El hombre que se despertó al borde del precipicio en Rosario

  • 7 agosto 2013
  • comentarios

La madre y la novia de Franco se mueven con el impulso que empuja la desesperación. Van y avanzan entre los cables cortados, los vidrios rotos, lo ecos de un estruendo inaugural. Eugenia, la madre, es médica y logra sobreponerse a los improvisados controles que el protocolo de la urgencia requiere. Florencia la sigue. Llegan hasta un estacionamiento de un supermercado del bulevar Oroño y desde allí divisan el séptimo piso donde vive Franco, el novio, el hijo. Y el panorama es desolador. No hay paredes en la espalda del departamento, solo techo y derrumbe. Hay gritos, desesperación y confusión. Ellas, aseguran haber visto a Franco por TV, vivo, gritando "estoy bien". Ellas quieren verlo.

Image copyright other
Image caption Franco Jártiton logró recuperar su celular antes de ser rescatado. Tenía 40 llamadas perdidas.

Los periodistas buscamos un número. El número de muertos que nos de la magnitud real de ocaso. Dicen 20, 30 o 40 como si la tragedia fuera una lotería. Los familiares que corren hasta Salta y Oroño quieren ver, tocar y abrazar a sus seres queridos. Florencia y Eugenia no quieren que Franco esté en la lista que buscamos los periodistas. Franco sale al borde un balcón que no existe. Franco grita que está vivo. Vive. En la lotería de la vida, Franco sólo tiene un manchón de sangre.

A las 9 de la mañana sonó el despertador, pero el futuro ingeniero químico de 33 años que está desocupado no puede levantarse. El despertador sigue sonando, pero el ruido que moviliza al muchacho es un pitido constante, llamativo, alarmante. Franco dice que estaba soñando. Entre el sueño y la ensoñación piensa en un escape de gas, pero sigue durmiendo. Acto seguido, el fuego, el ruido y el pavor. El joven aparece de golpe en el borde del abismo. En su departamento de siete pisos ya no hay paredes: sólo techo y piso.

Image copyright Reuters
Image caption Se cree que el incidente pudo haber ocurrido por la explosión de una caldera o un escape de gas.

Franco esperó casi cuatro horas para ser rescatado. Desde abajo, su novia y su madre seguían con nerviosismo la acción, en medio del caos, las corridas y la esperanza. Distinguió entre los escombros la heladera y la cocina de su vecina. Empezó a gritar: "¡Norma! ¡Norma!".

Tras eso, llegó hasta su departamento sin entrar por ninguna puerta. Norma estaba debajo de los escombros. Franco estuvo casi una hora quitandolos para sacar a su vecina que se salvó gracias a que una madera de gran porte estaba sobre su cabeza. Norma estaba inmovilizada. Franco, además de salvarse, salvó a una vecina.

El joven no vio muertos pero escuchaba que los gritos llegaban de todos lados. Franco Járiton encontró antes de ser rescatado sus documentos y su celular. Tenía más de 40 llamadas perdidas. El hombre que no murió se despertó al borde del precipicio suspira profundamente "¡Ay Dios!". Se abraza con Florencia y Eugenia, las mujeres que no tuvieron que leer la lista negra que buscamos los periodistas en la mayor tragedia que ocurrió en Rosario.

*Este artículo fue publicado originalmente en el diario La Nación de Argentina el 6 de agosto de 2013, tras una explosión en la ciudad de Rosario que dejó un saldo de al menos 12 muertos y 60 heridos. BBC Mundo lo reproduce con su autorización.

Lea el artículo original en La Nación