La ecuación matemática del altruismo

Cruz roja
Image caption La Cruz Roja o Media Luna Roja es una organización dedicada al altruismo.

¿Es el altruismo simplemente interés propio disfrazado? ¿Y puede una ecuación matemática responder a la pregunta?

En 1968, un académico casi desconocido en Reino Unido llegó a la Universidad del Colegio de Londres y presentó a su personal con una ecuación tan notable, que le ofrecieron una posición honoraria y las llaves de su propia oficina.

Su nombre era George Price y su ecuación abordó un problema que ha desconcertado a los científicos desde que Charles Darwin publicó “El origen de las especies”, más de un siglo antes. Si somos criaturas egoístas, comprometidas en una batalla por la supervivencia, ¿por qué sucede el altruismo? ¿Por qué mostramos bondad hacia los demás, incluso a costa de nosotros mismos?

La ecuación de Price explicó cómo el altruismo podría prosperar, incluso entre grupos de personas egoístas.

Price se basó en trabajos de otros científicos, el primero de ellos JBS Haldane, un biólogo británico que desarrolló una teoría a principios de la década de los '50. Cuando se le preguntó si él sacrificaría su propia vida para salvar la de otra persona, dijo que lo haría, pero sólo bajo ciertas condiciones.

"Daría mi vida por dos hermanos, u ocho primos", afirmó.

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El razonamiento de Haldane era una explicación simplista de una teoría que ha llegado a dominar la biología evolutiva: la "selección por parentesco".

Dado que él compartía 50% de la constitución genética de cada uno de sus hermanos y 12,5% de cada primo, sus genes sobrevivirían incluso si él llegase a morir.

Hubo que esperar hasta la década de los '60 para que otro científico, William Donald Hamilton, popularizara la teoría. Él formuló una ecuación simple para explicar que un organismo mostraría un comportamiento abnegado, de autosacrificio, si eso aumentaba las posibilidades reproductivas de aquellos que estaban estrechamente relacionados con él.

En 1967, Price llegó a Londres desde Estados Unidos, donde se desempeñó como científico y periodista, pero sin experiencia en el campo de la biología evolutiva.

Descubrió la teoría de Hamilton en una biblioteca pública y pensó que podía mejorarla. Trabajando encerrado, recluido, reescribió la ecuación de una manera más simple pero con una envergadura más amplia. Ésta explicaba la relación entre diferentes generaciones de una población y podría ser utilizada para mostrar cómo la prevalencia de rasgos particulares cambiaría con el tiempo.

Aun cuando fue una declaración bastante simple, esto nunca había sido expresado en términos matemáticos claros, y el personal académico de la Universidad del Colegio de Londres reconoció su aporte como algo salvajemente original.

Un debate acerca de las raíces científicas de altruismo sigue presente en nuestros días, pero la selección de parentesco sigue siendo una teoría muy influyente, y la contribución de Price goza de su alta estima entre muchos.

"Ésta constituye la base de gran parte de la investigación moderna en la biología evolutiva", dice Andy Gardner, un biólogo evolutivo en la Universidad de Oxford, que utiliza la Ecuación de Price en buena parte de su trabajo.

La caída de un altruista

Image caption ¿Es el altruismo simplemente interés propio disfrazado o se puede pensar en el altruismo absoluto?

Oren Harman, autor de la biografía de Price en 2010, dice que la visión es compartida por mucha gente en el campo.

"A pesar de que hay quienes no ven el uso preciso de la ecuación, otros piensan en ella como la descripción más simple y brillante de las dinámicas de la selección natural".

Pero Price comenzó a hallar que las implicaciones de su trabajo eran muy difíciles de tratar, de acuerdo con Harman. Si el altruismo era simplemente un intento por asegurar la supervivencia de los propios genes, ¿podría entonces ser considerado altruismo, después de todo?

Lee Dugatkin, profesor de biología en la Universidad de Louisville, cree que este pensamiento fue el que provocó un cambio importante en Price. "Eso fue lo que le hizo moverse", dice Harman. "Se deprimió mucho cuando halló que Hamilton estaba en lo cierto".

A mediados de 1970, Price se convirtió en un devoto cristiano y se embarcó en un proyecto radical, poniéndose él mismo al servicio de los demás.

"Iba a salir a tratar de mostrar que los seres humanos son la única especie que puede vencer a su propia naturaleza. Y él lo iba a hacer convirtiéndose en un desinteresado altruista puro", dice Harman.

Price comenzó a dar dinero a personas sin hogar, e invitó a muchos de ellos a vivir con él en su apartamento cerca de Oxford Circus. Su comportamiento cada vez más errático lo dejó sin un centavo. Salió de su apartamento y eventualmente se mudó a una casa ocupada en Kentish Town.

No todo el mundo está de acuerdo con que la ecuación de Price provocó su caída: indudablemente estaba sufriendo de algún tipo de enfermedad mental.

A finales de 1975, Price se quitó la vida.

Para Harman, ambos eventos estaban íntimamente ligados. "Creo que el hecho de que George se quitó la vida fue debido a que su interpretación de la ecuación realmente centraba el problema en el grado extremo".

La historia de Price está enlazada con la tragedia, pero ¿necesita su trabajo científico implicar una visión deprimente, oscura, de la naturaleza humana?

Samir Okasha, profesor de filosofía de la ciencia en la Universidad de Bristol, cree que no. "La idea de que la teoría evolutiva es interés propio disfrazado es, en mi opinión, una cosa cuestionable de afirmar".

No todo es genética

El comportamiento en algunas especies de animales está, en efecto, genéticamente determinado, dice.

Pero con los seres humanos "ciertamente no es el caso". Él argumenta que la cultura nos distingue de los animales en ese sentido, y apunta a la enorme variación en asuntos de normas sociales de los distintos países y en cortos períodos de tiempo.

"Hemos visto un cambio bastante dramático en, digamos, un período de 300 años lo cual no puede ser explicado por la genética", dice.

Harman también discrepa con la interpretación de Price de su propio trabajo. "No es una conclusión lógica necesaria. Era su propia conclusión, la conclusión de una mente perturbada, pero es lo que le llevó a la terrible conclusión de que no existe verdadera bondad en el mundo”.

"Si queremos entender el comportamiento, la biología es parte de esto, por definición. Pero esta nunca explica de forma entera y completa la complejidad y la grandeza de la condición humana".

Gardner cree que siempre es posible pensar que la gente está intentando proteger y reproducir su propio material genético. "Pero eso no es necesariamente siempre egoísta", dice. "Hay espacio para el altruismo en esa lógica".

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