La guerra de los bichos entre EE.UU. y Alemania Oriental

El 23 de mayo de 1950, el agricultor Max Treger vio dos aviones estadounidenses sobrevolando sus campos en Shoenfels bei Zwickau, una localidad rural en Alemania Oriental.

A la mañana siguiente -según cuenta un panfleto del gobierno- descubrió con asombro que sus cultivos estaban plagados de escarabajos de la papa (Leptinotarsa decemlineat), un insecto que puede acabar con plantaciones enteras de este tubérculo.

Este escarabajo, descrito por primera vez en 1824, se convirtió en una amenaza para los cultivos europeos cuando llegó por primera vez a fines del siglo XIX, acompañando a las papas importadas de Estados Unidos.

¿Se trató acaso de un intento deliberado de EE.UU. de sabotear las cosechas de la llamada República Democrática Alemana para socavar sus esfuerzos de reconstrucción en la era de la posguerra?

Los medios del Estado socialista reportaron una serie de casos en que las cosechas resultaban dañadas por estos insectos, después de que aviones estadounidenses sobrevolaran la zona.

Los políticos se enfurecían por esta "invasión de embajadores estadounidenses de seis patas" mientras que el gobierno describía la situación como "un ataque de los imperialistas estadounidenses a los suministros de alimentos de nuestro pueblo".

Y así el país comenzó a movilizarse para ganarle la guerra a este enemigo diminuto pero letal.

Abajo los escarabajos yanquis

El gobierno montó una campaña de propaganda -con folletos, láminas e historias en la prensa- en las que describía a los escarabajos de la papa como pequeños soldados estadounidenses con botas y cascos militares. Los bautizaron Amikäfer, es decir, "escarabajos americanos".

Jóvenes de todo el país eran enviados a cazar estos insectos a la salida de la escuela.

"Nos decían que eran una peste y que estaban dejando nuestros campos pelados", cuenta Ingo Materna, quien en ese entonces tenía 18 años.

"Nos metíamos entre las hileras de papas y cada uno trataba de juntar los más que podía. Quizás 20 o 25 al día. Luego los poníamos en unos frascos de vidrio. Después se los llevaban y los destruían".

"Lo más peligroso eran las larvas porque eran las que más comían. Eran carnosas y suaves y las teníamos que levantar con los dedos. No teníamos pinzas o guantes de goma", recuerda.

"A las chicas, en particular, no les gustaba. Nosotros tampoco las queríamos tocar, pero ¿qué íbamos a hacer?".

Pesticidas en falta

Image caption Antes de la guerra también había escarabajos de la papa en Alemania Oriental.

Los escarabajos de la papa ya eran comunes en Alemania antes de la guerra, afirma Erhard Geissler, experto en guerra biológica del Centro de Medicina Molecular Max Delbrück, quien estudió la historia de las plagas.

Y, de hecho, en 1950 había muchos escarabajos en el campo. Pero hay muchas otras razones que pueden explicar su presencia, explica el científico.

Por empezar, "no había suficiente pesticida disponible porque no se producía lo necesario y lo que se producía se enviaba directamente a la Unión Soviética".

Sin embargo, muchos en Alemania Oriental creyeron que la culpa era de los estadounidenses.

"La mayoría de la gente mayor, sobre todo en áreas rurales, recuerda que fueron los imperialistas estadounidenses los que propagaron la plaga desde sus aeroplanos", dice el experto.

Ingo Materna piensa otra cosa: "No nos lo tomábamos en serio".

Aunque él y sus amigos se encargaban pacientemente de recolectar escarabajos, no estaban convencidos en absoluto del argumento de las autoridades.

"La idea de que EE.UU. los estaba lanzando era, por supuesto, ridícula".

Era el tiempo de la Guerra Fría, cuando cundía la desconfianza entre Oriente y Occidente.

Una única papa para desayunar

Para Materna, que compartió sus recuerdos como parte del proyecto de historia oral "Memoria de la nación", el gobierno aprovechaba cualquier oportunidad para acusar a EE.UU.

"Quizás algunas de las historias fuesen ciertas pero otras definitivamente no lo eran", dice. "La historia de los escarabajos es una de las falsas", añade.

Pero dejando a un lado el origen de la plaga, los escarabajos representaban una seria amenaza para las cosechas de Alemania Oriental.

"Las papas eran nuestro alimento principal en ese momento", recuerda Geissler, quien creció en Leipzig.

"Mi padre, mi madre y yo compartíamos una única papa en el desayuno. Fue un shock cuando nos enteramos de que nuestro suministro alimenticio corría peligro".

Materna también se acuerda de la importancia de eliminar a los escarabajos.

"Sobrevivimos la Segunda Guerra Mundial, vivimos las cuatro ocupaciones, tuvimos que sufrir muchas cosas", dice.

"Por eso, si había escarabajos, teníamos que eliminarlos para tener comida. Así de simple".

Plan posible

La idea de aviones que lanzan escarabajos al campo no es completamente absurda.

En esa época, los aviones estadounidenses volaban bajo sobre algunas partes de Alemania Oriental, para entregar suministros a Berlín Occidental.

Y, explica Geissler, varios gobiernos ya habían considerado la posibilidad de usar al escarabajo de la papa como arma, aunque no hay evidencia de que este plan se haya puesto en práctica.

Los británicos consideraron lanzarlos sobre Alemania durante la Primera Guerra Mundial, por ejemplo. Y si bien Hitler prohibió cualquier investigación sobre armas biológicas, un pequeño grupo de científicos alemanes llevó a cabo una serie de pruebas en 1943,tirando desde el aire escarabajos de la papa criados especialmente con ese propósito. Al poco tiempo, la idea fue abandonada.

En Alemania Oriental, en 1950, el Ministerio de Agricultura comisionó un informe para respaldar sus acusaciones contra EE.UU., que incluía entrevistas con testigos y expertos.

Pero los "expertos" que figuran en la investigación nunca habían publicado antes sobre estos insectos o ninguna otra especie invasora, señala Geissler y el comité estaba formado mayoritariamente por políticos, no científicos.

La historia, concluye, estaba destinada a encubrir la propia incapacidad del gobierno para luchar contra los escarabajos y le daba a la gente un nuevo argumento contra los estadounidenses.

Geissler cree que el gobierno de Alemania Oriental no creía en su propia historia. "No eran estúpidos. Tenían convicciones políticas y estaban preocupados por el desarrollo de la Guerra Fría, pero no creo que hayan sido tan estúpidos como para creerse su propia propaganda".