William Potts: el pantera negra arrepentido que regresó de Cuba

  • 9 noviembre 2013
William Potts

Su nombre reapareció en los medios esta semana, cuando decidió volver a Estados Unidos luego de pasar casi tres décadas en Cuba. Entonces algunos recordaron a William Potts Jr. como el "teniente Espartacus", el que 29 años antes había secuestrado un avión que partió de Newark con destino a Miami. Potts hizo que lo desviaran hacia la isla.

Con 27 años, el hombre logró hacer llegar una nota al capitán Carl Gamble del vuelo 337 de Piedmont Airlines aquel 27 de marzo de 1984, justo antes de mostrar un arma y encerrarse en el baño.

Aseguraba que podía hacer estallar la aeronave, reivindicaba su acción por su "hermanos y hermanas de Sudáfrica" y criticaba la intervención estadounidense contra el gobierno sandinista de Nicaragua.

Se decía miembro de las Panteras Negras, una organización militante creada en los años 60 que se definía como un grupo de autodefensa de los negros y que por mucho tiempo el gobierno estadounidense consideró fuente de preocupación para la seguridad nacional.

"Nunca entendí lo que trataba de hacer", dijo Gamble en entrevista con la cadena de noticias CNN, recordando aquella acción.

La llegada a La Habana no fue precisamente como Potts esperaba. Las autoridades no lo recibieron como a un héroe o un revolucionario. Por el contrario, rodearon el avión, liberaron a los 57 pasajeros y la tripulación y metieron a Potts a prisión. Pasó 13 años encerrado condenado por piratería.

Image caption William Potts se casó en Cuba y tuvo dos hijas en la isla.

Al salir de prisión y durante los siguientes 16 años se dedicó a la agricultura, con ingresos de unos US$10 mensuales. Se casó con la cubana Aimée Quesada y se convirtió al islam. Las dos hijas del matrimonio viven en EE.UU. y cuando las vio partir, Potts pensó en regresar a su país de origen.

No fue una decisión fácil ni inmediata. Potts solicitó, sin respuesta, un indulto al presidente Barack Obama, también propuso un acuerdo a la fiscalía federal de Miami. Pero a principios de este año, la Oficina de Intereses de EE.UU. en La Habana lo escuchó e inició los trámites para su regreso.

"El acto de terrorismo que cometí me persigue hasta hoy", dijo el miércoles a los medios antes de abordar el vuelo chárter que lo llevaría de vuelta a EE.UU..

El regreso

Potts subió al avión acompañado de dos agentes de policía federal estadounidense. A su llegada al aeropuerto de Miami, le arrestaron con cargos de piratería aérea.

Potts no pudo llegar a un acuerdo con las autoridades.

"Estoy listo para lo que venga. Cometí el crimen pero también cumplí con el tiempo", dijo a la agencia de noticias AP a su llegada. "He pagado el precio de ese crimen que cometí y tengo derecho a una segunda oportunidad".

Sin embargo, este jueves las autoridades en EE.UU. tampoco lo trataron como él esperaba. Durante su primera aparición ante una corte federal en Miami, Potts presentó una objeción antes si quiera que comenzara el proceso.

"Soy nuevo en estas cosas y, con todo respeto, quiero protestar por estos procedimientos", dijo.

La juez Alicia M. Otazo-Reyes no le permitió continuar. Le preguntó si podía pagar un abogado para su defensa y ante la negativa de Potts, se le asignó un defensor público.

El panorama para Potts no pinta prometedor. Los delitos de piratería aérea se castigan con 20 años de prisión o incluso, cadena perpetua.

Sin embargo, antes de salir de la isla, el hombre había hablado de sus esperanzas de que se le cuente el tiempo pasado en prisión en Cuba. Una idea no necesariamente descabellada, otro acusado de secuestrar un avión en 1969, Tony Bryant, logró que tras los 11 años pasados en la cárcel en la isla, se le agregaran sólo cinco en EE.UU.

La suerte de Potts está por ahora en el aire. Su cita –en la que se le leerán los cargos relacionados con piratería aérea- está prevista para el miércoles 13 de noviembre.

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