Cómo el cine erótico escandinavo impulsó la revolución sexual

  • 25 marzo 2014
Imágenes eróticas del cine escandinavo

No muchas películas se parecen a "Ninfómana" de Lars von Trier.

Dura cinco horas (sus productores la editaron en dos volúmenes), es sexualmente explícita y sus escenas de sexo se intercalan con discursos sobre la modalidad de pesca con mosca, Johann Sebastian Bach, la sucesión de Fibonacci y la Revolución Rusa.

Y aunque cuenta con la actuación de Stellan Skarsgård -que también ha aparecido en filmes como "The Avengers" y "Thor"- nadie pensaría que se trata de una taquillera película de superhéroes.

Por más innovador que sea el filme de Von Trier, en algunos aspectos forma parte de la respetada tradición del cine erótico escandinavo. Hace exactamente 40 años, Skarsgård coprotagonizó "Anita", un drama sueco calificado X, en la que una bella adicta al sexo le cuenta sobre su traumática vida amorosa; una descripción que bien podría ajustarse al papel de Skarsgård en "Ninfómana".

Cuando "Anita" salió en 1974, los países escandinavos ya habían consolidado su reputación de producir películas atrevidas.

Rickard Gramfors, cuyo sello Klubb Super 8 DVD se especializa en películas de explotación suecas (un género cinematográfico que enfatiza un elemento común de temas sociales moralmente inaceptables), remonta el origen de esta pionera tradición a 1951.

"Sin duda Suecia es quien llevaba la batuta, gracias a 'Un solo verano de felicidad' de Arne Mattsson. En esa película se dejaban entrever unos pechos desnudos y eso ayudó a que se convirtiera en un éxito internacional", asegura.

A ese filme le siguió lo que Gramfors califica como una imitación: "Un verano con Mónica" de Ingmar Bergman. Y este es otro filme que guarda una conexión con Lars von Trier, pues su protagonista Harriet Andersson actuó en "Dogville" 50 años después.

El drama artístico de Bergman no podría estar más lejos de lo que actualmente se clasifica como pornografía. Sin embargo, se puede intuir por qué algunos espectadores en la década de 1950 no podían ver más allá de las curvas desnudas de Andersson.

"Las películas eróticas son casi tan antiguas como el propio cine", señala Julian Marsh, fundador de la Erotic Film Society de Reino Unido.

"A principios de la década de los 50, las películas importadas eran la única esperanza que tenía la mayoría de los cinéfilos estadounidenses o británicos de ver un destello de piel desnuda. Para verlas debían acudir a algún cine independiente... a menos que, claro está, recibieran una invitación para asistir a un show privado para solteros o a una presentación burlesque".

"Los filmes, por supuesto, pocas veces cumplen con lo que prometen en su comercialización sensacionalista, pero el público fue capaz de viajar de un estado a otro, solo por ver unos segundos de bañistas desnudos sumergidos en las frías aguas del archipiélago en el filme de Bergman", explica Marsh.

Crítica a la sociedad

Los filmes de los 50 estaban muy lejos de lo que actualmente se clasifica como pornografía.

Y así fue cómo los suecos obtuvieron su nueva imagen.

Para los cinéfilos del mundo eran magníficos, con un enfoque libre de culpa respecto al sexo casual y dispuestos a dar paseos desnudos por la playa. Los distribuidores internacionales ganaban dinero sin ninguna vergüenza.

Para el mercado estadounidense, "Un verano con Mónica" fue renombrada "Mónica: la historia de una chica mala". Las palabras "traviesa y diecinueve" llenaban los carteles: "¡El diablo la controla por radar!".

Dos décadas después, "Anita" fue retitulada "Anita: la ninfa sueca". Y "Los intrusos", también protagonizada por Stellan Skarsgård, se convirtió en "Juegos sexuales suecos".

A pesar de la descarada promoción, las películas "proto porno" suecas no sólo trataban sobre rubias saludables que se desnudaban en lagos. Algunas de ellas, por lo menos, tenían asuntos más importantes en mente.

"Soy Curiosa (amarillo)', exhibida en 1967, ganó rápidamente una escandalosa reputación en el extranjero por su desnudez y contenido sexual", afirma Marsh.

"Pero la mayor parte del tiempo, el filme es una crítica a la sociedad sueca expresada en un estilo vanguardista, así que no me puedo imaginar que pueda interesarle a un público que está en la búsqueda de emociones baratas. Y mientras 'Anita' de Torgny Wickman pertenece sin duda al género de explotación, Wickman creó un drama con un personaje central más complejo y simpático de lo que se podría intuir".

Otro ejemplo -dice Marsh- sería el director Mac Ahlberg, cuya producción danesa-sueca de 1965 'I, a woman' estudia de manera bastante sombría la sexualidad de una mujer joven.

La mayor contribución de Dinamarca a la industria del cine erótico de Escandinavia se produjo en el verano de 1969, cuando su gobierno aprobó leyes que abolían la censura de imágenes.

La legislación histórica ha sido estudiada por Jack Stevenson, un crítico de cine estadounidense que vive y trabaja en Copenhague. "Los daneses hicieron una gran fiesta llamada SEXO 69 ", dice Stevenson.

"Fue una feria porno que atrajo a 100.000 espectadores y 200 periodistas extranjeros. Directores de muchos países vinieron a hacer 'documentales porno' en Dinamarca y los directores daneses comenzaron a adaptar las películas para los mercados extranjeros".

Revolución sexual

Robert DeNiro lleva a Cybill Shepperd a ver "El Lenguaje del amor" en el filme "Taxi Driver".

De repente, el cine sexploitation (un subgénero del cine de explotación y el cine nudista) de Escandinavia no sólo significaba juguetear sin ropa en la campiña sueca, sino el coito explícito.

Pero debido a que estas películas se presentaron como documentales sobre un fenómeno sociológico europeo, podían ser vistas y discutidas por audiencias británicas y estadounidenses respetables.

En opinión de Stevenson, estas películas tuvieron un papel clave en la revolución sexual de los Estados Unidos.

"Las películas danesas y suecas fueron importantes para romper las barreras de la censura y, en algunos casos, presentaron una visión más sofisticada y adulta de la sexualidad. Ciertamente películas como "Soy Curiosa (amarillo)", "Gift", "Danish Blue" y "Language of Love" (El lenguaje del amor) tratan la sexualidad en una variedad de formas que los puritanos anglosajones nunca podrían haber duplicado. Estas películas ayudaron a hacer de Estados Unidos una sociedad mucho más progresista sexualmente".

Pero no todo el mundo vio ese progreso con una luz positiva. "Language of Love" que fue comercializada como una película de educación sexual, fue particularmente controvertida.

"Hubo un gran escándalo en Reino Unido y EE.UU.", señala Gramfors, "especialmente por parte de la derecha cristiana. En la plaza Trafalgar de Londres, el cantante Cliff Richard dirigió una manifestación de 30.000 personas que protestaron en contra de la película. En las pancartas se leía: "¡Suecia, más pornografía, más suicidios, más alcoholismo y más gonorrea cada año!".

No obstante, "Language of Love" tiene un lugar especial en la corriente principal de la historia del cine: es el filme que Robert De Niro lleva a ver a Cybill Shepherd en "Taxi Driver" (1976).

Para entonces, sin embargo, el atractivo exótico de Escandinavia empezaba a decaer: el gusto por "Dentista danés en el trabajo" y "Confesiones de una chica de portada danesa" estaba pasado de moda.

"Las películas se volvieron cada vez más baratas en la medida en que llegaba la competencia proveniente de EE.UU., Alemania y Francia", recuerda Gramfors.

Los títulos anteriores "respetables" eran demasiado caros de hacer. De modo que las películas que se realizaron a finales de los años 70 y principios de los 80 fueron en general de muy bajo presupuesto, sin historia, sin valor de producción y mucho sexo.

"El verdadero punto final para las películas eróticas en Suecia, así como en el resto del mundo, llegó con la irrupción de los videos domésticos. Cuando no hizo falta ponerse el impermeable y salir a ver porno, se acabó todo. Las películas se volvieron aburridas", agregó Gramfors.

Pero ahora, tal vez, están volviendo a ponerse interesantes. En la última década, el sexo explícito ha estado haciendo su reaparición en las salas de cine y de nuevo, podemos dar gracias a los escandinavos.

En 1998, Lars von Trier inició la tendencia con "Los Idiotas" y desde entonces ha financiado una amplia gama de películas pornográficas a través de su productora, Zentropa.

Y luego está "Ninfómana".

En una secuencia, la heroína licenciosa intenta sentar cabeza en su vida de casada y su maternidad, pero no puede dejar de tener amantes. Finalmente, abandona a su marido y a su hijo.

"Un verano con Mónica" de Bergman tenía exactamente la misma trama, 60 veranos atrás.

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