La crisis en Ucrania entra en una fase peligrosa: ¿y ahora qué?

Sloviansk Derechos de autor de la imagen BBC World Service
Image caption La oficina del alcalde de Sloviansk es uno de los edificios tomados por hombres armados.

La crisis de Ucrania está entrando en una fase nueva y peligrosa. La toma de edificios del gobierno y la policía en varias ciudades del este del país por parte lo que algunos describen como activistas pro rusos plantea la posibilidad de una respuesta firme por parte del gobierno de Kiev.

Esto, a su vez, podría darles a las autoridades rusas el pretexto que necesitan para movilizar a los militares agrupados en la frontera de Ucrania, hacia el oeste.

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Image caption Los pro-rusos tomaron edificios del gobierno y comisarías.

También puede ser que todo sea un teatro político, un intento de subir el tono para asustar al gobierno interino de Ucrania y tal vez también echar por tierra las conversaciones a cuatro bandas entre Ucrania, Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea planificadas, en líneas generales, para esta semana.

Alternativamente puede ser que Moscú simplemente esté tratando de controlar el contexto de las conversaciones. De cualquier manera, la temperatura está subiendo y una solución diplomática a la crisis parece más distante que nunca.

Entonces, ¿qué pasa con las afirmaciones de las fuentes de la OTAN y los líderes occidentales de que el ejército ruso ya está llevando a cabo operaciones encubiertas en el este de Ucrania?

Las redes sociales dan pruebas de que algunos grupos de hombres, bien armados y equipados de manera uniforme, han participado en una serie de ataques iniciales a edificios de las ciudades del este de Ucrania.

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Image caption Los hombres armados pro-rusos en Sloviansk no muestran intenciones de cumplir con el plazo establecido por Kiev.

Campaña opositora

Roger McDermott, académico de Estudios sobre Eurasia de la Fundación Jamestown, observa desde hace tiempo al ejército ruso.

Su evaluación es que el uso de uniformes y la uniformidad de las armas sugieren que "estos 'militantes' bien organizados tienen todas las características de las fuerzas especiales rusas, o para ser más exactos, las fuerzas especiales de inteligencia militar o Spetsnaz”.

No obstante, advierte que esto es sólo una repetición parcial de la operación inicial llevada a cabo por Rusia en Crimea.

"En la guerra de Crimea", señala, "las fuerzas rusas lanzaron una campaña esencialmente sin oposición para apoderarse de los puntos estratégicos clave y explotar la debilidad del gobierno interino de Kiev".

McDermott afirma que la situación es diferente en el este de Ucrania.

"Las unidades de fuerzas especiales con asistencia local pueden hacerse con el control de edificios estratégicos y las rutas principales, pero si las fuerzas de defensa y seguridad de Ucrania responden, habrá una escalada en la que participarán las fuerzas más convencionales de Rusia, incluyendo la fuerza aérea y las fuerzas terrestres", dice.

Otro veterano analista de asuntos militares rusos, Keir Giles, del Centro de Estudios de Investigación de Conflictos, afirma que está "deprimido pero no sorprendido" por la escalada de los últimos días.

Cuando se le preguntó si cree que esto podría ser el preludio de una acción militar manifiesta de Rusia, responde que es totalmente posible.

"Esto no sólo alimenta la narrativa de Moscú de que garantiza los derechos y las vidas de los ciudadanos rusos en el extranjero, sino también contribuye con el imperativo doctrinario de garantizar la seguridad y la estabilidad en las fronteras de Rusia", dice.

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Shock estratégico

Ambos analistas creen que la crisis ha entrado en una fase nueva y quizás crucial. Le pregunté a McDermott si los objetivos de Rusia en todo esto son claros. ¿Moscú está asumiendo un gran riesgo?

"Los riesgos son que el ejército y las fuerzas de seguridad de Ucrania pongan más resistencia que la que Moscú prevé, y que todo esto se vuelva prolongado y desordenado", comenta.

Sin embargo, "si las fuerzas de Kiev se derrumban, o no responden lo suficientemente rápido, Moscú tendría una moneda de cambio para llevar a la mesa y fijar sus objetivos en la crisis: o bien Occidente reconoce un estado ucraniano desmembrado, o bien promueve un compromiso que implique una nueva Constitución y la aparición de un estado federal ucraniano más débil, más dócil al Kremlin en el futuro".

En su opinión, las principales demandas de Moscú son claras: quiere la federalización de Ucrania y una garantía jurídica de que el país no entrará en la OTAN.

"El Kremlin está jugando una apuesta fuerte y cree que puede ganar", dice.

Por su parte, la OTAN y Occidente parecen tener pocas opciones para influir en los acontecimientos sobre el terreno. Según McDermott, Occidente ha recibido lo que él llama "un shock estratégico".

Argumenta que esta crisis ha puesto de manifiesto las "debilidades en los análisis de la inteligencia de Rusia y la amenaza potencial que puede suponer en Europa del Este.

"Ni los analistas occidentales de la crisis ni los gobiernos pueden hallar la forma de impedir que Rusia logre sus objetivos estratégicos en Ucrania", dice.

"En lugar de pensar con sensatez, vemos sólo vergüenza y nerviosismo", señala.

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