Superfan 2.0: por qué amar a One Direction es trabajoso

  • 6 octubre 2013
One Direction
Image caption La base de fans de One Direction creció gracias a las redes sociales.

Cada noche, la joven de 16 años SJ llega desde la escuela a su casa en Londres, Reino Unido, y retoma la gestión de su imperio mediático global.

Es una de las más famosas "Directioners", tal como se conoce a las seguidoras de la banda de adolescentes One Direction.

Y si bien nunca iría tan lejos como para autocalificarse como la fan más grande del grupo –eso le generaría problemas–, su cuenta inspirada en Harry Styles (@STYLATORARMY) está sin duda muy en lo alto: tiene más 860.000 seguidores.

"Creo que se explica simplemente porque tuiteo el contenido que otros fans quieren ver y es algo con lo que se sienten identificados", explica, simplificando con destreza una estrategia de red social por la que las agencias de marketing cobran miles de dólares.

"También porque hablo con muchos otros fans y no ignoro a la gente. Esto hace que les guste mi cuenta, hacen correr la voz y me siguen".

Su cuenta es una mezcla de noticias sobre los chicos del grupo, interacciones con otros seguidores, y adoración general por los finalistas del programa Factor X, que aparentemente parecen haberse apoderado del mundo.

Image caption La pasión de SJ le ha conseguido más de 860.000 seguidores en Twitter.

Es el paradigma de una superfan de la era moderna, porque en 2013 amar a una estrella pop significa mucho más que correr por la calle persiguiendo a los Beatles.

No, en tiempos en los que los llamados "big data" están modificando los negocios, también cambia lo que significa tener un ídolo.

Los fanáticos de la música no sólo pueden decir que adoran a un artista, sino que pueden demostrar su amor con datos objetivos y utilizarlos en su beneficio.

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Club de fans de la vida moderna

Buddybounce, una start-up con sede en Londres, busca ofrecer una suerte de panel de control de idealización tanto para fans como para artistas, que tome en cuenta los millones de reproducciones, tuits y otras interacciones que ocurren cada día.

"Es un club de fans de la era moderna que permite a los seguidores conseguir de verdad el sueño de ser el fan más grande y acercarse a los ídolos", explica Emma Obanye, una de las cofundadoras de la empresa, que tiene buenos recuerdos de su época de adolescente cuando esperaba a los Backstreet Boys a las afueras del centro de televisión de la BBC en Londres.

Cuando un fan se da de alta en Buddybounce, recibe la opción de poner en marcha diferentes servicios para monitorear cuán a menudo interactúa con un artista.

El sitio de internet puede hacer un seguimiento de la frecuencia con que el usuario tuitea sobre una banda o ve un clip de YouTube o escucha un álbum en Spotify, entre muchas otras opciones.

Para ser visto, se requieren horas y horas de esfuerzo para sumar puntos.

Para las compañías discográficas que utilizan sus servicios, Buddybounce es una herramienta que trata de darle sentido a las miles de muestras digitales de admiración que se atraviesan cada día en el camino de un artista.

"Hemos desarrollado una manera para que los artistas puedan hacer seguimiento de quién ha sido premiado como fan", explica Giulia Piu, socia empresarial de Obanye, donde por premio se entiende algún tipo de interacción recíproca por parte del miembro de una banda.

"Así que, en lugar de dejarlo al azar, les damos una manera de interactuar con el máximo número de fans posible".

Image caption Styles comparte en Twitter lo que ocurre detrás del telón. Aquí con Elton John.

Escondidos en contenedores

Es la idea de "azar" la que genera quizá los mayores roces entre comunidades de fans.

A veces recurren a extremos para llamar la atención de un artista, dice la directioner SJ.

"A la gente se le ocurre todo tipo de ideas para llamar la atención del ídolo. En ocasiones arrojan sus teléfonos al escenario, ¡una vez una chica se escondió en un cubo de basura!".

"No funcionó. Los artistas se retiraron… y los servicios de seguridad sacaron a la muchacha del contenedor".

Naturalmente, en medio de tanto lío, es difícil para los artistas distinguir a los verdaderos devotos, y equivocarse puede causar un gran malestar.

"Justin Bieber mencionó una vez a alguien en Twitter que sólo había escuchado su álbum una vez pero no era una gran fanática y que había escrito 'el disco está bien'", explica Obanye.

"Justin retuiteó el mensaje y surgió mucha ira entre su base de fans porque decían 'Oh dios santo, deberías estar pendiente de nosotros' y esto y lo otro.

"Los fans de ahora buscan ese tipo de interacción, una mención, un seguimiento… es un premio, es con lo que sueñan, lo que verdaderamente quieren".

La empresa se ha unido a artistas, como por ejemplo Conor Maynard, que ha ofrecido encuentros con los seguidores que tienen la mayor puntuación en Buddybounce.

Intentos de estafa

Así que para seguidoras como SJ, tener una cantidad tan grande de fans les puede suponer un premio como el de acercarlos a la banda.

Image caption La artista estadounidense Lady Gaga cuenta con millones de seguidores en Twitter.

Pero ser un "fan famoso" tiene su lado peligroso.

"Recientemente he recibido correos electrónicos de un equipo de personas", cuenta SJ, "que se hacían pasar por los mánagers de One Direction. Hacían parecer que los mensajes provenían de ellos, había un dominio oficial en la dirección de correo: onedirectionmusic.com".

"Luego pretendieron ser la compañía discográfica de la banda, Syco, básicamente para escribirme diciendo: 'Tenemos una oportunidad increíble para ti'".

No fue un incidente aislado. Con frecuencia se crean cuentas falsas y se abusa de los sueños de los fans de conocer a sus ídolos, incluso si dichas ofertas disparan alarmas por parecer demasiado buenas para ser verdad.

Posibilidad de empleo

Las redes sociales han puesto en marcha esfuerzos para que sea más fácil desenmascarar engaños, el más obvio es el sistema de Twitter de la marca azul, un logo añadido que garantiza que una cuenta ha sido comprobada y es legítima.

Esto es un problema que los artistas y sus representantes deben abordar si quieren asegurarse de que las redes sociales se mantengan como parte clave de su maquinaria de marketing, al mismo nivel que los videos musicales publicitarios o incluso las giras musicales.

"Fue el entusiasmo de los fans británicos sobre One Direction lo que realmente inició todo esto", alega Sunil Singhvi, director de entretenimiento para Twitter en Reino Unido.

"La capacidad de los fans, vía Twitter, de hablarle a los europeos sobre One Direction realmente los catapultó, desde allí hasta Estados Unidos, y ahora son un fenómeno global".

Sonny Takhar, director ejecutivo de la discográfica Syco Records, está igualmente entusiasmado: "Las redes sociales se han convertido en la nueva radio, nunca antes se había explotado una acción de forma global como esta".

Y, lógicamente, la directioner SJ está de acuerdo: "Los propios chicos de la banda han reconocido que las redes sociales han sido parte de su éxito, porque si creamos cualquier 'tendencia' sobre ellos, se puede ver en todo el mundo y se extiende el mensaje a otros países".

Así que si bien el superfan de 2013 puede tener ante sí una ardua tarea para ser digitalmente popular, sus esfuerzos no son en vano, incluso si nunca llega a conocer al sujeto de su adoración.

"Hay otros fans como SJ que se están beneficiando ahora mismo, desde una temprana edad", dice la madre de SJ, Rebecca.

"Esto es mérito de todos aquellos seguidores que lo han hecho tan bien a la hora de aprender a usar Twitter como un medio para comunicarse con su ídolo y al mismo tiempo dentro de su comunidad".

"Bastantes jóvenes conseguirán muy buenos puestos de trabajo en ese sector muy pronto".

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