Hay agua fuera del Sistema Solar

  • 11 octubre 2013
enana blanca vista por el telescopio Hubble
Al final de sus vidas, las estrellas se convierten en enanas blancas.

Un grupo de científicos consiguió lo que consideran que es la primera evidencia de la existencia de agua más allá de los límites del Sistema Solar, exactamente a una distancia de 150 años luz de la Tierra.

El grupo, trabajando con el telescopio espacial Hubble, detectó un destrozado asteroide que está siendo engullido por una estrella muerta, también conocidas como enanas blancas.

Los investigadores dijeron a la revista Science que la "firma química" que han detectado en la atmósfera de la estrella indica que el asteroide debe contener mucha agua.

Esta es la primera vez que tanto agua como superficie rocosa –componentes clave en planetas habitables- se han encontrado fuera de nuestro sistema planetario.

La estrella muerta se llama GC61. Ha quemado hace mucho tiempo todo su combustible y se ha reducido a un núcleo resplandeciente.

Pero la fuerza de gravedad que ejerce la estrella es aún intensa, de manera que pulveriza los objetos rocosos que caen en su campo y deja una estela residual en sus capas exteriores.

Proceso indetenible

Los investigadores del Observatorio Keck de Hawái registran como ese influjo de material contamina la atmosfera de la enana blanca, donde han detectado elementos como magnesio, sílice, hierro y oxígeno, los ingredientes químicos de minerales rocosos.

Las enanas blancas engullen los cuerpos que las orbitan.

Pero lo que ha llamado la atención de los científicos es la abundancia de oxígeno, ya que consideran que es demasiado elevado como para que lo explique la caída de la roca y que sea lo que sea que esté siendo arrastrado hacia la estrella debe contener grandes cantidades de agua.

Los cálculos del grupo indican que la fuente de esos elementos es un asteroide de al menos 90 kilómetros de diámetro con una composición de 26% de agua aproximadamente.

Sería una formación muy similar a Ceres, el mayor detectado en llamado cinturón de asteroides del Sistema Solar y que es el objetivo de la sonda Vesta de la NASA que deberá llegar a él en febrero de 2015.

En comparación, la Tierra es un objeto muy seco cuya masa contiene sólo 0.02% de agua, y mucha de ellas la recibió probablemente de cometas y asteroides.

Los astrónomos que trabajan en el observatorio hawaiano –que vienen de las universidad británicas de Cambridge y Warwick y de la alemana de Kiel- especulan que un sistema similar de transporte de agua pueda haber ocurrido en el caso de la GD 61, que en su apogeo seguramente tenía planetas rocosos orbitándola.

"La razón por la que podemos decir eso es que el proceso de formación de planetas empieza con cosas tan pequeñas como un grano de arena", aseguró a la BBC Jay Farihi, del instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge.

"Se van convirtiendo en cosas del tamaño de guijarros y rocas y luego en cosas más grandes como asteroides. Una vez que llegan a dimensiones como las de los asteroides, los planetas son inevitables. Es un proceso galopante, simplemente no lo puedes detener".

"Tener asteroides y no planetas es lógicamente posible pero es físicamente improbable. Sabemos que hubo planetas rocosos (en GD 61) porque podemos ver los bloques rocosos. Y sabemos que existía el potencial de trasladar agua a sus superficies porque hemos visto al menos un asteroide grande muy rico en agua."

El futuro del Sol

Dentro de billones de años el Sol cumplirá el mismo proceso.

Del millar de planetas que hasta ahora se han identificado más allá del Sistema Solar, en ninguno se ha verificado de manera definitiva la presencia de agua.

Sobre la mayoría de esos cuerpos, todo lo que se sabe son pocos detalles como la distancia, tamaño, densidad y el tiempo que tarden en describir una órbita alrededor de sus soles.

La investigación del observatorio Keck representa la primera vez que se ha puesto en evidencia definitiva que una distante superficie rocosa ha estado en contacto con agua, aseguró Farihi.

El sistema de la GD 61 también nos permite dar un vistazo a lo que seguramente ocurrirá un día en las vecindades del sol.

Dentro de miles de millones de años, el Sol también se extinguirá y se reducirá a una enana blanca, engulléndose a asteroides y otras materias.

"Creo que los astrónomos extraterrestres van a estar recibiendo entonces una información muy similar a la que nosotros estamos recibiendo de GD 61", explica Farihi.

"Creo que dependerá del momento en el que vayan a estar viéndolo y qué asteroide vayan a tener la suerte de captar. Pero conocemos asteroides ricos en agua en el exterior de la banda de asteroides y creo que tendrán una buena oportunidad de ver la marca de algo como el Ceres".

"Y en ese caso, su los astrónomos extraterrestres empiezan a especular sobre la existencia de planetas habitables, bueno, si se refieren a nuestro sistema, en ese caso estarán en lo correcto".

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