El lado oscuro del paraíso escandinavo

  • 11 febrero 2014
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Niña noruega

¿Es Escandinavia el mejor lugar para vivir en el mundo?

Las estadísticas parecen decir que sí: mejor lugar para formar una familia y para ser madre; región con un mayor índice de igualdad y menor de corrupción; educación y sanidad pública universales y de calidad; lugar donde la gente es más feliz, y un largo etcétera.

Pero, ¿y si no lo fuera? ¿Y si aquel lugar idílico donde todos sus habitantes disfrutan del mayor nivel de vida en el mundo esconde en realidad secretos que nadie quiere escuchar?

Y estos secretos son los que pretende sacar a la luz el autor británico Michael Booth en un artículo que tituló "Tierras oscuras: la triste verdad tras el mito escandinavo", y que fue publicado recientemente en el diario The Guardian con motivo de la aparición de su último libro.

Booth intenta desmontar el mito a fuerza de cifras y unas ganas de despojar a la opinión pública de sus prejuicios, aunque estos sean positivos. Y, a juzgar por la respuesta, parece que lo consiguió.

"Quería sacudir a los lectores del periódico del coma escandinavo en el que llevaban años sumidos", le dijo el autor a BBC Mundo. Booth vive en Dinamarca, está casado con una danesa y dejó claro que es un lugar en el que se siente muy bien, pero donde no todo es color de rosa.

El autor habla de los problemas de Finlandia con las armas y el alcohol, del giro a la derecha de la tradicionalmente socialdemócrata sociedad noruega, del desempleo juvenil en Suecia y de los problemas de salud de los daneses, entre otras cosas.

"En los últimos 10 años el diario -The Guardian- ha publicado solo artículos positivos sobre esta especie de extraña utopía que es Escandinavia, así que fui deliberadamente provocador y enseñé también solo una parte de la verdad. Fui un poco salvaje y brutal, pero creo que alguien tenía que hacerlo", asegura.

El artículo no dejó indiferente a nadie. Tuvo más de un millón de visitas, fue comentado por más de 3.000 personas y compartido más de 70.000 veces.

Y además puso sobre la mesa un interesante debate: si Escandinavia simboliza de alguna forma esa sociedad casi perfecta, esa utopía del estado del bienestar al que todos intentan parecerse, ¿no es mejor acercarse a ella de una forma realista, reconociendo lo bueno y lo malo?

Las reacciones fueron muchas, tanto a favor como en contra, y no son pocos los extranjeros que viven allí que están de acuerdo con muchos de sus puntos. BBC Mundo también habló con algunos de ellos.

Antidepresivos, aislamiento, frío y armas

"Sí bueno, pero hay un montón de gente que se suicida". Esta frase es un cliché que suele oírse inmediatamente después del otro cliché de que Escandinavia es el mejor lugar para vivir en el mundo, algo, por otro lado, que parece corroborado por todos los datos conocidos. La mención del suicidio parecería ser una especie de reacción, un "no puede ser todo tan bueno".

Noruega es un país donde sus habitantes tienen un gran respeto por el medio ambiente, pero la mayor parte de su riqueza viene del petróleo.

La frase es exagerada, según datos de la Organización Mundial de la Salud no hay ningún país escandinavo entre los diez con mayor tasa de suicidio en el mundo. Pero el artículo de Booth menciona un dato interesante: los escandinavos son los que más antidepresivos consumen en el mundo, de acuerdo a cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Booth también señala otras incómodas verdades factuales, como que las escuelas danesas no tienen grandes resultados -hecho que atribuye a los resultados de la prueba PISA- o que la mayor parte de las muertes de hombres en Finlandia están relacionadas con el alcohol, tal y como indica el Sistema de Estadísticas de Finlandia; que Suecia es uno de los diez mayores exportadores de armas del mundo de acuerdo al Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo. O que hay cierta hipocresía en la sociedad noruega cuando, siendo uno de los principales países exportadores de petróleo, aboga por un medio ambiente más limpio.

Todo eso sin dejar de reconocer la fascinación que ejerce el sistema nórdico.

"Hace unos diez años la gente en Reino Unido soñaba con tener una casa en Francia, en España o Italia. Pero entonces llegó la crisis, y la gente miró hacia Escandinavia porque vio allí una especie de vuelta a ciertos valores básicos: seguridad, confianza, y una sociedad un poco más simple y funcional, tanto estéticamente como a nivel de estructura. Hay una menor diferencia entre los ricos y los pobres, hay un mayor sentido de comunidad, una mayor cohesión social", señala Booth.

Andoni lleva casi un año con su familia en Suecia, donde, a pesar de las dificultades, cree que va a quedarse por varios años.

"Pero la verdad probablemente sea que ni los británicos ni los estadounidenses querrían vivir durante mucho tiempo aquí si supiesen realmente cómo es", añade el británico, que afirma que disfruta vivir en Dinamarca, pero reconoce que se acostumbró "a una serie de dificultades que tienes que tener en cuenta si quieres vivir aquí".

Y una de ellas no por ser obvia es menos importante: el clima y la oscuridad.

"Es lo más complicado", le asegura a BBC Mundo Óscar, un caraqueño que lleva más de diez años en Noruega. "La diferencia entre el verano y el invierno es enorme", dice Montse, una española que lleva siete años viviendo en Copenhague. "En invierno van todos con caras largas y nadie se mira, pero en verano son todos amigos de todos".

El frío extremo y la oscuridad son datos a tener en cuenta, pero hay otros más importantes.

Educación universal. ¿E incluyente?

Booth menciona en su artículo datos no tan buenos de países como Finlandia, cuyo sistema educativo es admirado en todo el mundo, pero en conversaciones con BBC Mundo matiza este punto. "En este aspecto hay diferencias. Los finlandeses lo han hecho muy bien en el sentido de que hay un nivel alto en la educación en todo el país, mientras que en Dinamarca la diferencia entre las escuelas es muy grande". Booth cree que no llega al extremo de Reino Unido pero aun así tiene sus problemas.

Andoni se mudó con toda su familia hace poco más de un año desde Sevilla a un pequeño pueblo cercano a Gotemburgo, Suecia. Le comenta a BBC Mundo que a la hora de elegir destino pesó el hecho de que en Suecia existe tanto una sanidad como una educación pública de calidad. "El Estado te ayuda con todo y la idea es que los dos padres puedan trabajar, por eso intentan que sea fácil compaginar vida laboral con vida familiar".

Los materiales escolares, el comedor y la guardería están subvencionados, aunque lo que Andoni no sabía era que en algunos colegios la segregación es abrumadora.

"La idea es que los hijos no sean una carga" afirma Andoni, español residente en Suecia.

"En el primer colegio en el que tuvimos a los niños no había ningún hijo de sueco y el barrio no era precisamente exclusivo de inmigrantes", asegura Andoni, quien también afirma que antes de llegar tenía la idea de que la sociedad sueca era más multicultural. Y aquí entra un tema que causó gran controversia y que Booth menciona en su artículo: la supuesta xenofobia que subyace en la sociedad de algunos países escandinavos.

¿Xenofobia?

"Tuve gente que me preguntó por Twitter que cómo me atrevía a llamar racistas a los noruegos, y la verdad es que no lo hice, solo hablé del avance de un partido claramente islamofóbico en las últimas elecciones", aclara Booth.

El partido del que habla el autor es el Fremskrittpartiet, que forma parte de la coalición que gobierna el país, junto con el partido conservador Hoyre (que significa Derecha en noruego). Este partido es en el que militó durante varios años Anders Breivijk, autor de la matanza que acabó con la vida de más de 70 personas en el verano de 2011 y que dejó al país en estado de shock.

"Nunca dije que los noruegos eran racistas, pero sí que hay ciertas fuerzas políticas, como el Fremskrittpartiet, cuyos líderes en ocasiones han hecho declaraciones rayando la xenofobia, y son fuerzas políticas que tienen mucho poder ahora", afirma Booth.

Los países nórdicos son una de las regiones en el mundo que más refugiados acoge, pero no son pocos los que hablan de los problemas de integración para los de fuera.

"Al principio la integración es superficial, la real llega cuando consigues aprender el idioma. Tienes que demostrarles que estás dispuesto a hacer un verdadero esfuerzo para integrarte", afirma Montse, que habla danés fluido y tiene pareja del país.

Los suecos tienen fama de ser uno de los pueblos más tolerantes en el mundo (en la foto, una protesta anti racista), pero según Michael Booth en algunas partes de Escandinavia hay una xenofobia subyacente.

Abed vive en Noruega, a donde llegó como refugiado procedente de los territorios palestinos, desde 2006. El gobierno le dio una casa, dinero para sus gastos y lo ayudó a empezar un curso en la universidad, y aun así ha visto dificultades. "Con el gobierno no hay ningún problema, lo complicado es la gente", le dice Abed a BBC Mundo. "A veces es difícil hacer amigos, y el hecho de que te llames Abdul o Mohamed puede importar a la hora de conseguir trabajo", asegura.

Las dificultades en la integración provocan lo inevitable: la formación de guetos. "La realidad en Dinamarca es que hay una brecha enorme entre Copenhague y el resto del país, que ha pasado a ser casi un reducto de gente mayor, desempleados e inmigrantes", afirma Michael Booth.

Reacciones

A pesar de que el artículo de Booth obvia deliberadamente las cosas positivas que tiene Escandinavia, fueron muchas las reacciones que intentaron dejar bien claro estos puntos, aunque el autor deja constancia de que su pieza es muy "opinativa".

Dos días después de la aparición del controvertido artículo, The Guardian publicó otro con reacciones de distintas personalidades escandinavas.

Adam Price, creador de Borgen, una famosa serie televisiva, calificó el texto de Booth de "divertido", aunque afirmó que la sociedad danesa era más homogénea de lo que el autor aseguraba. Por su parte, el ministro finlandés para Europa aseguró que era difícil tomarse en serio al autor, "considerando que viene de un país con un sistema de cañerías que data de la época victoriana" y los islandeses se sintieron ofendidos por haber sido ignorados, ya que el autor solo menciona que son pocos.

"Los noruegos se tomaron el artículo demasiado en serio, creo. No están acostumbrados a la crítica ni a ser los malos de la película, pero realmente hacen mucho dinero con el petróleo y todos sabemos que los combustibles fósiles no son tan buenos y no parecen estar preparados para preguntarse qué están haciendo con el clima", asegura Booth.

"Mucha gente me contactó y me señaló que Reino Unido no es mejor, entendieron mal y pensaron que yo estaba diciendo Reino Unido bien, Escandinavia mal, como si fuese una competición. Nunca sugerí que esto fuese así. No vivo en Reino Unido, vivo en Dinamarca, y creo que esto dice bastante", añade.

Los suecos fueron un poco más allá y vieron tintes políticos en el ataque. Lars Trägaardh, profesor de historia de la Universidad Sköndal, en Estocolmo, afirmó que el artículo de Booth iba en la misma línea que las declaraciones de Eisenhower, en las que el expresidente estadounidense critica la "filosofía socialista" y la "falta de ambición" de la sociedad sueca.

Trägaardh asegura que "la cohesión social no es un plato fácil de digerir para todos", aunque reconoce que los desafíos que plantea la globalización y los movimientos de personas son grandes.

"Mi artículo quería dejar claro que no hay ningún lugar perfecto. Escandinavia es genial y nadie los está echando abajo. Mira, mi libro se llama 'La gente casi perfecta'", y es realmente lo que pienso, que no son absolutamente perfectos, pero están cerca", reconoce Booth.

Para él y para muchos de los que viven o han vivido allí, ésta parece ser una buena definición. Un lugar con problemas, aunque casi perfecto. Y, pensándolo bien, ¿qué lugar lo es del todo?