Murió Adolfo Suárez, el piloto de la Transición española

  • 23 marzo 2014
Adolfo Suarez, ex presidente español

Adolfo Suárez, presidente del gobierno español entre 1976 y 1981, murió este domingo en Madrid a los 81 años de edad.

El arquitecto, el piloto, la figura clave del período conocido como la Transición a la democracia en España, tras la muerte de Francisco Franco en 1975. Un hito. Una persona de consenso y diálogo. En la revisión en retrospectiva de la historia contemporánea de España, esos son los calificativos que suelen acompañar a Adolfo Suárez.

Ocupó cargos de importancia en los últimos tiempos del largo régimen militar de Francisco Franco y en el Movimiento Nacional, la organización que lo sustentaba, pero terminó convirtiéndose en el primer presidente constitucional electo de la joven democracia española.

Admirado y denostado, sorprendió a los demócratas que pensaron que sería una continuación del franquismo y traicionó a sus antiguos compañeros del régimen militar.

Fue considerado hostil para todos a quienes perjudicó con las reformas que comenzaban a desarmar el franquismo, sobre todo el ejército y la iglesia.

No prestó la atención debida a su partido, la Unión de Centro Democrático, un aluvional partido fundado con urgencia con ideologías del espectro político del centro y la derecha, y al final no pudo manejar las contradicciones internas y su desmembramiento.

Legalizó el Partido Comunista y convivió con su militancia, pero el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) pidió una moción de censura en su contra que, si bien no prosperó, atizó su deterioro.

Y hoy, con todo el agua que ha corrido, es uno de los iconos mejor comprendidos y casi pontificado cuando se habla de la Transición.

"No sabía funcionar en democracia"

Una figura que solo podía mandar con la brevedad que piden los tránsitos: lo hizo durante cuatro años y siete meses, con cinco cambios de gabinete.

Renunció a la presidencia del gobierno el 29 de enero de 1981, con un tremendo desgaste político y personal, en medio de una importante crisis económica y el distanciamiento del rey Juan Carlos, quien lo había designado como presidente del gobierno.

"Fue un personaje trágico en muchos sentidos. Conocía mejor que nadie los mecanismos políticos de la dictadura y por eso pudo desmontarla; en cambio, no sabía funcionar como político democrático", le dice a BBC Mundo Javier Cercas, autor del libro Anatomía de un instante, sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, cuando Suárez era todavía presidente en funciones, y la fragilidad de esos años.

"No era un buen parlamentario, no sabía cómo funcionaban los partidos políticos. Destruyó un sistema político que conocía a la perfección y construyó un sistema político que desconocía por completo. Esa es su tragedia. Por eso su carrera como político democrático fue tan breve", añade Cercas.

Pero, valora el escritor, Suárez fue "el fundador de la democracia", porque logró "algo imposible": pasar de un régimen militar a una democracia sin pasar de nuevo por una guerra o un conflicto de gran magnitud.

Para Manuel Campo Vidal, periodista y autor de la biografía Adolfo Suárez, un presidente inesperado de la Transición, Suárez fue el actor principal, el director y el guionista de ese período, como dice a BBC Mundo.

Capacidad de adaptación

Suárez consiguió ascender en el régimen de Franco. Llegó a ser gobernador civil de Segovia y presidente de la estatal Radio Televisión Española. También avanzó en el Movimiento (el partido único del franquismo) hasta la vicesecretaría general.

Tenía 43 años cuando el rey Juan Carlos lo designó, en julio de 1976, como jefe del segundo gobierno de su reinado como sucesor de Franco, nombramiento en el que intervino Torcuato Fernández, presidente las Cortes y también procedente del régimen.

"De joven, me lo confirmó su hermano Hipólito, decía: ‘Yo de mayor seré presidente del gobierno’ ", comenta Campo Vidal.

Suárez había nacido en Cebreros, una localidad de Ávila, en Castilla y León, en septiembre de 1932. Se licenció en Segovia como abogado y se doctoró en Madrid, donde comenzó a vincularse con la estructura franquista en 1958.

Ese vínculo es, en opinión de Campo Vidal, una respuesta a la "vocación política" de Suárez, que decidió desarrollar dentro del propio régimen "sin ser un falangista". "Era un hombre católico pero abierto, no era un fascista", apunta.

Que el rey lo nombrara como presidente del gobierno obedeció a esa "capacidad de adaptación de Suárez", dice.

"El rey sabía que la monarquía solo podía sobrevivir en democracia y Suárez resultó ser el hombre ideal porque conocía el régimen que debía quedar atrás, porque tenía claras las metas y los objetivos a los que quería llegar y porque tenía capacidad personal de seducción y valentía política", completa con BBC Mundo.

Javier Cercas ajusta: "El rey sabía que (Suárez) era un hombre muy ambicioso y muy obediente y que haría lo que él quisiera. Pero con el tiempo ambos se enfrentaron porque Suarez empezó a ir por su lado y eso al rey no le gustó mucho".

Las reformas

El rey le dio a Suárez el título de duque.

En junio de 1977, ocurrieron las primeras elecciones libres en España desde 1936 y Suárez las ganó con UCD.

El Congreso conformado tras esas votaciones aprobó una nueva Constitución, el 6 de diciembre de 1978, hoy vigente.

Tres meses después, el 3 de marzo siguiente, convocaban nuevas elecciones y Suárez las volvía a ganar, ahora como presidente constitucional de una monarquía parlamentaria. No tuvo mayorías cómodas para gobernar. La izquierda ya había ganado espacio en las elecciones municipales del año anterior.

Tres mandatos en menos de cinco años: una Transición.

En ese periodo, comenzaron las reformas importantes que desmontaban el franquismo y le dejaban "muchos frentes abiertos", en palabras de Campo Vidal.

"Un héroe de la traición", agrega Javier Cercas. "Traicionó su propio pasado equivocado para construir un futuro acertado. Sin esa traición virtuosa y el coraje que hace falta para cometerla, la Transición habría sido imposible".

Legalizó el Partido Comunista y otros partidos, promovió la ley del divorcio, se hicieron los Pactos de la Moncloa, acuerdos para la reforma económica y cambios jurídicos como la eliminación de la censura previa, la legalización del derecho de reunión, manifestación, propaganda y asociación y la tipificación de la tortura como delito. Se hizo la Ley para la Reforma Política y se aprobaron los estatutos de autonomía de Cataluña y el País Vasco.

Campo Vidal también recuerda la negativa de Suárez a sumar a España a la OTAN y un abrazo al líder palestino Yasser Arafat, asuntos que disgustaron a Estados Unidos e Israel.

El retiro

El recrudecimiento de la violencia del grupo separatista vasco ETA, las presiones de los militares, la división de su partido, la falta de sintonía con la Corona y la crisis económica son elementos a los que se atribuye la dimisión de Suárez de la presidencia en enero de 1981.

Fue en la sesión de investidura del sucesor de Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, cuando ocurrió el breve intento del golpe de Estado, con el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, como cara visible.

El libro de Cercas gira en torno a ese momento en el que Suárez se quedó sentado en su escaño con aparente parsimonia, mientras hubo una balacera en el hemiciclo. Recientemente se supo de una conversación en la que Suárez se enfrentó a Tejero, en medio de la crisis, mientras el militar blandía una pistola.

Ese año, el rey le dio el título de duque de Suárez. Fundó un nuevo partido con viejos compañeros de UCD, el Centro Democrático y Social (CDS), con el que compitió de nuevo a las elecciones, en 1982, votaciones en las que arrasó Felipe González por el PSOE.

Suárez quedó como diputado por Madrid ese y dos periodos más, pero en 1991 renunció al partido y a la política por los malos resultados electorales en las municipales.

Su última aparición pública fue en 2003, cuando acompañó a su hijo en su postulación como candidato a presidir la comunidad autónoma de Castilla La Mancha por el conservador Partido Popular.

Dos años después, sería él quien anunciaría que su padre padecía Alzheimer, la enfermedad neurodegenerativa cuya complicación originó su deceso. La opinión pública lo olvidó bastante. Él mismo también participó del olvido: en los últimos años ya no se acordaba de que había sido presidente.

En 2008, el Partido Popular y el PSOE se peleaban por cómo rendir honores al expresidente en un museo de la Transición que se creaba en su ciudad natal.

"Como ya no competía con nadie desde hace muchos años, ha empezado a ser elogiado por personas que más bien lo denostaron en su momento", dice Campo Vidal.

Javier Cercas no duda en que ahora va a ser "santificado".

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