La caída de un vendedor de falsos detectores de bombas

James McCormick
Image caption James McCormick vendió cada dispostivo hasta por US$40.000. Su costo de producción era de US$20.

Durante años el británico James McCormick encontró una manera singular de amasar una sustancial fortuna. La justicia británica lo halló culpable de vender miles de falsos detectores de bombas a Irak y otros países.

McCormick vendió cerca de 6.000 de estos dispositivos en Irak entre 2008 y 2010 y obtuvo cerca de US$75 millones, se aseguró este martes en un tribunal en Londres.

Los artefactos, que se suponía que estaban en capacidad de detectar explosivos, personas y narcóticos, eran poco más que detectores de pelotas de golf. Cada uno tenía un costo de producción de US$20. Sin embargo, McCormick consiguió venderlos hasta por US$40.000 por unidad.

Los "detectores" fueron descritos por los fiscales del caso como completamente inefectivos y carentes de todo tipo de fundamento científico.

El magnate, a quien una víctima de una bomba iraquí calificó como una persona "en bancarrota moral", enfrentaría una pena de hasta ocho años de prisión.

La sentencia será dictada el próximo 2 de mayo.

El diario británico The Guardian informa de versiones según las cuales los falsos detectores también habrían sido vendidos a Georgia, Nigeria, Siria y México, entre otros países.

BBC Mundo solicitó información al respecto a las autoridades mexicanas, que ofrecieron responder por escrito en las próximas semanas (ver recuadro).

En tierra, aire o agua

Según McCormick, los detectores podían detectar drogas, diferentes tipos de sustancias y fluidos, joyas, marfil y gente escondida.

En teoría, operaban bajo tierra, en el agua, desde el aire y a través de las paredes.

Su antena, que supuestamente detectaba explosivos y, en otros casos, narcóticos, no estaba conectada a nada, tampoco tenía fuente de poder.

Incluso, según vendió McCormick a su clientela, otras sustancias podían detectarse si se ponían en un frasco con un adhesivo que absorbía los "vapores" y que después era colocado en una tarjeta para ser leída por la máquina (ver imagen al final de la página).

La realidad es que los dispositivos eran apenas detectores de pelotas de golf, comprados en Estados Unidos.

La policía británica dijo que McCormick mostró un total desprecio por la seguridad de todos quienes usaron y confiaron en el dispositivo. "Los aparatos no funcionaban y él lo sabía", señaló el fiscal Richard Whittam.

Corrupción

Una investigación del programa Newsnight de la BBC acerca de los instrumentos vendidos por McCormick llevó a que el gobierno británico prohibiese su venta en Irak y Afganistán en enero de 2010.

La investigación de Newsnight reveló que altos funcionarios iraquíes estaban al tanto de que los dispositivos no funcionaban, pero recibieron sobornos para asegurarse de que el equipo fuese comprado.

El general Jihad al-Jabiri, jefe del escuadrón de bombas en Bagdad está en prisión, acusado de corrupción, junto con otros dos funcionarios iraquíes.

Una investigación encabezada por el inspector general del Ministerio del Interior de Irak, Aqil al-Turehi, detectó que un vehículo cargado de cohetes y misiles logró pasar a través de 23 puestos de control que tenían el equipo detector.

Image caption La antena, que supuestamente detectaba explosivos, no estaba conectada a nada.

"Los dispositivos fueron usados en numerosos puestos de control en Irak durante este período. Está claro que tanto civiles como las Fuerzas Armadas corrieron un riesgo significativo al confiar en estos equipos", dijo el detective inspector Ed Heath de la policía del condado de Avon y Somerset, en Reino Unido.

"McCormick amasó muchos millones a través de su codicia y empresa criminal", aseguró.

"Bancarrota moral"

Un alto funcionario iraquí le dijo a la BBC que los dispositivos inútiles habían creado una falsa sensación de seguridad y que ningún castigo compensaría la sangre que fue derramada como resultado.

La BBC también habló con Haneen Alwan. A esta mujer iraquí se le han realizado 59 operaciones luego de que resultase herida en un atentado con bomba en enero de 2009.

Tenía dos meses de embarazo y perdió a su hijo.

"Cuando la gente pasaba por puestos de control que contaban con estos dispositivos, pensaban que estarían a salvo, pero no sirven para nada", dijo Alwan a Newsnight. "El hombre que las vendió no tiene conciencia. Está en bancarrota moral. ¿Cómo pudo venderlos, sólo por dinero y destruir la vida de otras personas?".

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