a las ciudades de Barcelona, Cumaná e Isla Margarita como "estados".

Las bromas no se hicieron esperar en las redes sociales. Sectores de oposición comenzaron a hablar de la necesidad de que volviera a la escuela para tomar clases de geografía.

Image caption Maduro se declaró "hijo de Chávez" desde el comienzo.

Hugo Chávez, al contrario, explotaba muy bien que en sus años de militar se había recorrido el país palmo a palmo. Así que ya podía llegar al lugar más remoto del país que era casi capaz de decir el nombre de los arroyos cercanos y de las montañas que aparecían al horizonte.

Contaba anécdotas de sus viajes por la región, mientras hablaba con los lugareños de la cosecha y el ganado, y sobre todo se interesaba por ellos, se ponía a su nivel.

Al tiempo que desplegaba su incendiaria retórica, citaba poetas franceses, filósofos alemanes y, cómo no, la vida y obra de Simón Bolívar. Y no caía pedante porque, además de un maestro, encima era muy divertido.

Así, mientras la oposición lo acusaba de ser mal presidente y la causa de la profunda polarización que divide a la sociedad venezolana, nadie podía negar que era un extraordinario candidato: y así pasó su mandato de elecciones en elecciones.

Maduro no

Pero Maduro no. Y no sólo eso, el excanciller es uno de los miembros del entorno a los que la población y el propio Chávez culpaban de problemas como los cortes eléctricos, desabastecimiento e inseguridad. Mientras, Chávez capitalizaba los avances en lo social impulsados por sus políticas.

La falta de entusiasmo de los suyos se podía respirar en el ambiente de algunos actos de la campaña, al menos comparado con los de Chávez en octubre.

Maduro partía con una cómoda ventaja gracias el endoso del difunto mandatario, que pidió a los suyos expresamente que votaran por él. Sin embargo, ese aval poco a poco se fue diluyendo.

Image caption El presidente electo de Venezuela enfrenta grandes retos dentro y fuera de su organización política.

En este sentido, un factor a tener en cuenta debe ser la Semana Santa. El duelo que embargó a los chavistas y el seguro fuerte impacto de toda la población venezolana se fue desvaneciendo poco a poco con un fuerte impulso de los días de asueto de la Pascua.

Así, la caída de Maduro se veía venir en las encuestas y en la calle. La gran cuestión era cómo se iba a materializar todo eso en las urnas. Resultó en la pérdida de casi 700.000 votos respecto a las presidenciales de octubre.

Capriles también juega

Casi la misma cifra que Capriles ganó, después de haber sorprendido a todos con una campaña en la que consiguió ilusionar y movilizar a la oposición.

Cuando confirmó que se presentaba, él mismo lo dijo, que muchos opinaban que era un suicidio político. Con el chavismo a flor de piel por la pérdida de Chávez y todo el aparato del Estado volcado a hacer de Maduro presidente constitucional, la tarea parecía misión imposible.

Sin embargo, con un discurso más agresivo apuntando a problemas como la falta de abastecimiento de productos básicos, la inflación y la inseguridad, fue capaz de sembrar la idea de que podían ganar.

"Nicolás, el problema eres tú", repetía, tuteándolo, sin mencionar su apellido. Un tono bien diferente del empleado con Chávez, a quien virtualmente evitaba mencionar.

Su principal problema debe haber sido lo corto de la campaña. Tan sólo diez días no fueron suficientes. Pero quedó cerca.

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