El esqueleto: la maravilla que soporta el mundo animal

esqueleto perro
Image caption Desde un perro hasta una rana que mide 7mm, los vertebrados comparten un sistema de <br> soporte que ha evolucionado según el ambiente, pero guardando el mismo plan orgánico.

Me gusta escribir al estilo de la vieja escuela, con un bolígrafo y sobre papel. Y lo primero que noto en el momento de iniciar un largo reportaje sobre el esqueleto de los mamíferos es que 27 huesos de mi mano, de forma individual, sostienen con precisión el aparato con el que me dispongo a iniciar el relato.

Pienso entonces que los huesos de la mano son tan delicados para sostener un bolígrafo, pero lo suficientemente resistentes para escalar una montaña. Y son un perfecto ejemplo de las maravillas del esqueleto de los mamíferos.

Y de ese asombroso universo, existen miles de ejemplos. Muchos de nosotros sabemos que los recién nacidos tienen una delicada área de piel en la parte superior de la cabeza (las fontanelas), donde los huesos del cráneo todavía no están completamente formados.

Pero tal vez lo que no sabe la mayoría es que un bebé tiene entre 275 y 300 huesos, que se transformarán en los 206 que lo soportarán cuando sea adulto.

¿A dónde van? Bueno, se fusionan. Por ejemplo el fémur, el hueso más largo y fuerte del cuerpo humano, no siempre es un solo hueso: son pequeños pedazos que se funden en uno solo.

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Las similitudes

Image caption La fuerza de los huesos se debe a la mezcla orgánica e inorgánica de su composición.

Los huesos son una cosa fascinante y por supuesto, son esenciales para existir. Si alguien tiene dudas, imagínese convertido en una larga masa rosada de carne que se arrastra por el suelo.

El esqueleto nos provee de un efectivo sistema de soporte. Además da protección a los órganos más delicados como el cerebro y funciona como una "fábrica de células" produciendo, solo para dar un ejemplo, más de dos millones de glóbulos rojos cada segundo.

Ahora, la increíble fortaleza de los huesos se debe a los distintos materiales del que están hechos: el inorgánico, la hidroxiapatita rica en calcio y el flexible, el colágeno orgánico.

Hace poco examiné estas propiedades de los huesos y descubrí, junto con el profesor Richie Gill de la Universidad de Bath, que el fémur de un venado pequeño puede sostener 1,7 toneladas de fuerza antes de colapsar.

Este es un resultado asombroso teniendo en cuenta que este animal no es más grande que un perro labrador y la sorpresa aumenta cuando trasladas ese número a un animal mucho más grande como por ejemplo, el fémur de un rinoceronte que puede soportar la asombrosa cifra de 109 toneladas.

Puede que sea bastante obvio que ahora esté un poco obsesionado con todo este tema de los huesos. Y no sólo es porque todo mi empeño académico está dedicado a este tema o que acabo de filmar una serie completa sobre esto o inclusive porque tengo el esqueleto de mi oveja Gloria sentado en mi silla (después de todo, ¿por qué mantener esqueletos escondidos en el clóset?).

Es mucho más que eso.

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Image caption Las jirafas tienen las mismas siete vértebras cervicales que el ser humano. Solo que ellas <br> las lucen mejor.

El plan de los cinco dedos

Siempre he tenido una fascinación por los huesos, pero sobre todo, lo que más me ha llamado la atención es lo habitual que un hueso de cualquier especie se parece a otro.

Les explicó por qué. Yo crecí en Norfolk, una ciudad británica ubicada en la costa este, y amaba las caminatas por la playa. En una de esas escapadas costeras, mi hermano trajo una vez a casa el esqueleto de una "gran ave". Yo alucinaba, pero me sorprendí mucho más cuando descubrimos que en realidad era el esqueleto de un delfín pequeño.

Esa confusión tenía una explicación ancestral: los esqueletos comparten el mismo origen de muchas maneras y la mayoría de ellos funciona bajo el mismo parámetro: el plan universal del cuerpo.

Los esqueletos (como los entendemos hoy) aparecieron en la escena de la naturaleza hace 420 millones de años. Primero visto en peces pequeños, como el recientemente descubierto Entelognathus primordialis, el esqueleto fue definitivamente una ganancia, en términos de ofrecer una serie de ventajas durante la evolución.

Y cómo en la mayoría de los casos, una vez que funciona todos quieren un pedazo de ello. Como resultado, los esqueletos florecieron en pocos millones de años y ayudaron a los primeros tetrápodos a salir de los mares, dispuestos a hacerse dueños de la tierra y de los cielos.

Esta inexorable invasión del esqueletos aseguró para siempre los factores comunes entre todos los seres vertebrados. Cráneos y columnas vertebrales son, por definición, inevitables. Y estructuras como el limbo pentadáctilo siguen un antiguo plan del cuerpo para asegurar que los vertebrados no tengan más de cinco dedos.

Y para los que están pensando en ese osito blanco y negro devorador de bambú, les digo: los pandas no cuentan, porque ese "pulgar" no es realmente un pulgar. Pero vamos más allá. Incluso los caballos con su dedo "único" y los pájaros con sus alas de tres dedos, comparten el mismo plan básico de los cinco dedos, todos relacionados a través de la misma evolución ancestral.

Jirafas y cuellos

Uno de mis "datos curiosos" favoritos sobre los huesos es que los seres humanos tenemos las mismas siete vértebras en nuestro cuello que tiene la jirafa. Ambos tenemos siete vértebras cervicales, pero la jirafa para cumplir con la evolución y el plan de su cuerpo, estiró el espacio entre cada vertebra un poco más, creando ese maravilloso cuello largo que exhiben en la sabana africana.

Otro "dato curioso" divertido sobre los huesos: por un lado, la ballena azul, que pesa 190 toneladas y tiene una envergadura de 24 metros, es no solo el vertebrado más grande del mundo, sino el animal de mayores dimensiones que ha vivido jamás.

Por el otro lado está el esqueleto de la Paedophryne amauensis, una rana de 7 m.m. que vive Papúa Nueva Guinea y que es considerada el vertebrado más pequeño del planeta. Y en teoría, por tamaño, deberían lucir distintos al comparar ambos esqueletos.

Pero incluso una mirada superficial a los dos esqueletos es suficiente para observar muchas similitudes entre las dos criaturas. Aquí, realmente, el tamaño no importa.

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Image caption Los gibones, que habitan el sudeste de Asia, tienen una habilidad de moverse entre árboles <br> gracias a la movilidad de su muñeca.

La importancia del esqueleto

Para realmente entender la importancia del rol de los esqueletos en la ecología, comportamiento y estudios evolutivos, observar las similitudes no se compara con observar las sutiles diferencias que lo separan.

Volviendo al caso de la mano, uno puede notar la cantidad de tareas diferentes que pueden realizar las manos de los primates.

El colobo (que significa "pulgar atascado") se refiere a un grupo de monos que viven en las copas de los árboles en África. Ellos tienen un pequeño resto de pulgar que les permite un mejor balanceo para moverse entre las ramas. En cambio el mono araña, que se balancea con la cola, ha perdido totalmente estas ayudas.

Los gibones, primates que habitan el sudeste de Asia, tiene un particular movimiento de muñeca que no se le ha visto a otro animal. Ellos poseen una especie de rótula flexible en las manos que les permite exhibir una serie de movimientos acrobáticos mientras se movilizan a través de los árboles.

Pero si de manos destacadas estamos hablando en los primates está la del aye aye, que parece más una navaja suiza que una extremidad prensible. El mayor de los primates nocturnos y que vive en la isla de Madagascar, es feliz encontrando su alimento escarbando en las entrañas de los árboles, deleitándose con los jugosos gusanos que logra atrapar al utilizar una de sus manos.

Y lo logra por la particularidad de sus dedos que incluyen una rutina basada en explorar la corteza de los árboles a través de la percusión. Lo que hace el aye aye es golpear la parte exterior del tronco y cuando el sonido le dice que hay un hueco, utiliza su tercer dedo, largo y delgado, para agarrar su presa.

Estas leves adaptaciones en la misma parte del cuerpo entre especies relativamente cercanas evidencian comportamientos totalmente distintos, que les permite a estos animales explotar de la mejor manera los diferentes nichos ecológicos.Y el fenómeno se repita en los esqueletos una y otra vez.

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