Tecnología para evitar suicidios en el ejército de EE.UU.

soldados estadounidenses
Image caption La salud mental de muchos militares estadounidenses es un tema de preocupación.

Hace unos años, Chris Poulin se desenvolvía en el complejo mundo de las predicciones financieras. Pero ahora, este investigador decidió utilizar sus conocimientos para un área completamente distinta: prevenir suicidios en el ejército de Estados Unidos.

Poulin es el director del proyecto Durkheim, que se presentó a comienzos de julio y que busca escanear la vida tecnológica de los militares y los veteranos -desde sus tuits hasta sus actualizaciones de Facebook, pasando por sus mensajes de celular- para predecir a gran escala cuándo hay riesgo de suicidio.

El Durkheim no es el único proyecto de su estilo: afectado por las cifras récord de suicidios en las fuerzas armadas -cada día se quita la vida un militar que ha regresado de una zona de conflicto-, el gobierno de Estados Unidos está recurriendo a las novedades tecnológicas para complementar las técnicas de prevención tradicionales.

Entre las medidas están una aplicación que ofrece razones de esperanza cuando hay una crisis, una experiencia interactiva basada en Second Life y una amplia variedad de páginas web con recursos e historias personales.

Y aunque sus proponentes resaltan los beneficios que tienen estas técnicas, en especial la posibilidad de tener un mayor alcance entre las poblaciones afectadas, también ha habido críticas por el posible abuso a la privacidad o la dependencia de internet, donde hay mucha información no regulada.

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Mundos virtuales

Image caption Virtual Hope Box espera ofrecer mensajes positivos.

Más allá de las opiniones al respecto, lo cierto es que el 93% de los militares activos utiliza teléfonos inteligentes y alrededor del 60% ha bajado aplicaciones gratuitas, según la página web del Pentágono.

Esa es una estadística que Washington quiere aprovechar en por lo menos dos sentidos para darles un nuevo aire a sus programas de prevención, que algunos han cuestionado por el incremento en las tasas de suicidio en los últimos años.

Una idea es ofrecer nuevas herramientas móviles para la salud mental. Otra es analizar los comportamientos en línea en busca de indicadores de riesgo.

Una entidad adscrita al Pentágono, que se conoce como T2, tiene precisamente el primer objetivo y ha creado varias aplicaciones: desde un entrenador para el estrés postraumático hasta una experiencia interactiva basada en el mundo virtual Second Life.

También está probando un dispositivo para la prevención del suicidio, según le cuenta a BBC Mundo el investigador del T2 David Luxton: se llama Virtual Hope Box y pretende ofrecerles razones de esperanza a los usuarios cuando tienen una crisis.

Tiene opciones para ver imágenes o videos que evoquen buenos recuerdos, leer mensajes inspiradores o hacer ejercicios de relajación y de respiración.

Uno de los ejemplos del segundo objetivo es el proyecto Durkheim, que es desarrollado por una empresa privada pero ha contado con el apoyo de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (Darpa) y el Departamento para los Asuntos de los Veteranos.

Según le cuenta Chris Poulin a BBC Mundo, Durkheim revisa la actividad en línea de militares que aceptan ser parte del proyecto con ayuda de aplicaciones para celulares y para Facebook, y luego sube la información a una base de datos médica, donde se analiza con ayuda de sistemas de inteligencia artificial.

El objetivo es encontrar palabras o términos que fueron previamente detectados en veteranos con tendencias suicidas, para así hallar los cambios a veces sutiles en los indicadores de riesgo.

Privacidad

Image caption En el proyecto Durkheim, el color rojo está asociado con suicidio, el amarillo con otros problemas siquiátricos, el verde con un riesgo bajo.

Jacqueline Garrick, directora de la oficina del Pentágono encargada de la Prevención del Suicidio (DSPO), le dice a BBC Mundo que los dispositivos tecnológicos que están en desarrollo les permiten a los militares en riesgo sentirse más cómodos para comenzar a debatir los problemas porque lo pueden hacer a su propio ritmo.

Pero Garrick también cree que estas herramientas deben ser apéndices al tratamiento sicológico y que todavía es necesario desarrollar pautas para incorporar la tecnología al ambiente clínico.

"Tenemos que ver cómo desarrollamos políticas que estén conscientes de la privacidad de las personas, que capturen los datos correctos y que cuando usemos la información, la usemos para facilitar que alguien reciba el apoyo que necesita", dice.

Al referirse a la privacidad, Garrick toca precisamente uno de los temas más polémicos de estas nuevas tecnologías: el manejo de los datos que se obtienen.

Chris Poulin, de Durkheim, es consciente de ello. Él admite que su tecnología es "muy invasiva" y dice que las personas tienen derecho a estar preocupadas por la privacidad especialmente en asuntos de salud mental.

Sin embargo, él se apresura a defender su proyecto: dice que su participación es totalmente voluntaria, que sigue reglamentos médicos y que los datos están cifrados de acuerdo con los estándares de privacidad médicos.

Agrega algo en lo que coincide con David Luxton y con Jacqueline Garrick: estas nuevas tecnologías no reemplazan los tratamientos médicos.

Lo que sí pueden hacer es darles una mano.

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