La pelea de Argentina por salvar el fútbol

  • 10 septiembre 2013

Cualquier fanático de Boca Juniors dirá orgulloso que hay pocos eventos deportivos a la altura de un partido en La Bombonera, la catedral "bostera".

Hasta 50.000 seguidores vestidos de azul y amarillo, ondeando las banderas y cantando al Boca de sus amores, el equipo de fútbol que se autoproclama "el más grande de América".

"Y dale dale dale Bo, a todas partes voy con vos...de la cabeza…", retruena en la hinchada.

Pero esta noche, en el encuentro frente a Newells de Rosario en La Bombonera, también hay un recordatorio del lado oscuro del fútbol argentino.

Una pancarta colgando de las gradas en la que se puede leer un mensaje breve pero contundente: "Asesino".

La tela, colocada por miembros de la agrupación de seguidores de Boca La 12, está dirigida a uno de los líderes que se disputa su control y al que acusan de haber incitado el tiroteo entre fanáticos del club que dejó dos muertos en julio.

Hasta 150 balas se dispararon en la batalla fraticida en las afueras del estadio de San Lorenzo, en Buenos Aires, poco antes de un partido que acabó siendo suspendido.

Dos meses después el caso sigue abierto y rodeado de controversia, después de que el jefe de la Policía Federal Argentina admitiera haber recibido amenazas de muerte por parte de los radicales por investigar a sus líderes.

El negocio del fútbol

Image caption Las nuevas medidas se tomaron tras la muerte de tres aficionados en los últimos meses.

Más de 70 personas han muerto en el país en incidentes relacionados con el fútbol desde el año 2000, según la organización no gubernamental Salvemos Al Fútbol, tres de ellas durante este invierno.

Los enfrentamientos más recientes sirvieron como cruda llamada de atención: la violencia en el fútbol argentino ya no tiene que ver sólo con las peleas entre equipos rivales.

Las barras bravas, como se conoce popularmente a estos grupos radicales, también se atacan dentro del propio equipo para hacerse con el negocio que rodea al fútbol.

En juego está por ejemplo controlar la rentable reventa ilegal de entradas.

Evidencias en video presentadas ante las autoridades por la oficina de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires a las que tuvo acceso BBC Mundo muestran cómo vendedores ofrecen boletos por US$80 -en realidad no cuestan más de US$5 si se compran legalmente- a plena luz del día y a pocos metros de los guardias de seguridad en las afueras de los estadios.

Las barras también tienen bajo su mando la venta de productos no oficiales de los clubes, puestos de comida y aparcamientos en calles aledañas a la cancha.

Y sobre todo, siguen suponiendo un fuerte apoyo para políticos locales, autoridades deportivas y líderes sindicales, advierte a BBC Mundo la Defensora adjunta del Pueblo porteña, Graciela Muñiz.

Reparto de culpas

Poco después del tiroteo entre barras de Boca, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner lanzó un mensaje a las autoridades deportivas del país, cartulina en mano, ante centenares de seguidores.

"Tarjeta roja para ciertas dirigencias deportivas que siguen protegiendo a delincuentes y siguen permitiendo que pase lo que pasó ayer. A las cosas por su nombre", declaró Kirchner.

Sin embargo, el mensaje no sentó bien en el interior de los estadios.

"Aquí no hay que sacar tarjeta roja o amarilla, aquí hay que ponerse a trabajar", le dice a BBC Mundo Daniel Angelici, presidente de Boca Juniors.

Image caption La nueva tarjeta AFA Plus será obligatoria para todos los hinchas y turistas que quieran ingresar al estadio.

"Si del Estado quieren cargar las tintas para decir que los responsables somos los dirigentes, nosotros podemos tener una cuota de responsibilidad que es muy chica, podemos ayudar, pero la verdad al Estado no se le puede escapar que la seguridad de cualquier cosa que pase en el país ellos son los responsables", asegura.

Boca, uno de los clubes que mayores problemas está enfrentando a cuenta de sus barras, niega la entrada a sus instalaciones a 146 de sus socios, pero algunos de los líderes de La 12 siguen caminando libremente por el estadio.

"Me los he cruzado a veces en el club, como son socios usan las instalaciones. Nosotros tratamos de que estén lo menos posible. Saben claro que cualquiera de ellos que viole el estatuto del club o la ley del deporte nosotros le pondremos el derecho de admisión", dice.

La "supertarjeta"

La esperanza de las autoridades futbolísticas se llama AFA Plus (en referencia a la Asociación del Fútbol Argentino o AFA).

Se trata de una tarjeta con información biométrica y datos sobre antecedentes penales que será obligado presentar antes de comprar una entrada para los partidos.

Los aficionados ya se están empadronando en diferentes oficinas por todo el país, dejando sus huellas digitales, tomándose fotos y aportando su información a las bases de datos.

El sistema se pondrá a prueba el próximo 22 de septiembre en un encuentro entre Colón y San Lorenzo, en la ciudad de Santa Fe, aunque los planes de la AFA es que pueda aplicarse a todas las divisiones de fútbol en la próxima temporada.

"Si el Papa quiere ir a ver a San Lorenzo, que es el club del que es hincha, tiene que estar empadronado en AFA Plus", dijo Germán Lerche, el presidente de Colón, para defender la fiabilidad del sistema.

Esta no es la única medida tomada recientemente para acabar con la violencia en el fútbol argentino.

Tras la muerte en junio de un hincha de Lanús en un enfrentamiento con la policía fuera de un estadio de La Plata, el gobierno decidió limitar al público local la asistencia al campo.

La prohibición de entrada de público visitante a los partidos se mantendrá al menos hasta octubre, según las autoridades, aunque los hinchas argentinos -cuya inmensa mayoría siguen pacíficamente a sus equipos- han encontrado la manera de entrar a los estadios.

Image caption Familiares de víctimas aseguran que falta compromiso político contra la violencia en el fútbol.

Por ejemplo, algunos visitantes optaron por registrarse como fans del equipo rival, para poder ingresar al recinto, en una suerte de "socio por un día".

Por su parte, el ministro de Seguridad argentino, Sergio Berni, calificó como un éxito la medida de limitar la entrada de visitantes.

Pero sólo unas horas después de que Berni definiera el desarrollo del actual torneo como "tranquilo", dos hinchas fueron apuñalados en un choque entre barras del club Claypole, en la liga regional.

Entonces, ¿y si ninguna de las medidas tomadas hasta ahora funcionara?

"Si esto no se puede resolver, que se pare (el fútbol)", dice Angelici.

"Igual hay que repetir lo que se hizo en otros países. Nada vale la vida de un hincha".

Escepticismo

Eso lo sabe bien Liliana Suárez.

Su hijo Daniel, de 19 años, murió poco después de que unos radicales le apuñalaran durante un partido entre Argentina y Chile de la Copa América de 1995, en Uruguay.

18 años después de aquel episodio que conmocionó al país nadie ha sido condenado por la muerte de Daniel García, pero su madre se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la violencia en el fútbol.

"Lamentablemente esto no va a cambiar si no hay un verdadero compromiso político", asegura a BBC Mundo.

"El barra brava es el eslabón más débil, no existirían si no tuvieran la protección de un dirigente deportivo, de dirigentes políticos, de la complicidad de la policía. Todos han hecho del fútbol un negocio muy grande", denuncia.

"Todos se lavan las manos, nadie tiene nada que ver… y la muerte de tu hijo queda en nada".

Este invierno se celebró en Argentina la primera Copa Daniel García, un torneo para niños centrado en promover el juego limpio y la deportividad.

Image caption Argentina aspira a organizar el Mundial en 2030, pero la violencia de sus fans radicales sigue siendo un problema.

Durante los partidos, estos ayudan a los rivales a levantarse de la hierba cuando sufren una falta y sellan el encuentro con un abrazo.

Después todos reciben una medalla en la que se puede leer aquello que Liliana nunca encontró: "Justicia".

Quizás alguno de estos jóvenes acabe jugando en la Copa del Mundo de 2030, que la Asociación Argentina de Fútbol sueña con poder organizar junto a sus vecinos uruguayos.

Para lograrlo, el país tendrá que limpiar su fútbol y desterrar la cultura de violencia que desangra su gran pasión nacional.

"Todos somos culpables de esta violencia", dice Esther, una hincha que espera para entrar al partido entre Boca y Newells.

"Fuimos permitiendo cada vez más al violento, ser barra es como un orgullo, es como un ídolo en el fútbol argentino", asegura.

"Ahora estamos pagando por ello".

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