Protestas en Brasil: ¿un movimiento con futuro?

  • 19 junio 2013
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Manifestación en Brasil
Para los expertos, el verdadero impacto dependerá de puedan mantenerse movilizados.

La ola de protestas que vive Brasil empezó a cosechar logros en varias ciudades que anuncian posibles bajas en sus tarifas de autobús, pero aún tiene grandes retos para dejar una huella definitiva en el país, afirman especialistas.

Las alcaldías de Porto Alegre, Recife, Cuiabá y Joao Pessoa redujeron o anunciaron su intención de reducir los precios del pasaje de ómnibus tras las manifestaciones que el lunes reunieron más de 200.000 personas en todo Brasil.

Y en Sao Paulo, donde este martes ocurría la sexta protesta con decenas de miles de personas en las calles, el alcalde, Fernando Haddad, indicó por primera vez que está dispuesto a revisar la tarifa de autobús, que subió hace poco.

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Sin embargo, a medida que las manifestaciones crecieron han ido sumando reclamos que van bastante más allá del transporte y tratan temas diversos como los costos de organizar el Mundial de fútbol 2014, la corrupción o la violencia policial.

En un país poco habituado a las demandas callejeras masivas, muchos afirman que esto ya supuso un cambio positivo para la democracia. La presidenta Dilma Rousseff dijo que este martes Brasil "despertó más fuerte" tras las protestas.

Pero expertos creen que el impacto a mediano y largo plazo de los manifestantes dependerá de puedan mantenerse movilizados, con apoyo de la opinión pública y articulen bien sus reclamos para recoger nuevos frutos.

De lo contrario, el riesgo que corren es que esto sea sólo algo pasajero.

"El gran problema de estos movimientos son los resultados esperados", sostuvo Vera Chaia, profesora del departamento político de la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo (PUC-SP).

"La dificultad es aglutinar las reivindicaciones, sistematizarlas y dar un salto positivo", agregó en diálogo con BBC Mundo.

Sin líderes ni partidos

Algunas alcaldías anunciaron su intención de reducir los precios del pasaje de ómnibus.

La falta de un liderazgo claro es una de las características de estas protestas callejeras brasileñas que el lunes alcanzaron 11 ciudades del país.

Las manifestaciones en Sao Paulo contra el aumento en la tarifa del autobús fueron impulsadas a través redes sociales por el Movimiento Pase Libre (MPL), que desde 2005 reclama libre acceso al transporte público.

Pero Chaia descartó que ese movimiento pueda por sí solo incorporar los demás reclamos de manifestantes. "Es importante incorporar esas otras reivindicaciones", advirtió. "Ahora, cómo no lo sé".

Los partidos políticos parecen descartados.

El MLP y otras organizaciones que participan de las protestas se definen como independientes y en la marcha del lunes en Rio pudo verse cómo marcaban distancia de quienes iban con banderas de partidos políticos de izquierda, a veces abucheados.

Marco Antonio Teixeira, investigador en ciencia política de la Fundación Getulio Vargas, opinó que la falta de liderazgo y estructura orgánica puede jugar a favor o en contra de las protestas.

"Al mismo tiempo que es un problema porque de cierta forma no tienes un interlocutor", explicó, "es una ventaja en la medida que el movimiento gana un grado de autonomía y no queda rehén de los proyectos políticos con liderazgos tradicionales".

Pero dijo que "esos movimientos van a tener que producir liderazgos que negocien con las instituciones y probablemente (busquen) en los próximos procesos electorales algún tipo de cargo o mandato para reformar el sistema por dentro".

Calles y tribunas

Los brasileños residentes en el exterior también han salido a las calles.

El respaldo de la opinión pública también es considerado clave para el futuro de las protestas, y algunas encuestas sugieren que por ahora eso lo han logrado.

Un sondeo de la firma Datafolha indicó que 55% de los habitantes de Sao Paulo apoyaba las protestas al jueves pasado, antes de que la represión policial de ese día a los manifestantes causara una ola de indignación que les generó más empatía.

El hecho de que alcaldes de distintos puntos de Brasil hayan aceptado revisar las tarifas de los autobuses es otra señal de que las protestas tienen apoyo popular.

Pero esto también podría cambiar.

El alcalde paulista Haddad sugirió hoy que reducir o congelar las tarifas de autobús puede causar recortes de gastos sociales y su secretario de Transporte propuso estudiar un nuevo impuesto a la gasolina, lo que evidentemente sería impopular.

A su vez, una repetición de los desmanes que un grupo menor de manifestantes provocó ayer en el centro de Rio y en otras ciudades brasileñas también pondría a prueba la solidaridad con las protestas, pese a que sean mayoritariamente pacíficas.

David Fleischer, profesor emérito ciencia política en la Universidad de Brasilia (UnB), observó que las manifestaciones han podido capitalizar un descontento creciente en la sociedad por el costo de vida y la calidad "pésima" de servicios públicos como transporte o salud.

Agregó que los manifestantes aprovecharon que "el mundo entero está mirando a Brasil por la Copa de Confederaciones", llamando la atención con protestas cerca de los estadios donde se disputan partidos del torneo para denunciar los altos costos del Mundial 2014 en Brasil.

"El lunes después que termine el último partido de la Copa de Confederaciones (la protesta) va a vaciarse", dijo Fleischer a BBC Mundo. Pero anticipó que "va a volver en junio del año que viene con más fuerza, porque será la Copa del Mundo, que tiene muchas más cosas en juego".