Detroit: el sueño americano transformado en pesadilla

  • 23 octubre 2013
Detroit
Una fábrica en ruinas, una imagen común hoy día en Detroit.

Tres meses atrás, Detroit se convirtió en la ciudad más grande en presentarse en quiebra en la historia de Estados Unidos. Este miércoles arranca el juicio para determinar si una urbe del tamaño de Detroit puede dejar de pagar sus deudas. El resultado de este proceso tendrá una enorme repercusión para las ciudades y estados de todo el país.

Quizá nadie esté esperando el resultado del juicio con tanta ansiedad como Erma y Gordon MacDonald, una pareja que lleva 63 años de casados.

"Yo soy más inteligente que ella", dice entre risas Gordon, de 87 años. "Sólo una tonta aceptaría casarse conmigo".

Bromista nato, Gordon cuenta que la gente siempre le pregunta por qué se ríe tanto.

"Por no llorar", dice Erma, de 82, mientras crece el silencio en su pequeño departamento de una habitación decorado con fotos de sus hijos y nietos.

Ambos contemplan un futuro en el que la pensión que Gordon acumuló después de más de 39 años trabajando para la policía de Detroit pueda hacerse humo, una de las posibles consecuencias si se acepta la declaración de bancarrota.

"No sé que más decir, todo está en el aire", dice Gordon, quien teme más por su esposa, que no se encuentra bien de salud, que por él mismo.

"Tomo unos 15 remedios", me explica Erma, "y yo me pregunto, si me quitan el servicio de salud, ¿qué pastillas puedo dejar de tomar sin correr riesgo de morir?"

Vea: Entre la decadencia y la bancarrota

Pesadilla

Erma y Gordon MacDonald están resignados frente a la situación.

Aunque resulta difícil comprender que los MacDonald se encuentren en esta situación, la realidad es que si se acepta la bancarrota de Detroit, las autoridades de la ciudad deberán tomar decisiones extremadamente difíciles.

Kevin Orr, el administrador de emergencia que el estado de Michigan trajo para manejar la ciudad, argumenta que no hay otra forma de hacer salir adelante a Detroit que no sea declararla en bancarrota y empezar de nuevo, gracias al alivio financiero que le otorgaría esta situación.

La ciudad tiene una deuda de entre US$18.000 millones y US$20.000 millones. US$9.000 millones se deben al aumento del costo de las pensiones y la salud.

Los servicios básicos se han reducido al máximo, y muchos residentes han optado por marcharse. Hoy día, la ciudad cuenta con 700.000 habitantes. En su momento de mayor gloria eran dos millones.

Las llamadas a los servicios de emergencia tienen una hora de espera, menos de un tercio de las luces de las calles están funcionando. Más de 80.000 propiedades fueron abandonadas.

Pero a pesar de las dificultades, los representantes de los esquemas de pensión dicen que declarar a la ciudad en bancarrota haría que Detroit no tenga que hacerse cargo de promesas hechas hace tiempo.

Dicen que no es justo que más de 23.500 jubilados que pasaron sus vidas trabajando para hacer de Detroit una ciudad limpia y segura se queden sin nada.

"Nos están quitando el sueño americano y transformándolo en la pesadilla americana", dice Donald Hall, quien trabajó por 29 años en un centro de detenciones y ahora depende para vivir de los US$850 al mes que recibe de la ciudad.

Con la mirada puesta en Detroit

Una de las propuestas de Orr es vender obras de arte de la ciudad para pagar las deudas.

Es indudable que Detroit es única entre las ciudades estadounidenses. Una de las pocas en llegar tan alto y caer tan bajo, en construir un edificio tan majestuoso como la Estación Central de Michigan, que en menos de cien años adquirió el aspecto de una ruina romana.

¿Pero qué efecto puede tener la declaración de bancarrota sobre otras ciudades estadounidenses?

"Por un lado, Detroit está en una posición inusual porque ha sufrido una despoblación masiva junto con el colapso del sector industrial", señala John Pottow, profesor de abogacía y experto en leyes de bancarrota de la Universidad de Michigan.

"Y por otro, Detroit no es la única que ha asumido compromisos legales con la gente sin tener fondos para hacerlo".

Según un estudio hecho por economistas de la Universidad Northwestern, ciudades y condados de EE.UU. tienen la obligación de pagar un total de US$574.000 por pensiones sin reserva.

Ciudades como Providence, Rhode Island y San Diego, en California, ya han mostrado signos de colapso bajo el peso de las promesas financieras que han hecho a los pensionados.

"Si Detroit puede presentarse en bancarrota, entonces otras grandes ciudades van a estar pendientes", explica Pottow.

Opciones

James Canty es un residente de larga data de Detroit y director del departamento de aparcamientos de la ciudad. Lo acompañé durante sus rondas diarias en las que trata de deshacerse de los miles de autos abandonados que han quedado en las calles de la ciudad.

Este era un trabajo que antes hacía la policía. Ahora, el equipo de Canty se ocupa de esta tarea para aliviar la carga de los oficiales de policía.

En los barrios donde es difícil decidir qué casas, si es que alguna, están ocupadas, Canti me señala un Chevrolet blanco con las ventanas rotas, una camioneta sin una rueda...

En muchas ocasiones, apenas la grúa comienza a llevarse un vehículo, el dueño aparece repentinamente, como por arte de magia.

Las excusas casi siempre son las mismas: lo que parece un auto en ruinas está, en realidad, en proceso de ser reparado.

La situación de Detroit se parece en mucho a lo que pasa con estos autos, puede que estén rotos o no, según quién los mire.

¿Será mejor hacer borrón y cuenta nueva, o tratar de reparar lo que parece ya no tener remedio?

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