¿Perdió Evo Morales el respaldo de sus bases?

  • 9 abril 2014
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Image caption Los cooperativistas mineros, una de las bases del MAS, ahora están enfrentados con el gobierno. (Foto: AP)

En 2006, Evo Morales se convirtió en el primer presidente indígena en la historia de Bolivia gracias al apoyo de cinco sectores clave, que formaban el Movimiento al Socialismo (MAS): los indígenas, los cocaleros, los campesinos, los mineros y la Central Obrera Boliviana (COB), el principal sindicato del país.

Ocho años después, el mandatario aspira a ganar la presidencia por tercera vez consecutiva en los comicios previstos para el próximo 5 de octubre, pero muchos de quienes lo respaldaban en sus orígenes ahora están descontentos con su gobierno.

Así lo señalan varios observadores que afirman que se ha desgastado la base de poder tradicional del MAS.

Un ejemplo de esto es el conflicto que hoy enfrenta al gobierno con grupos de cooperativistas mineros que rechazan un proyecto de ley oficialista que les prohibiría trabajar para empresas privadas.

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Este jueves, Morales se reunirá con representantes de la Federación de Cooperativas Mineras (Fencomin) para intentar buscar una salida a la disputa, que generó fuertes choques la semana última entre los mineros y la policía.

Pero no es la primera vez que el gobierno se enfrenta con sus propias bases: en 2011 diversos movimientos indígenas realizaron manifestaciones masivas contra la construcción de una carretera que iba a atravesar el corazón de una de las mayores reservas naturales del país, el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), donde viven unos 15.000 nativos.

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Si bien el proyecto fue paralizado, muchas comunidades indígenas quedaron desencantadas con Morales y comenzaron a formar sus propias agrupaciones políticas, resentidas también por lo que consideran una falta de representatividad en la Asamblea Legislativa Plurinacional, el Congreso boliviano.

Conflictos internos

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Image caption Morales aspira a ser reelegido para un tercer mandato en octubre.

Según el analista político Mario Galindo Soza, del Centro Boliviano de Estudios Multidisciplinarios (Cebem), la mayoría de los grupos que tradicionalmente apoyaban al MAS ahora están divididos.

"No son solo los indígenas y los mineros. En siete de las nueve federaciones de campesinos también hay conflictos internos. Las cúpulas están con el gobierno pero dentro de las agrupaciones hay muchas divisiones", aseguró a BBC Mundo.

Incluso dentro de la COB -con la que el MAS estableció una alianza electoral de cara a los comicios de octubre- hay divisiones internas, afirmó Soza.

Para Galindo Soza, el descontento tiene un motivo principal: "El programa de gobierno está en contradicción con muchos de los intereses de las bases y por eso Morales ha perdido capital político".

Kathryn Ledebur, de la ONG Red Andina de Información, coincide en que en estos años de gobierno el MAS ha perdido el apoyo de muchos "subsectores" que formaban parte de sus bases. Sin embargo, le restó responsabilidad política a Morales.

"En Bolivia siempre hay protestas, es parte de la vida acá. En un año electoral no sorprende que muchos grupos aumenten sus reclamos, porque saben que el gobierno estará más receptivo", afirmó.

También consideró que a pesar de que muchos grupos -como los indígenas, los campesinos y los cocaleros- se sienten identificados con el presidente, no significa que le darán un apoyo automático.

"No existe el concepto del cheque en blanco en Bolivia, el presidente constantemente tiene que consensuar con sus bases", indicó Ledebur.

Marcha atrás

Esta política de consensos explica por qué en los últimos años Morales decidió dar marcha atrás o dejar en suspenso algunas de sus decisiones más polémicas, como la construcción de la carretera a través del Tipnis o el recorte de los subsidios al combustible, conocido como el "gasolinazo".

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Ahora, el gobierno también accedió a congelar la controvertida ley de minería, que ya tiene media sanción en el Parlamento, y cuyo futuro dependerá de lo que el gobierno acuerde con los mineros.

A pesar de estas concesiones, analistas como Ledebur creen que es "imposible" que Morales satisfaga a todos.

"Los movimientos sociales no son grupos uniformes. Con cualquier decisión que tome el gobierno siempre alguien gana y alguien pierde", remarcó a BBC Mundo.

Confiado

A pesar de esta encrucijada, el presidente boliviano se muestra confiado en que logrará no solo mantener, sino ampliar sus bases políticas en los próximos comicios.

"La meta para mi es ganar con 74 %. Cada elección (debemos) aumentar 10% y está en nuestra manos", dijo Morales en octubre pasado, al lanzar su candidatura y la de su vicepresidente, Álvaro García Linera, para un tercer período de gobierno.

En 2005, el gobernante ganó con el 54% y en 2009 se impuso con el 64%.

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Image caption Las 36 comunidades indígenas ya no apoyan de manera uniforme al gobierno. (Foto: Getty Images)

"A mí me causa risa cuando dicen: vamos a derrotar al MAS", se ufanó el mandatario a finales del año pasado, ante el desafío de sus adversarios que se mostraron confiados en lograr una segunda vuelta electoral.

Las encuestas sugieren que Morales no tiene nada de qué preocuparse, aunque tampoco tendría tantos motivos para celebrar.

Un sondeo realizado por el diario Página Siete en febrero muestra que el presidente obtendría una reelección cómoda en primera vuelta, con una diferencia de más de 30 puntos sobre sus principales rivales, Samuel Doria Medina y Rubén Costas.

Sin embargo, la encuesta anticipa un triunfo con el 45,7% de los votos, muy lejos de la meta del 74% al que aspira el presidente y por debajo, incluso, de sus anteriores victorias electorales.

Según los analistas, los resultados reflejan el desgaste que ha sufrido el mandatario en sus bases, pero también muestran cómo logró solidificar su liderazgo.

Para Galindo Soza, la ventaja tan amplia con respecto a sus rivales señala que Morales logró captar el apoyo de amplios sectores de la población boliviana que se vieron beneficiados por el auge económico que vive el país bajo su gobierno.

A comienzos de año, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) informó que Bolivia tiene uno de los mejores pronósticos de crecimiento de América Latina, con una tasa del 5,5% para 2014, lo que duplica la de las grandes potencias de la región.

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