¿Se jubilan los narcos mexicanos?

  • 25 junio 2013
Joaquín Guzmán Loera El Chapo
Image caption Joaquín Guzmán loera, El Chapo, vigilaba su negocio desde la prisión

Puede encarcelarse al narcotraficante, pero no al narcotráfico.

Es la premisa que parece emanar del caso del narcotraficante mexicano Rafael Caro Quintero, quien ha vuelto a los titulares de la prensa a pesar de encontrarse tras las rejas desde 1985.

Este mes el gobierno de Estados Unidos puso a 18 personas y 15 comercios en la lista negra del departamento del Tesoro, por supuestamente administrar negocios y empresas relacionadas con el narcotráfico y lavado de dinero, vinculadas con Caro Quintero.

En la lista se cuentan sus hijos Héctor Rafael, Roxana Elizabeth, Henoch Emilio y Mario Yibran, así como su esposa María Elizabeth Elenes Lerma.

Caro Quintero paga condena de 40 años como autor intelectual del asesinato del agente Enrique Camarena Salazar, de la agencia antidrogas estadounidense, la DEA.

Pero la revelación de que seguiría activo a través de una red de familiares y asociados han abierto de nuevo la pregunta si los jefes mexicanos del narcotráfico alguna vez se retiran. O si la cárcel es efectiva para alejarlos de sus negocios.

Es algo que muy pocas veces ha ocurrido, le dice a BBC Mundo Arturo Arango, consultor independiente en seguridad. "Es muy difícil pensar en un retiro desde el punto de vista tradicional", explica.

"La delincuencia organizada tiene mecanismos de control sobre sus propios miembros, y cuando alguien quiere salirse se les mueve el tapete (alfombra) a todos los demás".

Esta realidad es particularmente clara entre los líderes de carteles, añade. "Imagínense el retiro de un capo que sabe todo de todos. Quien fuera su sucesor lo que haría sería intentar matarlo".

Capos anónimos

Hasta ahora en México sólo se conocen dos casos de jefes de narcotráfico que se habrían retirado: Juan N. Guerra, fundador del Cartel del Golfo, y Miguel Ángel Félix Gallardo, "El Jefe de Jefes", quien en la década de los años 80 fue el principal líder del tráfico de drogas en el país, según la DEA.

Guerra cedió el control de la organización a su sobrino Juan García Ábrego, actualmente encarcelado en Estados Unidos, y Félix Gallardo fue detenido en 1989.

En su libro El Cartel, el periodista Jesús Blancornelas cuenta que el exlíder ordenó repartir el territorio que controlaba entre algunos de sus colaboradores.

Algunos beneficiados se convirtieron después en jefes de carteles, como Amado Carrillo Fuentes, "El Señor de los Cielos", los hermanos Arellano Félix o Joaquín Guzmán Loera, "El Chapo".

Su retiro fue posible porque el escenario en que se realizaba el tráfico de drogas era distinto, explica Arango. En muchos casos los jefes de carteles eran protegidos o aliados de autoridades policíacas.

Ahora en municipios de Tamaulipas o Nuevo León las bandas lograron controlar durante un tiempo a las corporaciones policíacas locales, según reconoce la Secretaría de Gobernación.

Pero más allá de Guerra o Félix Gallardo, hasta ahora no se han conocido más casos, quizá porque los medios suelen prestar más atención a quienes las autoridades señalan como grandes líderes, le dice a BBC Mundo Luis Astorga, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

"Hay muchos otros personajes que no aparecen en el radar, que muy probablemente ya se retiraron y nadie supo de ellos porque nunca fueron investigados o señalados por alguna autoridad", señala.

¿Cárcel?

Image caption Pocos jefes de carteles se retiran del negocio del narcotráfico

En algunos casos la prisión tampoco aleja a los jefes del narcotráfico de sus negocios.

Por ejemplo, está el caso de Osiel Cárdenas Guillén, ex líder del Cartel del Golfo, quien mantuvo el control de su organización durante el tiempo que permaneció encarcelado en México, según reconocieron especialistas y autoridades.

El Cartel se dividió meses después que fue extraditado a Estados Unidos.

Durante los años que estuvo en una cárcel de alta seguridad, El Chapo Guzmán gozaba de privilegios como bebidas alcohólicas, comida especial o drogas, además de que mantenía el control de su organización, según documentó la Procuraduría (fiscalía) General de la República (PGR).

Una situación de la que pocos escapan. Según el investigador Luis Astorga, informes del gobierno estadounidense reconocen que desde las cárceles algunas pandillas organizan la venta de droga en las calles.

"Eso nos muestra que ni Estados Unidos, que se precia de ser el país más estricto está libre de eso. ¿Cómo le pueden pedir a países como México, Colombia o cualquier otro que los delincuentes no sigan delinquiendo desde la prisión si ni siquiera los estadounidenses lo logran?".

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