El camino sin retorno de las víctimas de la trata

  • 18 diciembre 2013
Campaña contra la trata de mujeres en Argentina
Image caption Según el gobierno argentino unas 430 mujeres habrían sido víctimas de la trata en el último año.

Alivio y alegría. Eso sienten muchos en Argentina tras la noticia de que la Corte Suprema de la provincia norteña de Tucumán condenó a diez personas que anteriormente habían sido absueltas por el secuestro de María de los Ángeles "Marita" Verón, el caso más famoso de trata de personas en el país.

Verón permanece desaparecida desde que fue secuestrada por una red de trata en 2002, cuando tenía 23 años, y la búsqueda que ha entablado su madre, Susana Trimarco, por encontrarla y llevar a la justicia a sus secuestradores ha conmocionado a la sociedad argentina.

Hace pocos días, otra noticia relacionada a la trata de personas también causó gran satisfacción. Las autoridades de la ciudad de Buenos Aires anunciaron a finales de noviembre que habían liberado a 96 víctimas durante una serie de allanamientos a prostíbulos clandestinos.

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Pero mientras la sociedad festeja que estas víctimas hayan sido rescatadas de su calvario y ya no tengan que enfrentar el encierro y el abuso, y los periodistas disfrutemos de -por una vez- poder informar sobre una noticia positiva, la realidad no es tan feliz para estas mujeres.

Eso es lo que descubrió esta cronista luego de investigar qué pasa con las víctimas una vez que son salvadas de las redes de trata.

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BBC Mundo habló con el equipo de personas que se encarga del rescate y el tratamiento de las mujeres liberadas de la trata en la capital argentina y averiguó por qué para la mayoría de ellas el infierno continúa a pesar de su salvación.

Primer paso: la liberación

En Argentina no existen cifras que den cuenta sobre cuántas mujeres son liberadas de las redes de trata cada año pero expertos en la materia aseguran que son una minoría de las cerca de 430 que según el Ministerio de Seguridad son potenciales víctimas de la trata con fines de explotación sexual.

El motivo es que se trata de un crimen muy complejo de perseguir.

"Si bien la prostitución está prohibida por ley en Argentina, los locales donde se llevan a estas mujeres están habilitados para funcionar con otro fin, por lo que dependemos de inspecciones y de denuncias para hallar los prostíbulos", dijo a BBC Mundo el ministro de Seguridad de la ciudad de Buenos Aires, Guillermo Montenegro.

Image caption En Buenos Aires se realizaron 57 allanamientos para liberar a las 96 mujeres que estaban en manos de las redes de trata.

En el caso más reciente, se allanaron 57 lugares diferentes luego de una investigación que comenzó a partir de la denuncia de un vecino.

Por otra parte, no en todos los prostíbulos hay víctimas de trata. Por eso, una de las primeras tareas que realiza la policía cuando allana un lugar es aplicar un estricto protocolo que busca proteger a quien en efecto está siendo retenida contra su voluntad.

"Separamos a las mujeres y quedan a cargo de policías especialmente capacitados en violencia de género y trata. La clave es que a nadie se le permite hablar o hacer llamados, para evitar que si una de las mujeres detenidas es una madama o está involucrada en los secuestros pueda presionar a las víctimas", explicó la comisionado Liliana Rubino, jefa del departamento de políticas de género (o Brigadas de género) de la Policía Metropolitana.

"Al principio todas son consideradas potenciales víctimas de trata. Más adelante se entrevista a cada una, a solas, para determinar quién está ahí voluntariamente, quién podría estar involucrado en la trata y quien es una víctima", afirmó.

Para muchas mujeres, el momento de la liberación se vive con miedo y confusión.

"Están disociadas después de tanto tiempo de encierro y abusos. La mayoría de ellas logró sobrevivir enajenando su mente y su cuerpo", describió Guadalupe Tagliaferri, subsecretaria de Promoción Social del gobierno porteño, quien maneja al equipo interdisciplinario de psicólogos y trabajadores sociales que busca recuperar a estas mujeres después de su calvario.

Segundo paso: el tratamiento

Tras declarar ante la Justicia las mujeres son llevadas a un refugio especial, cuya ubicación se mantiene en secreto. Por este motivo, y debido al delicado estado emocional de las víctimas, el gobierno porteño negó a BBC Mundo la posibilidad de hablar con ellas.

En el refugio -uno de los cuatro que hay en el país- las que quieren quedarse reciben un intenso tratamiento psicológico y de reinserción social.

Algunas de las víctimas optan por volverse a su país de origen: según un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos (la única fuente oficial que existe sobre el tema) "un número significativo" de víctimas de trata sexual en Argentina provienen de Paraguay y República Dominicana.

En el caso de las mujeres liberadas hace unas semanas solo 20 eran argentinas y el resto venían de estos dos países, de Bolivia y de Perú. Más de la mitad ya se volvieron a sus países, ayudadas por las autoridades locales.

Sin embargo, Tagliaferri afirmó que la mayoría de las mujeres liberadas en Buenos Aires optan por quedarse en la capital argentina, ya que hay una mejor salida laboral. Muchas también sienten que no serán aceptadas si vuelven a sus pueblos, después de haber ejercido la prostitución.

Es que el desarraigo y la desconexión social son dos de los males que aquejan a quienes fueron secuestradas por las redes de trata.

"La mayoría viene del exterior o del interior de Argentina, muchas de ellas de zonas de pobreza. Se las llevan engañadas a los grandes centros urbanos con promesas de trabajo y después les quitan los documentos y las obligan a prostituirse", explicó Montenegro.

Durante su encierro las víctimas también son trasladadas de un lugar a otro para evitar que las identifiquen, lo que aumenta la sensación de desorientación.

El problema de las adicciones

"Recuperar a una víctima de trata sexual es una de las cosas más difíciles que hay", admite Tagliaferri.

No se trata solo de intentar revertir o neutralizar el efecto del encierro y las violaciones sistemáticas por días, meses y años.

También es un desafío enorme enseñar a las mujeres a volver a tener confianza en sí mismas y en otros después de haber sufrido un constante abuso psicológico y físico, muchas veces con torturas.

Image caption La lucha de Susana Trimarco por liberar a su hija Marita Verón expuso el problema de la trata en Argentina y sensibilizó a la población.

Pero lo que dificulta todo aún más es que la mayoría de las mujeres obligadas a vender su cuerpo cae en adicciones a las drogas y al alcohol.

"Muchas se drogan y toman para tratar de llevar lo que están viviendo. Pero también sus secuestradores usan las drogas y el alcohol como método para tenerlas enganchadas, para que ellas los necesiten o les deban dinero y por eso sigan trabajando", explicó la funcionaria.

Por eso, mucho del trabajo que realiza el equipo interdisciplinario tiene que ver con rehabilitación de adicciones.

Otra de las tareas clave es enseñar a las mujeres a redescubrir sus capacidades y reconectarse con sus identidades culturales a través de talleres, como la cocina.

También se les ayuda a conectarse con sus familias, pero son ellas las que deciden si quieren retomar el vínculo.

"A veces las chicas son víctimas por partida doble, en algunos casos las familias son conscientes de lo que les estaba pasando pero no lo denunciaron y en otros no las aceptan de vuelta por vergüenza", contó Rubino, quien se ocupa de trasladar a las víctimas y habla mucho con ellas.

Tercer paso: la reinserción

La última fase del tratamiento tiene que ver con la búsqueda de empleo y la reinserción a la sociedad.

No existe una compensación monetaria para las víctimas de la trata y tampoco se les da trabajo, pero el gobierno les otorga subsidios para la vivienda (una vez que deciden abandonar el refugio) y les ofrece capacitación.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos por lograr recuperar a las víctimas de la trata, Tagliaferri confiesa que la mayoría de ellas recae en la prostitución.

"Es la salida más fácil. Sienten que es lo único que saben hacer y que de todos modos sus vidas ya están arruinadas", dice, con resignación.

En su experiencia, la posibilidad de que una víctima de trata logre salir adelante depende de dos factores fundamentales: cuánto duró su encierro y qué edad tenía cuando la secuestraron. Las niñas y adolescentes tienen menos herramientas emocionales para lidiar con su calvario que alguien mayor.

De todas formas, Tagliaferri cree que el factor determinante es el "recurso interno".

"En algunos casos las mujeres logran salir del estigma y del círculo vicioso, es una cuestión de personalidad", afirma.

Es su esperanza para el grupo de mujeres liberadas recientemente. Hay un dato que resulta alentador: todas ellas tienen entre 18 y 27 años (son mayores de edad) y, según Montenegro, estuvieron encerradas entre 20 días y 8 meses.

Se trata de una cifra menor al promedio, que según el ministro es de un año a 18 meses.

Estos datos, más el trabajo intensivo del equipo interdisciplinario, mantienen optimistas a los expertos.

No obstante, quienes trabajan diariamente con este tipo de delito saben que la trata sexual es casi siempre un camino sin retorno.

"Los moretones se van pero lo que se rompe adentro es más difícil de curar", resume Rubino.

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