Explosiones en Boston: a la sombra del 11 de septiembre

Policías en Nueva York
Image caption La policía custodia las calles de Nueva York.

Los agentes de seguridad están en las calles, patrullan Boston y otras ciudades. El lunes, la atmósfera evocaba las primeras horas que transcurrieron tras los atentados en suelo estadounidense ocurridos en 2001, pero sus ciudadanos están menos sorprendidos que en aquella ocasión.

Deborah Kathan, una cirujana ortopédica, escuchó lo que describe como un "pop, pop" cuando estaba muy cerca de la línea de meta de la maratón de Boston.

"Me dije: 'Es como lo que pasó en Nueva York'".

En 2001, Kathan estaba trabajando en el Hospital de Minneapolis cuando los ataques ocurrieron. Vio por televisión las imágenes de los edificios en llamas.

"No es que tuviera miedo. Es como si lo estuviera esperando", indicó. "Y pasó otra vez, sólo que esta vez no fue tan malo".

Lea: "Vi sangre, sangre por todos lados"

Al menos tres personas murieron y más de 170 resultaron heridas.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, aseguró el martes que todavía no se sabe quién está detrás del incidente.

"Se trata de un acto odioso y cobarde (…). El FBI está tratando lo ocurrido como un acto de terrorismo (…) Lo que no sabemos es quién llevó a cabo el ataque o por qué", dijo el mandatario desde la Casa Blanca.

El 11 de septiembre de 2001, cerca de 3.000 personas murieron.

Vigilancia

"No sabemos quién hizo esto ni por qué. La gente no debería sacar conclusiones antes de que se conozcan todos los hechos", dijo Obama el lunes. "Pero no se confundan, llegaremos al fondo de esto".

El lunes, el centro de Boston era un lugar de caos y de confusión, muy similar al Nueva York y al Washington de 2001.

Alrededor de Copley Square, donde ocurrieron las explosiones, agentes uniformados recorren las calles y vigilan los edificios. Algunos de ellos, como una pareja de funcionarios que fueron vistos en las escaleras del hotel Westin, llevaban rifles automáticos.

Algunos portan pistolas o visten chalecos antibalas.

Están a la caza de los perpetradores e intentan garantizar que no haya más explosiones.

"Un día muy ajetreado", indicó uno de los miembros de la Guardia Nacional de Massachussets.

Él y otros guardias se unen a los esfuerzos del FBI, de la policía de Massachusetts, de la policía de la ciudad de Boston, de funcionarios del Departamento de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, de la policía de tránsito y otros agentes que no son fáciles de identificar.

"Creímos que este tipo de amenazas ya las habíamos superado", indicó el profesor de la Universidad de Georgetown, Bruce Hoffman, autor de "Inside Terrorism" (Dentro del Terrorismo). Pero una vez más, vemos que violencia terrorista puede ocurrir en una ciudad grande".

"Si quieres matar para obtener publicidad, ve a la maratón de Boston", indicó. "El golpe, el horror. Se trata de un mensaje que tendrá un impacto mayor".

Recuerdos

Image caption La seguridad se ha incrementado en ciudades como Nueva York.

En Bar 10, en el Hotel Westin, donde Deborah Kathan compartía con sus amigos el lunes, las pantallas de televisión mostraban un número de teléfono. Era un número de ayuda al que la gente podía llamar para obtener información tras las explosiones.

Kathan recuerda los detalles de la tarde del lunes. "Vi humo y nos decían permanentemente: 'Muévanse, muévanse'".

"Había una especie de olor a plástico quemado y se los hice notar a estos muchachos", dijo mientras veía a su novio, Ken Ekman, quien había participado en el maratón, y Chris Bray, quien también había terminado la carrera, antes que ocurrieran las explosiones.

"Les dije: ¿No huelen? Y ellos me decían: 'No'".

Bray recuerda haberle respondido: "No, no olemos nada, pues estamos apestando".

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Bray había terminado la maratón en 2 horas, 54 minutos y 58 segundos, y todavía no se había duchado.

Como sucedió el 11 de Septiembre, varias alertas fueron lanzadas, pero resultaron ser falsas alarmas.

Otro atleta, Dave Jacobs Robinson, dijo que estaba muy cerca de la línea de meta cuando le pidieron que se detuviera.

Intentó regresar al Hotel Westin, de donde había salido a las 06:20 (EST), pero no regresó hasta después de las 19:00. El lugar estaba acordonado.

A los empleados del hotel, como en otros lugares de la zona, se les había dicho que una bomba podría explotar en las premisas. Por un periodo de tiempo, no se le permitió la entrada a nadie a sus instalaciones.

Unidad

Image caption La bandera de EE.UU. fue izada a media asta en la Casa Blanca.

Uno de los amigos de Kathan, un jardinero llamado Rob Tuprin dijo el lunes que todavía estaba "en estado de conmoción".

Él corrió el maratón en tres horas, ocho minutos.

"No es mi tiempo más rápido", señaló alzando un vaso de cerveza. "Pero tampoco es el peor".

Mientras hablaba, una rubia se le acercó y le preguntó cómo se sentía tras la competencia. Hablaron por un rato.

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"Cosas terribles unen a la gente", dijo Tuprin.

Deborah Kathan señaló que todavía siente el golpe, al menos un poco. Cree que esta podría no ser la última vez que se viven explosiones en territorio estadounidense.

"Pasará otra vez", indicó. "Pero somos fuertes".

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