El cuerpo humano, donde reinan los microbios

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Esta nota pertenence a la serie de BBC Mundo "Microbioma: el huerto humano", dedicada a los más recientes desarrollos en el campo de estudio de la microbioma humana, el conjunto de bacterias, virus, hongos y protozoos que habitan dentro de y sobre la superficie de nuestro cuerpo y cuyo rol es clave para el saludable desarrollo de nuestra vida.

Así como el Hombre fue aprendiendo a proveerse de alimentos, vestirse y guarecerse en una Tierra que los precede en millones de años, su cuerpo se adaptó hacia su interior: allí, millones de microorganismos establecieron sus propias "comunidades" y crearon sus propias dinámicas.

Antes de que cualquier forma de vida compleja habitara el planeta, los microbios ya estaban aquí. A medida que otras especies fueron surgiendo, estos primitivos habitantes las fueron colonizando y estableciendo con ellas relaciones simbióticas.

Las vacas, por ejemplo, no se alimentan de las pasturas que ingieren. Las utilizan para alimentar microbios que viven en su organismo. Lo que en realidad constituye su comida son los subproductos del metabolismo de los microbios.

Y nosotros, los seres humanos, también hemos establecido vínculos similares con nuestros colonizadores.

Por ejemplo, no poseemos todas la enzimas necesarias para digerir vegetales, así que necesitamos la ayuda de los microbios que viven en nuestro aparato digestivo para procesarlos (¿o ellos necesitan de nuestra ayuda -nos usan- para acceder a esos alimentos?).

Cuando fermentan estos vegetales en nuestro intestino grueso generan ácidos grasos de cadena corta, una fuente de energía fundamental para las células humanas. Los microbios que cargamos con nosotros también nos proveen vitaminas esenciales para la vida, que no podríamos obtener de otra forma.

Image caption "No podemos optimizar la salud hasta que no entendamos bien quiénes somos", dice María Domínguez Bello.

La granja humana está compuesta de diversas especies de bacterias (la mayoría), virus, hongos y protozoos que habitan dentro de y sobre la superficie del cuerpo. Este conjunto se llama microbioma humana.

La ciencia está descubriendo cada vez más cuánto este ecosistema determina cómo funciona nuestro cuerpo, influyendo en alergias como asma, problemas metabólicos y condiciones como la obesidad, además de contribuir a la consolidación de nuestro sistema inmune y hasta influir nuestros estados de ánimo.

De hecho, pone en cuestión la mismísima definición de qué y quiénes somos.

Superados numéricamente

En nuestro organismo hay diez veces más células de microbios que células humanas propias. El genoma humano tiene entre 20.000 y 25.000 genes, pero la microbioma con la que cargamos alcanza unos ocho millones de genes, cientos de veces más.

Es más, los microbios que habitan el aparato digestivo (99% de los que hay en nuestro cuerpo) pesan todos juntos alrededor de 1,3 kilogramos, lo mismo que un cerebro humano promedio. Hay quienes dicen que la red de neuronas que rodean a nuestros intestinos debería considerarse un segundo cerebro, por la cada vez más fuerte relación que se está estableciendo entre los microbios y el comportamiento humano.

"Es extraño", dice a BBC Mundo la experta Lita Proctor, "porque uno se mira en el espejo y no los ve (a esos microbios)".

Pero están ahí, y son tan parte de nosotros como nuestras propias células. Y por eso, cree Proctor, "tenemos que redefinir qué es el 'yo'".

Proctor es la coordinadora del Human Microbiome Project (Proyecto Microbioma Humano), financiado por los Institutos de Salud Nacionales de EE.UU. (NIH por sus siglas en inglés), una de las dos grandes iniciativas que se están llevando a cabo en el mundo para intentar identificar, clasificar, estudiar, y entender el rol de los microbios que habitan el cuerpo humano. El otro es el MetaHIT (por Metagenómica del Tracto Intestinal Humano) de la Unión Europea, orientado específicamente a la microbioma del aparato digestivo.

El componente microbiano del cuerpo humano apenas pudo comenzar a desentrañarse a partir del año 2000, con el abaratamiento y el mayor acceso a las tecnologías de secuenciación de ADN.

"Esto es importante en ciencias médicas, en particular, porque no podemos optimizar la salud hasta que no entendamos bien quiénes somos", le dice a BBC Mundo la investigadora venezolana María Domínguez Bello, de la Universidad de Nueva York, quien comenzó estudiando la interacción de las vacas con sus microbios.

¿El huevo o la gallina?

Por ahora, se trata de un campo de investigación muy joven, que se encuentra en una etapa más bien descriptiva.

Por ejemplo, los científicos concuerdan en que la vida urbana, la alimentación, el uso de antibióticos e inclusive las cesáreas innecesarias parece haber contribuido a un "empobrecimiento" de la comunidad microbiana en nuestros cuerpos, y que esto está vinculado a ciertas dolencias, como la enfermedad celíaca, el asma o la obesidad.

Pero todavía no está claro qué es causa y qué es consecuencia.

"Si uno tiene inflamación crónica, como le pasa a los pacientes con síndrome del intestino inflamable a lo largo de su vida, esta inflamación cambia la bioma", explica a modo de ejemplo Christian Jobin, quien investiga la relación entre cáncer y microbioma intestinal en la Universidad de Florida, Estados Unidos.

"No sabemos si la inflamación disparó el cambio o la bioma cambió por estar tan expuesta a la inflamación; no sabemos qué fue primero, si el huevo o la gallina", dice Jobin a BBC Mundo.

Desentrañar estas cuestiones podría dar inicio a toda una revolución médica.

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