Unas tijeras para recortar la historia de China

Tijeras chinas

Todos los negocios tienen sus altibajos en el camino al éxito.

Sin embargo, la compañía Hangzhou Zhang Xiaoquan tiene una historia más larga y tumultuosa que la mayoría.

Dinastías imperiales han surgido y desaparecido, guerras y revoluciones han pasado y la economía ha mutado del capitalismo al comunismo y de vuelta.

Y a pesar de todo, los talleres y fábricas Zhang Xiaoquan han estado discretamente produciendo un humilde utensilio doméstico: tijeras.

En los últimos años de la dinastía Ming, un artesano llamado Zhang Jiasi descubrió la forma de hacer tijeras bellas y duraderas.

Mantuvo la costumbre de usar hierro para hacer el cuerpo de las tijeras, lo que le permitía moldear los ojos o dedales fácilmente.

Pero su nuevo truco, adaptado de una antigua técnica de fabricación de espadas, era mezclar acero fundido en el filo de las cuchillas -valiéndose de altas temperaturas y mucho martillar- para darle a las tijeras un mordisco mas fuerte y afilado.

Las amas de casa del siglo XVII en China de repente tuvieron en su arsenal de cocina un arma nueva y poderosa... malas noticias para los pollos.

Unas pocas décadas más tarde, el hijo de Zhang Jaisi, Zhang Xiaoquan, heredó el negocio y se lo llevó a la ciudad de Hangzhou, en el oriente de China. En 1663 fundó una compañía con su nombre.

Precios modestos

Ding Chenghong, el actual director general de Zhang Xiaoquan, asegura que siempre tratan de mantener el contacto con su historia.

"Nuestro fundador tenía un lema: 'Buen acero y excelente calidad", le cuenta a la BBC.

Image caption Hay todavía artesanos que fabrican tijeras como hace siglos.

"Hoy en día, el acero que utilizamos es distinto al que usan muchos otros fabricantes. El acero barato cuesta unos 8.000 yuan (US$1.132) la tonelada. El nuestro cuesta entre 11.000 y 12.000 yuan", revela.

Quedan incluso unos pocos artesanos que todavía pueden forjar tijeras a la antigua usanza, aleando hierro y acero fundido a mano a punta de golpes, y unas pocas de esas técnicas se han mantenido en la elaboración de algunos de los productos modernos.

No obstante, mientras me mostraban una de las fábricas, me dio la sensación de que algo no encajaba.

Con el ruido de las troqueladoras de metal gigantes adentro de aquel recinto que se asemeja a un hangar, lleno de empleados vestidos con overoles, la imagen parecía sacada de un afiche de propaganda comunista: no había evidencia de toda esa historia, de esa herencia.

Se trata más bien de un ejemplo de producción masiva por la que China es famosa: una compañía que actualmente emplea a 1.500 personas y produce alrededor de siete millones de tijeras y tres millones de cuchillos al año.

Una tijera doméstica común se vende por unos US$3 a US$5 dólares.

En otros lugares del mundo, una marca con el pedigrí de Zhang Xiaoquan se habría posicionado como una firma de calidad superior, quizás incluso se habría forjado una reputación internacional sofisticada.

Pero las exportaciones representan menos de 0,5% de las ganancias de totales de la compañía, que alcanzan los US$40 millones al año.

"Nacionalización voluntaria"

La razón de que tan especiales tijeras no sean más valoradas se encuentra en la historia de la corporación, que ha sido marcada por los cambios de fortuna del país.

Image caption La heredera de este imperio de tijeras vive entre archivos de papel.

Zhang Qian, la directora administrativa de la firma, trabaja en una pequeña oficina en el segundo piso de la fábrica.

No tiene quejas: el trabajo es bueno y la compañía le provee un pequeño apartamento.

No obstante, Zhang -note el nombre- podría haber tenido mucho más.

Es una descendiente directa, la 13º generación, del estimado fundador Zhang Xiaoquan.

En 1958 su abuelo, en ese entonces jefe capitalista de un pujante negocio de fabricación de tijeras, se encontró en contravía con la historia.

El gobierno comunista estaba aboliendo la propiedad privada así que el negocio de la familia junto con todos sus activos, que incluían la residencia de la familia, fueron entregados "voluntariamente" al Estado.

"Tenían que hacerlo. Yo ni siquiera había nacido así que no puedo decir que me arrepiento, pero seguramente mi vida habría sido diferente si la historia hubiera sido distinta", dice la heredera.

Uh futuro global

Así empezaron décadas de control del Estado, un período que terminó hace poco.

Image caption Hoy en día, la nómina es más pequeña y se produce menos.

Para los años '90, la nómina se había inflado con 2.500 empleados, y las máquinas trabajaban sin cesar, produciendo 20 millones de tijeras y cuchillos al año, algunos de no tan alta calidad.

Todo habría seguido igual de no ser por otro giro de la historia: al final de esa década, China inició una restructuración a gran escala que implicó la privatización de varias compañías.

En 2000, el Estado desinvirtió 75% de sus acciones en Zhang Xiaoquan.

Como muchos otros negocios chinos, éste emergió parpadeando ante el brillo de la nueva realidad económica y ha tenido que reconocer el terreno que pisa.

Redujo su personal y el volumen de producción. E hizo nuevos planes.

"Nuestro plan principal es pasar de ser manufactureros a ser operadores de marca. Antes pensábamos que 'el buen vino se vende solo' y nos enfocábamos sólo en la producción", le dice Jiang Shashan, gerente del departamento de imagen de la firma.

Así que, a principios de este año, participaron en la Feria de Frankfurt, una de las más grandes del mundo. Y ahora están usando internet para ofrecer sus productos y desarrollar nuevos.

Las chinas son distintas

Pero hay un gran obstáculo a la hora de exportar.

Image caption El sueño es convertirse en una marca global.

"Las tijeras chinas son diferentes a las occidentales", señala Ding.

"En Europa y América, la cuchilla es más larga y las asas más pequeñas pues las usan principalmente para cortar papel", explica.

"En China se usan para cortar papel, comida, telas... hasta para reparar zapatos".

Para superar el problema, planean importar maquinaria de Alemania y así hacer productos del tamaño y la forma apropiada para los mercados extranjeros.

350 años después de fundada, Zhang Xiaoquan todavía enfrenta retos. Hay una disputa pendiente por la marca registrada y el azote de las falsificaciones.

Sin embargo, es posible que ahora pueda aprovechar su herencia y pasar de ser un producto conocido en China a una marca realmente global.

Después de todo, como dicen los expertos en marketing, una historia es más fácil de vender que un producto, y Zhang Xiaoquan tiene una excelente historia para contar.

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