Los Robin Hood del sistema de salud griego

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El sistema sanitario de Grecia está cediendo ante la presión de los recortes presupuestarios masivos, una lista de pacientes en expansión y el empeoramiento de la salud pública. Para aliviar esta situación ha surgido una red de clínicas dirigidas por voluntarios.

Giorgos Vichas no es alguien que cuente con mucho tiempo. De mediana edad, con una mata de pelo negro y espeso salpicado de gris, tiene una mirada de determinación alerta, pero por un momento se vuelve melancólica.

"Cuando yo estaba estudiando para ser médico, lo que realmente quería hacer era viajar a los lugares donde necesitaban voluntarios", dice.

Al final, fue capaz de cumplir con esa ambición sin subir a un avión. Hace 18 meses, Vichas fundó la Clínica de la Comunidad Metropolitana en Helliniko, en Atenas, para griegos necesitados sin seguro de salud.

"La crisis en Grecia ha provocado una crisis humanitaria en términos del sector de la salud. Nunca imaginé que tendríamos que establecer clínicas sociales y trabajar de forma voluntaria", asegura.

Al igual que en otros países europeos, los ciudadanos griegos pagan su atención médica a través un sistema de seguros, con contribuciones de los empleadores, del Estado y de los propios beneficiarios. Cuando alguien pierde su trabajo, también se queda sin su plan de salud.

En la deuda y en la enfermedad

El Estado les da un corto período de gracia a los desempleados, pero luego no cuentan con ayudas para conseguir dinero en efectivo para los medicamentos y el tratamiento.

Cuando la llamada Troika de la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo acordaron un paquete de rescate de poco más de US$300.000 para Grecia en 2011, la condición era que el gobierno de Atenas debía mejorar el sistema de impuestos, reducir la fuerza laboral del sector público y recortar el gasto público para así disminuir la carga de su deuda.

Lo que nadie tomó en cuenta fue el impacto concreto de las medidas de austeridad, en particular el efecto perjudicial sobre el más fundamental de los servicios públicos: el cuidado de la salud.

En la actualidad hay alrededor de 40 clínicas comunitarias que operan en Grecia. La del doctor Vichas tiene 9.500 pacientes en los libros, pero con un aumento del desempleo a nivel nacional del 20% desde el año pasado (215.735 personas), el número de personas que acuden a la clínica Helliniko está creciendo rápidamente.

Las personas van allí a recibir tratamiento y medicamentos. Stamatis Govostis, un hombre de 60 años, no tiene la menor duda de lo que le pasaría a él si no fuera por el Dr. Vichas y su equipo de voluntarios.

"Eso es fácil de adivinar", dice con los ojos llorosos por la emoción. "Estaría muerto". Govostis afirma que se siente como un viejo caballo de batalla que, después de trabajar toda su vida como camarero, han abandonado para que sufra y muera.

Vichas asegura que su clínica es el único lugar en la ciudad donde los pacientes con cáncer pueden recibir quimioterapia gratuita. También están distribuyendo leche de fórmula a 200 familias para que puedan alimentar a sus bebés.

La comuna proporciona las instalaciones para la clínica, una base militar estadounidense en desuso, y paga los gastos generales. Pero los profesionales de la medicina -entre los que se incluyen pediatras, ginecólogos y cardiólogos- trabajan allí de forma gratuita.

Medicinas donadas

Image caption Las bolsas de medicinas donadas son organizadas por voluntarios.

Todos los medicamentos son donados por particulares y empresas farmacéuticas. Entran en la clínica en bolsas de plástico, sin orden ni concierto, que son procesados por un equipo de voluntarios liderado por los farmacéuticos. Ellos son los encargados de ordenarlos, fecharlos, etiquetarlos y almacenarlos.

"Lo que estamos realmente orgullosos es de esto; es un poco feo, pero es nuestro almacén", dice Martha Frangiadakis, quien integra el grupo de voluntarios. Ella comenzó a ayudar en la clínica después de ver en las calles y la televisión el sufrimiento cotidiano de los atenienses.

"Uno se sienta en su sala de estar y bebe su café y piensa que la gente está teniendo estos problemas. Y se siente terrible. Por eso, vengo una vez por semana a ordenar medicamentos. No es gran cosa, pero es algo".

Si la clínica necesita medicinas, se publica una solicitud en el blog. Pero si no puede suministrar a un paciente con lo que necesita, no es raro que los voluntarios lo acompañen a una farmacia y paguen de su propio bolsillo.

Situación desesperada

Hace poco, Katerina Dolianiti y Alexandros Zaganas llegaron desesperados a la clínica Helliniko.

Su hijo de 7 años, Christos, había sido diagnosticado con edema angioneurótico de la laringe. La pareja se dio cuenta inmediatamente de lo que esto significaba, ya que Alexandros sufría la misma enfermedad rara.

Image caption Christos tendría que llevar siempre una jeringa llena de un fuerte antiinflamatorio.

Sabían que Christos sería propenso a inflamación súbita y dramática que se extendería rápidamente por su cuerpo. Si la inflamación alcanzase su estómago sería muy doloroso y si llegara a la cara o al cuello, podría ser mortal. Por esta razón, Christos siempre tendría que llevar con él una jeringa con un fuerte antiinflamatorio.

Cada inyección cuesta unos US$780 y Christos podría necesitar dos o tres al mes. La familia era dueña de una cafetería y de un bar, pero ambos negocios debieron cerrar por la recesión. Ahora, Katerina y Alexandros están desempleados, al igual que el 27% de la población en edad de trabajar (la tasa más alta de la Unión Europea).

"Cada vez que vamos al hospital no nos atienden", dice Katerina. "Porque no tenemos seguro, no podemos obtener la inyección. Si es urgente y necesita la aplicación, a veces tengo que mentir y decir que estoy asegurada. No me gusta hacerlo, pero no tengo otra opción".

Katerina tiene facturas médicas sin pagar y no se puede esconder del sistema ni evitar que, con el tiempo, el gobierno termine añadiendo su deuda a su factura de impuestos. Está tan preocupada por su hijo que lo inspecciona cada diez minutos y no lo deja jugar con sus hermanos. Pero también está preocupada porque, si no paga lo que le debe al Estado, podría terminar en la cárcel.

"Gracias a Dios que estas clínicas comunitarias están operando y los médicos nos están ayudando; de lo contrario no habría manera de conseguir el tratamiento", dice. "La gente está muriendo, las personas no tienen seguro y no pueden entrar a los hospitales".

Vichas está actuando como intermediario entre la familia y el hospital local: está tratando suministrar antinflamatorios de forma gratuita. Su clínica tiene un historial de presionar a favor de los pacientes con problemas complejos o graves. Hace poco tuvo éxito a la hora de conseguir que el estado perdonara a un paciente el pago de una operación de cáncer que él había referido.

El Hospital General Evangelismos, en el centro de Atenas, es uno de los más grandes de Grecia. Este centro médico ha sentido el dolor de la reducción del 23% en el presupuesto de salud griego. El año pasado, su presupuesto fue de US$134 millones en comparación con los US$195 millones de 2009.

El director general del hospital, Michail Theodorou, trabaja muy organizadamente. Dice que el sanatorio ha sido capaz de realizar ahorros sin comprometer la calidad del servicio a los pacientes.

Uno de sus principales médicos del centro es más directo y franco: Ilias Sioras, cardiólogo y representante del personal del hospital con 25 años de experiencia, dice que los trabajadores están sufriendo. Afirma que las enfermeras a veces deben trabajar tres semanas seguidas sin un día de descanso.

Sioras añade que algunos médicos pasan por alto la ley y no piden los detalles del seguro de los pacientes. "Cada día violo la ley", confiesa. "Nunca pido el seguro a ningún paciente".

El médico ofrece pruebas de diagnóstico de forma gratuita y dice que, por el momento, ningún colega ha sido castigado por saltarse las reglas.

El servicio de salud griego se ha visto afectado por de múltiples formas desde que la economía del país descendió al caos. Además de los recortes presupuestarios y las necesidades de los pacientes que no tienen seguro, se ha producido una migración al seguro patrocinado por el Estado de los ciudadanos que antes pagaban la sanidad privada.

Ejemplo de solidaridad

El Dr. Panos Eustathiou, del Ministerio de Salud, está de acuerdo con que Grecia y los servicios de salud del país enfrentan a dificultades. Sin embargo, insiste en que nadie -incluyendo los ciudadanos y los extranjeros que no tienen seguro- es rechazado en los hospitales. "Los hospitales siguen atendiendo a todos los griegos", asegura.

También niega que la aparición de clínicas comunitarias es una señal de que el servicio de salud se está derrumbando.

"Estos son signos de una sociedad que opera en la austeridad y en medio de las dificultades", dice. "Son señales positivas para la civilización y la sociedad, no signos de desintegración".

En la clínica Venizelos de Atenas, el Dr. Vichas no lo ve de esa manera. Afirma que el gobierno "ha hecho caso omiso" a sus pacientes, aunque al igual que muchos griegos siente que al final no es su culpa.

"Estamos seguros de que la Troika es consciente de lo que está pasando", opina. "Es la responsable de estas políticas".

Según Vichas, su equipo no puede estar solucionando los problemas de salud de la ciudad por siempre. Está especialmente preocupado por los niños pobres que se retrasan con sus vacunas y por la desnutrición entre los lactantes por la oferta insuficiente de leche en polvo.

"Podría comparar nuestra situación a la historia de Hydra y Hércules", dice. "Cuando cortas la cabeza y crees que has conseguido algo, crecen otras cuatro o cinco".

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