La fiebre del valle: una enfermedad incurable que viene con la brisa

  • 23 julio 2013

Los casos de una enfermedad incurable llamada Fiebre del Valle se están multiplicando en el suroeste de Estados Unidos a una tasa alarmante. Seis estados se han visto afectados, pero pocos sitios han sido tan golpeados como la remota localidad de Avenal.

En medio de un calor sofocante, ni siquiera el viento le ofrece respiro.

Las ráfagas son tibias y llevan una amenaza invisible que ha cobrado y afectado la vida de muchos.

La pequeña ciudad de 14.000 personas, enclavada en el Valle de San Joaquín, en California, es lo que expertos llaman una zona caliente por la coccidioidomicosi, una enfermedad causada por la inhalación de pequeñas esporas de hongos que normalmente están en la tierra.

Descrito por el Centro de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) como una epidemia silenciosa, en 2011 se registraron 22.401 infecciones nuevas en todo EE.UU., la mayoría en el suroeste, más de diez veces de los registrados en 1998.

Image caption Emily Gorospe, de 8 años, se está recuperando de la fiebre tras pasar tres años padeciéndola.

A pesar de que dos tercios de los infectados no sufren síntomas, y que la enfermedad no es contagiosa, unas 160 personas mueren cada año cuando el hongo se esparce más allá de los pulmones y llegan al cerebro.

Mucho dolor

El paisaje de Avenal luce reseco y una niebla perpetua oscurese la distante cadena montañosa.

Caminando por la adormecida calle Kings, hay un atisbo de vida, unos niños dando vueltas en bicicletas mientras sus amigos los miran.

En el café Gallery, el personal está haciendo sandwiches para tres personas. En la pared, un portarretrato sirve como recuerdo del costo humano de la terrible enfermedad.

María Eugenia Peña murió hace seis años, tenía 39 años y estaba embarazada.

Su hijo Osvaldo Contreras, quien gerencia el café con su hermano, dice que piensa en ella cada día y cada vez que tiene un dolor de cabeza se pregunta si él será el siguiente.

"Los días de viento soy más consciente de ello", le dice Osvaldo a uno de los clientes, Enrique Jiménez.

"Respiras por la nariz y tratas de que no entre tanto polvo. Yo trabajé en el campo durante mucho tiempo, mi padre era el responsable de algunos cultivos de por aquí, y tomábamos precauciones usando pañuelos".

Esto no fue suficiente para proteger al padre de Jiménez, quien sufrió de problemas de respiración antes de que fuera diagnosticado con la fiebre del valle. Mucho tiempo después todavía está recibiendo tratamiento.

Mary García cuenta que nunca te deshaces de ella. "De vez en cuando me despierto con mucho dolor. Es como la peor fiebre que hayas tenido de una gripe".

Ella contrajo la fiebre del valle hace 10 años, y algunas veces, cuando sopla el viento, regresan los síntomas. Asegura que si alguno de sus hijos la contrae, se irá a vivir a otro lugar.

"Experiencia escalofriante"

Jim McGee es uno de los que ya está haciendo planes para irse. Tres de sus hijos todavía se están recuperando de la enfermedad y su nieto Víctor, un bebé, se está haciendo pruebas.

"Es definitivamente una de las experiencias más escalofriantes que haya tenido en mi vida", comenta Marivi McGee, de 17 años, sentada en el sofá de la casa familiar junto a Arianna y Marcos.

Lo que empezó como un dolor en el pecho pasó a su cabeza ocasionando desmayos y mareos. El hongo se había esparcido a su cerebro, pero afortunadamente, su cuerpo pudo combatir la infección sin necesidad de someterse a un tratamiento prolongado.

Los tres hijos McGee todavía sufren de cansancio. Marcos dice que su salud está solo al 70-80%.

Muchos de los niños que se enferman en Avenal terminan en el Hospital Central de Niños de California, a unos 90 minutos en auto hacia el norte. El hospital sólo tenía 4 casos de la fiebre del valle en 2001, pero en 2012 la cifra subió a 61.

"Nadie sabe por qué", dice el doctor James McCarty, director médico de la división de pediatría de enfermedades infecciosas. "Puede ser el aumento de la población en la zona, la afluencia de personas sin inmunidad o exposición previa; algunos dicen que podría ser una función de inviernos húmedos; y la actividad humana, cualquier cosa que genera mucho polvo, ya sea la agricultura o la construcción".

El especialista explica que la mayoría de las infecciones nunca producen síntomas y que el cuerpo humano se encarga de la infección. Pero un tercio de aquellos contagiados tienen prolongados síntomas de gripe.

"Esto normalmente pasa en el curso de un mes, pero uno de cada 20 desarrolla neumonía que puede ser media a severa. Y en cerca de uno de cada 100 casos, la infección se esparce fuera de los pulmones, con más frecuencia a los huesos, el cerebro o la piel. Entonces es potencialmente fatal".

A pesar de que el número de casos reportados es de unos 20.000 al año en todo el país, McCarty y otros expertos estiman que el número real puede ser de 150.000, debido a que mucha gente no sabe que la tiene, e incluso doctores en zonas endémicas no son rápidos para identificarla.

McCarty, como miles de otros, llegó a contagiarse en algún momento de su vida, pero no recuerda cuando porque no se enfermó.

Pero las personas originarias de Filipinas y los afroamericanos tienen más riesgo a desarrollar síntomas severos, por razones desconocidas, debido a que son personas con sistemas inmunes comprometidos.

La última paciente de fiebre del valle es Ruby Alejandra, de tres años, fue admitida con problemas de respiración, pero según su madre Zaida ya se está recuperando. Ellas son de la ciudad de Delano, pero McCarty explica que el número de ingresos de Avenal es impactante.

"Cualquiera que venga de Avenal es fiebre del valle hasta que se demuestre lo contrario. Es impresionante cuánto hay allí. Es verdaderamente una zona caliente, quizás por la ecología de la tierra o porque es un sitio de vertedero".

No es fácil de tratar. Los fármacos anti hongos están disponibles para casos serios, pero algunos pacientes no responden y puede llevar años limpiar la infección. Lo otro es que nunca abandona el cuerpo completamente, con lo cual los síntomas pueden regresar. Algunos pacientes quedan medicados de por vida a un costo devastador.

El caso argentino

La fiebre del valle no es única de Estados Unidos. La primera víctima que se conoce fue un soldado en Argentina en 1893. El primer caso en América del Norte apareció en San Francisco un año después. Pronto se empezó a conocer como la Fiebre del Valle de San Joaquín debido a la prevalencia de la infección en esa zona. Pero en los años 40, la existencia de la enfermedad fue bien documentada en Arizona.

Durante la Segunda Guerra Mundial, prisioneros alemanes estuvieron detenidos en un campo en Arizona y se enfermaron, esto hizo que Alemania apelara a la Convención de Ginebra para intentar moverlos de sitio.

Miembros de las fuerzas armadas estadounidenses también se han visto afectados durante entrenamientos, por lo que se han puesto césped para reducir los niveles de polvo. Y cualquiera que pasee por zonas no protegidas se enfrenta a corte marcial.

Ahora el foco, o al menos localmente, es en otro grupo de riesgo de infección. Cerca de Avenal hay dos prisiones con más de 8.000 internos en total.

En los últimos siete años han muerto más de 40 presos, y el año pasado una corte federal ordenó la salida de 2.600 internos de alto riesgo de contagio -afroamericanos y filipinos- que serán remplazados por otros de otras partes del estado.

No todas las localidades de esta parte del Valle de San Joaquín están malditas con la fiebre del valle de la misma forma que Avenal. En Madera, a unos 160 km al norte, algunas de las personas entrevistadas por la BBC no habían oído hablar de la enfermedad. Muchos californianos no están al tanto de ella. San Diego, por ejemplo, está en el mapa de la fiebre del valle, pero el CDC asegura que el riesgo a contagio es tan pequeño que no desalienta viajar allí.

Las dos zonas más endémicas son el Valle San Joaquín y el sur de Arizona. En los últimos 14 años, dos tercios de los casos registrados vinieron de allí.

Pero el mapa más reciente de la enfermedad data de los años 50, así que las áreas endémicas podrían haber cambiado, según Ben Park, del Centro de Control de Enfermedades. Este año se han identificado casos en zonas del este del estado de Washington, en el noroeste de EE.UU., una zona que no estaba en el mapa de la enfermedad.

De paso también hay riesgo

No son sólo los residentes los que están en riesgo. El joyero británico David Liss la contrajo durante un viaje de negocios a Tucson, Arizona, en 2009. Empezó a tener dolor de garganta que pasó a ser tos en el pecho, dificultad para respirar y noches de sudor.

Liss le comentó a los doctores de la fiebre del valle porque lo había escuchado durante sus múltiples viajes a Arizona que hizo a lo largo de los años. El resultado dio positivo.

Sharon Filip advierte que no se ha hecho mucho para advertir a los visitantes. Ella contrajo la enfermedad y casi muere, lo que la llevó a crear un grupo de sobrevivientes.

"El hecho es que cualquiera que respire puede estar infectado. Cualquiera puede tener una infección letal de una simple espora".

"Si la gente supiera que la inhalación de una sola espora puede causar una infección de por vida, debilitando las fuerzas, personas perdiendo su sustento y toda una vida puesta de cabezas, ¿irían allí?", pregunta Filip.

Pero el hombre que probablemente sabe más de la fiebre del valle que cualquier otra persona piensa que los riesgos se deben poner en perspectiva.

El profesor John Galgiani estudió la enfermedad durante 30 años y fundó el Centro de la Fiebre del Valle por Excelencia en la Universidad de Arizona, en Tucson. Él estima que hay un 3% de probabilidad de infección si pasas un año en una zona altamente endémica, y sólo un 1% de enfermarte.

Pero el experto aclara que la gente se puede infectar de las formas menos probables. La esposa de un científico la contrajo en la Bahía de San Francisco después de sacudir los pantalones que él estuvo usando en un viaje al Valle de San Joaquín.

El doctor Galgiani dice que no hay nada que puedas hacer para mitigar los riesgos. Las máscaras, por ejemplo, no pueden prevenir que una simple espora sea respirada, pero un aumento de la conciencia podría significar un diagnóstico más temprano y mejores resultados para la salud.

La búsqueda por una vacuna ha estado plagada de problemas, principalmente por la falta de fondos.

El profesor de biología de la Universidad de Texas, Garry Cole, cuenta que una vacuna en la que se está trabajando ahora quizás no llegue a la etapa de las pruebas clínicas, a menos que salgan voluntarios dispuestos a ser inyectados.

El experto dice que hay progresos prometedores en otra vacuna, pero no está atrayendo a suficientes inversores.

Los residentes de Bakersfield, California, están tan frustrados ante la aparente falta de interés de las compañías farmacéuticas que crearon su propia fundación para recaudar fondos.

Pero una vacuna no saldrá lo suficientemente pronto para la gente de Avenal, donde cada vuelo de hoja les recuerda de la amenaza que hay en el aire.

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