El día en que la oposición de Venezuela intentó tener voz en la OEA

María Corina Machado Derechos de autor de la imagen Reuters

Lo que ocurrió este viernes en el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington, se puede resumir con dos datos: un debate a puerta cerrada que duró más de ocho horas para aprobar un testimonio que duró apenas dos minutos.

En el centro de las discusiones estaba la diputada opositora venezolana María Corina Machado, a quien Panamá le había cedido su silla en el órgano hemisférico para que hablara de la violencia en el país sudamericano que en las últimas seis semanas ha dejado 31 muertos.

Pero el gobierno de Venezuela impuso su influencia en la OEA y a través de votos y dilaciones consiguió que a Machado sólo le quedara tiempo para "despedirse y agradecerle al Consejo", como dijo la embajadora estadounidense Carmen Lomellín.

Machado no ocultó su decepción y le dijo a BBC Mundo que no había sido "un buen día en la historia de la OEA" y que es "profundamente doloroso" el poco apoyo regional que ha obtenido su causa.

Sin embargo, no dudó en dar un giro a la situación al señalar que fue "un día histórico".

"Lo que parecía prácticamente imposible al principio de la jornada lo logramos en los últimos minutos", dijo la diputada que además se mostró satisfecha porque "el Consejo Permanente le dedicó todo el día exclusivamente al caso de Venezuela".

Pero si dentro, Machado sólo pudo dirigirse brevemente al pleno a puerta cerrada, fuera, el panorama era bien diferente: decenas de personas aguardaban para oir las palabras de la diputada opositora.

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"Una sesión rara"

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Image caption María Corina Machado habló con varios manifestantes en las afueras de la OEA.

En el mismo edificio de la OEA, en un pequeño recinto llamado Salón San Martín, decenas de periodistas llevaban desde tempranas horas de la mañana precisamente a la espera de la decisión del organismo respecto a la intervención de la política venezolana.

Y en la entrada de la OEA, a unos pocos pasos de la Casa Blanca y rodeando una estatua de la reina Isabel de España, se había agolpado un grupo de manifestantes que pedía el cese de la violencia y una mayor reacción del órgano regional.

Ni los unos ni los otros se fueron hasta que se supo la suerte de Machado, quien había prometido al medio día, cuando se declaró un receso, que terminaría hablando "hoy, mañana o el día más próximo que sea posible".

Ya en ese momento se sabía que la diputada no tendría el camino fácil en el Consejo Permanente, que había votado para realizar la sesión a puerta cerrada -lo que Machado calificó de censura- y luego eliminó de la agenda el punto dedicado a la situación de Venezuela.

A Machado le quedaba la opción de hablar al final de la jornada en los asuntos varios o intentar opinar como mujer política cuando la sesión se refiriera a la conmemoración del Día de la Mujer.

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Image caption El líder estudiantil Carlos Vargas fue parte de la comitiva de María Corina Machado en Washington.

"Fue una sesión rara", dijo José Miguel Insulza, el secretario general de la OEA, "porque en realidad se estuvo todo el día más bien en discusiones de procedimiento".

En medio de esa incertidumbre, Machado habló extensamente con la prensa y le "exigió" a la OEA que aplicara la Carta Democrática Interamericana para que el organismo interviniera en la crisis de su país.

A su lado estaba el embajador panameño Arturo Vallarino, país que gestionó la acreditación de la opositora venezolana como representante alterna de su país ante la OEA, aunque le aclaró a BBC Mundo que Machado no hablaba "en nombre de Panamá".

El embajador se acababa de dar un baño de masas entre las decenas de venezolanos que gritaban: "Panamá, amigo, el pueblo cuenta contigo". Él respondió acercándose a saludar a los manifestantes, se puso una gorra tricolor, recibió bendiciones y, de paso, anunció un concierto por la paz de Venezuela.

"Ahí se habría podido parar Jesucristo"

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Image caption "Panamá, amigo, el pueblo cuenta contigo", le gritaban los manifestantes al embajador panameño ante la OEA.

Adentro, mientras se rumoreaba lo que estaba ocurriendo a puerta cerrada, tres personas de la comitiva de Machado vivían una situación confusa: el líder estudiantil Carlos Vargas, el sindicalista Iván Freites y Rosa Orozco, la madre de una estudiante que murió en las protestas, intentaban pronunciarse ante la prensa pero los agentes de seguridad les ordenaron ruidosamente que dejaran la sala.

Vargas estaba molesto y en diálogo con BBC Mundo mostró su "decepción" y su "tristeza": "ahí se habría podido parar Jesucristo para decirnos que nos saliéramos, pero nosotros tenemos muy claro cuál es nuestro planteamiento".

Al final de la jornada, María Corina Machado no logró presentar su visión ante el pleno del Consejo Permanente ni pudo proyectar un video que había preparado sobre la "represión" en Venezuela. Sólo le quedó enviarlo por Twitter.

Poco después, dijo que su mensaje lo había transmitido tanto con sus palabras como con su silencio.

"El resultado final demuestra que la OEA puede ser mucho más firme, más efectiva en la defensa de sus propios preceptos democráticos, aunque al final hay mecanismos a través de los cuales las voces de los ciudadanos se pueden hacer escuchar", le dijo la diputada venezolana a BBC Mundo.

Cuando ya caía la noche, Machado dejó la OEA en una camioneta de vidrios polarizados, no sin antes saludar a algunos manifestantes que seguían esperándola en la entrada.

Había perdido su vuelo de regreso a Venezuela y no tenía claro si podría participar en las marchas convocadas para este sábado.

Y pese a que no sabe lo que le espera cuando regrese a su país, donde se le abrió el proceso para retirarle la inmunidad parlamentaria y el oficialismo quiere que sea juzgada por "terrorismo", Machado tiene claro donde está su lugar.

"Mi pasado, mi presente y mi futuro están en Venezuela. Eso es lo que viene: a seguir luchando", concluyó.

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