Por qué Egipto no se define por El Baradei

Mohame El baradei, político egipcio, premio Nobel de la Paz
Image caption Mohamed El Baradei en el gobierno podría tranquilizar a la comunidad internacional.

Los nuevos gobernantes de Egipto necesitan conformar un gabinete que satisfaga las demandas de quienes respaldan el golpe de Estado contra Mohamed Morsi, que no enajene su precaria base de apoyo religioso y que al mismo tiempo tranquilice a la comunidad internacional atenta al futuro político de la nación norafricana.

Algunos piensan que una figura como la de Mohamed El Baradei, un político moderado que ha sido canciller, que fue jefe del Organismo Internacional de Energía Atómica de la ONU (OIEA) y quien tiene el prestigio de un Premio Nobel de la Paz, tiene lo que se requiere para el cargo.

Por eso la información difundida la tarde del sábado de que el presidente interino impuesto por los militares, Adli Mansur, había nombrado a El Baradei como su primer ministro fue bien recibida por muchos, tanto en la simbólica Plaza Tahrir de El Cairo como en la comunidad internacional.

Pero lo que los medios oficiales reportaron al principio como un hecho, sólo a la espera del acto de juramentación, pasó a ser una opción entre otras, en parte por la feroz oposición que encontró incluso entre muchos que apoyaron el golpe.

Ahora el nombre del premio Nobel de la Paz es "uno entre la lista de notables" que está considerando Mansur, según dijo el portavoz de la presidencia Ahmed Mossallamany.

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Egipto es una nación profunda y peligrosamente dividida, en medio del trauma que implica todo pronunciamiento militar, como demuestran las sangrientas manifestaciones vividas el pasado viernes cuando choques entre simpatizantes y detractores de Morsi dejaron decenas de muertos en El Cairo y otras ciudades.

Famoso afuera, desconocido dentro

El Baradei es un rostro muy conocido en la comunidad internacional. Su desempeño entre 1997 y 2009 al frente del OIEA lo puso en el centro de varias crisis internacionales, como los programas nucleares de Irak y más recientemente, Corea del Norte.

Esos trabajos le ganaron al organismo internacional y a su jefe el Premio Nobel de la Paz en 2005.

Durante su desempeño como supervisor de los acuerdos nucleares internacionales, El Baradei tuvo encontronazos con Washington porque los hallazgos de sus equipos de investigación no respaldaban las acusaciones contra Bagdad o Teherán.

Pese a ello, un gobierno encabezado por el diplomático permitiría disipar muchas de las dudas y expectativas que hay en las cancillerías del mundo sobre la dinámica política de Egipto, país clave en el equilibrio de fuerzas en Medio Oriente y aliado importante de EE.UU. en la zona.

Pero dentro de Egipto El Baradei, pese a ser considerado un liberal reformista y aunque que se opuso por igual al expresidente Hosni Mubarak y al recién depuesto Mohamed Morsi, no goza de tanta popularidad entre la mayoría de los egipcios.

El Baradei y su movimiento, el Partido de la Constitución, se definen como un liberales-seculares y dicen querer garantizar los principios de la revolución que sacó del poder a Mubarak en enero de 2011.

Su candidatura para las presidenciales de 2012, las primeras sin la presencia de Muabarak, no cuajó, en parte por la falta de las simpatías suficientes más allá de las clases medias urbanas que es su base de apoyo político.

Condicionamientos islamistas

Image caption Los seguidores de Morsi siguen en las calles exigiendo su reposición en la presidencia.

En esta ocasión, algunos factores políticos que comparten con El Baradei la oposición a Morsi y al partido de la Hermandad Musulmana, no quieren al exdiplomático al frente del gobierno interino.

Tras difundirse la versión sobre el nombramiento, el conservador Partido Islamista Nour dijo que no reconocería al exjefe de la OIEA y que abandonaría el acuerdo con los militares para apoyar el proceso iniciado el miércoles con el derrocamiento de Morsi.

Poco después vino la "aclaratoria" presidencial, que muchos analistas consideran una corrección de última hora para apaciguar al sector religioso y evitarle una crisis política a un gobierno que nace él mismo de una profunda coyuntura crítica.

Más lógica era la oposición de la Hermandad Musulmana y los seguidores de Morsi, quienes dijeron considerar al Premio Nobel como "la elección de Washington".

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"No reconocemos esta designación para Primer Ministro", dijo Jamal Hishmet, portavoz de la Hermandad Musulmana, quien sugirió que los militares no apoyarían la designación de El Baradei para el cargo e insistió en que la única manera de solucionar la crisis es mediante el restablecimiento de Morsí en el poder.

La Hermandad ha convocado a nuevas manifestaciones de protesta contra el golpe de Estado para este domingo, lo que hace temer a muchos que se vuelvan a repetir las violentas escenas del viernes.

Todo parece indicar que la gente de Morsi seguirá en las calles negados a dejarse arrebatar el triunfo electoral de 2012.

Pero también es previsible que quienes consideran un logro la salida de Morsi del poder no quieran permitir el regreso de un gobernante al que acusan de haberse convertido en un "nuevo fararón", según la descripción que hizo receintemente el propio Mohamed El Baradei

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