Francia, el nuevo mejor amigo de EE.UU. en la crisis siria

  • 4 septiembre 2013
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Presidente de Francia, Francois Hollande
Hollande se ha convertido en el amigo más aguerrido de Washington.

Cuando en 2003 Francia se negó a apoyar a EE.UU. en la invasión a Irak, el país europeo se volvió un aliado antipático, al punto que algunos congresistas conservadores estadounidenses propusieron que las tradicionales french fries (papas a la francesa) se denominaran freedom fries (papas de la libertad).

Diez años después, las papas siguen siendo "francesas", Irak es una gesta que muchos prefieren olvidar y París se ha convertido en el único aliado importante dispuesto a acompañar a EE.UU. en el plan de castigar al gobierno de Siria por el supuesto uso de armas químicas contra la población civil.

"Francia es el más viejo amigo de EE.UU.", dijo el secretario de Estado John Kerry cuando anunció la semana pasada la decisión de su gobierno de atacar al régimen de Bashar al Asad, recordando sin mencionarlo el apoyo francés recibido para la independencia estadounidense.

Eso fue interpretado por algunos como una diplomática cachetada de Kerry al primer ministro británico David Cameron, quien no logró que el parlamento le permitiera honrar la "relación especial" que suelen tener Londres y Washington.

La involuntaria deserción de Cameron hizo más importante para el presidente Barack Obama el respaldo que su colega francés Francois Hollande pueda darle en la aventura siria.

Y mientras en París esperan que el Congreso en Washington autorice el ataque, muchos se preguntan qué ha cambiado para que hoy el gobierno galo esté dispuesto a acompañar a un socio frente al que ha mantenido una celosa independencia desde tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

El pasado colonial

La diferencia entre la situación en Irak del 2003 y la de Siria del 2013 radica en las responsabilidades que Francia considera tener como antiguo poder colonia en la zona, según la interpretación que hace Fen Hampson, director de Seguridad Global del Centro para la Innovación de la Gobernabilidad Internacional de Canadá.

"Hay que reconocer que mucho de la política exterior francesa, sobre todo cuando involucra intervenciones militares, está motivada por sus intereses coloniales", dijo Hampson a BBC Mundo.

Eso explicaría porqué París no consideró prudente sumarse a la coalición que sacó del poder a Saddam Hussein: porque además de basarse en una premisa que al final resultó falsa (la existencia de armas de destrucción masiva) es un país históricamente vinculado a Reino Unido.

En cambio en Libia en 2011, o en Mali a principios de 2013, los franceses han estado al frente de las iniciativas militares en territorios en los que París considera tener "responsabilidad" como exmetrópoli.

Aunque los ciudadanos franceses, al igual que los británicos y los estadounidenses, lucen divididos sobre la conveniencia de "castigar" al gobierno sirio, al esgrimir el legado colonial, Hollande logra diluir algo las críticas en la opinión pública.

"En Siria y en naciones donde Francia ha intervenido recientemente hay un fuerte legado colonial que determina las percepciones y actitudes de los franceses ante estos conflictos", afirma Hampson.

"Además, creo que se puede decir que la opinión pública, cuando las tropas están en peligro –aunque este no sea actualmente el caso- hay una tendencia a arroparse en la bandera".

Temor al extremismo islámico

Otro factor que motiva a la Cancillería francesa a intervenir es su temor a la expansión del extremismo islámico en Medio Oriente o África y la potencial repercusión que pueda tener dentro de la sociedad francesa, que cuenta con una de las mayores comunidades musulmanas de Europa Occidental (7,7% según el reporte del Centro Pew de 2011).

En enero de 2013 las tropas francesas llegaron a Mali para desalojar a los grupos radicales salafistas que habían ocupado el norte del país africano el año anterior, en medio de una crisis generada por un golpe de Estado contra el gobierno de la excolonia francesa.

La exitosa intervención militar, que posteriormente dejó en manos de fuerzas de una coalición africana el control del país, contó con el respaldo mayoritario de la ciudadanía francesa por lo expedito, lo incruento y los resultados favorables obtenidos.

Igualmente sucedió, cuando en marzo de 2011 Francia encabezó, junto a Reino Unido y EE.UU., los bombardeos contra posiciones del ejército de Libia que arremetía con fuerza contra los rebeldes alzados contra Muamar Gadafi.

Pero una operación en Siria podría no ser tan simple, tratándose de un país más complejo, con un ejército poderoso y unos grupos rebeldes -algunos de ellos de tendencia radical- fuertemente armados.

En este caso lo más probable es que no se vaya a contar con un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, que si autorizara una acción militar internacional, se da por descontado que será bloqueada por Rusia o China.

Cambios de opinión

Kerry sigue presentando los argumentos estadounidenses a favor de una acción contra Siria.

A diferencia de Irak en 2003, el argumento que presentan Washington y París para actuar contra Siria es fundamentalmente humanitario: el uso de armas de destrucción masivas y, en un lejano segundo lugar, la crisis de desplazados generada por el conflicto interno.

Denis Bauchard, analista del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, un centro de estudios de París, considera que la participación de Francia se produce de una manera "preocupante".

"Somos el único socio occidental importante que se pone del lado de EE.UU.. Eso puede llevar a algunos malos entendidos con la opinión árabe, a cierto aislamiento dentro de la Unión Europea y a crear tensiones en el frente doméstico", afirmó Bauchard en entrevista con el diario USA Today.

Los sondeos de opinión indican que entre 45% y 55% de la población francesa apoya medidas punitivas limitadas contra Al Asad.

Los contrarios a la participacion de París en Siria están mayormente en la derecha, mientras que los socialistas aceptan el argumento moral de actuar ante el supuesto uso de un arma que hace un siglo hasta los militares acordaron no emplear nunca más.

Pero en caso de que la intervención se complique operativa y políticamente, la opinión pública francesa podría terminar cuestionando que Hollande haya comprometido la apreciada excepcionalidad francesa y su tradicional independencia frente a EE.UU. en una aventura militar sin respaldo internacional.