El heroísmo de la vida cotidiana en Bagdad

Mercado de libros de Bagdad Derechos de autor de la imagen AP
Image caption Más de 1.000 personas murieron en abril en ataques en Irak.

El mercado de libros en el centro de Bagdad es un alegre testimonio de la durabilidad del espíritu humano.

Los vendedores extienden sus mercancías como alfombras de aprendizaje de todo el mundo desde pasarelas cubiertas hacia fuera en el medio de una calle hecha peatonal.

Es una selección extraña.

Hay una copia de Electrónica Práctica de la era previa al transistor, un Manual de Ingeniería Civil que sólo dos personas podrían levantar y un libro que en la tapa tiene la foto del boxeador francés Marcel Cerdan, quien salió con la cantante Edith Piaf y murió en un accidente aéreo.

En más de un puesto se encuentran pilas de copias de Mein Kampf (Mi lucha) en árabe, algo que se puede interpretar de dos maneras.

Adolf Hitler tiene una inquietante popularidad en estos lugares, ya que hay muchas, o ventas gratificantemente bajas, ya que todavía están allí.

También hay un par de copias de la autobiografía del ex primer ministro israelí Menachem Begin. El agente que manejó sus ventas en Medio Oriente de la edición en árabe debe haber sido un gran negociador.

En realidad hay más curiosos que compradores. Aunque recogí un par de cosas y me tentó lo que ser parecía la versión en árabe de un libro estadounidense de autoayuda llamado "No estés triste".

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Image caption "Irak es el tipo de lugar que se mofa del optimismo", dice Connolly.

Creo que el original en inglés debe haber tenido un título un poco más inspirador.

Para llegar, en la calle se pasa a través de un puesto de control policial de cuatro hombres. Uno de ellos tiene la sombría tarea de asegurarse de que la gente no lleva puesto un chaleco con explosivos.

El primero que encuentre será, por supuesto, lo último que encuentre. Sin embargo, lleva adelante la tarea con una especie de brusca cortesía que, dadas las circunstancias, es bastante impresionante.

En esta abrasadora, polvorienta, caótica y amigable ciudad, los ataques con bombas sin advertencia se han vuelto tan comunes que apenas concitan la atención internacional.

Cuando uno está fuera de casa hay una curiosa sensación en algún lugar de la parte posterior de la mente, como una melodía que no se puede recordar bien y no sale de la cabeza.

No es miedo exactamente, sino una mayor conciencia de la fragilidad de los lazos que nos atan a la vida y la facilidad con que se rompen.

Es por eso que miramos antes de cruzar la calle. Pero para los iraquíes parece dolorosamente cerca de la superficie del pensamiento y nunca parece irse.

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Image caption El mercado fue blanco de un ataque en 2007.

Casi 8.000 civiles murieron el año pasado principalmente en atentados suicidas u otros tipos de ataques que desgastan la capacidad de la gente común de llevar una vida normal.

Eso es tres veces el número de personas que murieron en los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

No tengo ni idea, ni la gente que va cada semana, si el mercado de libros en Bagdad será en algún momento un objetivo.

Un camión cargado de explosivos fue detonado fuera de una casa de té del mercado hace unos años y causó la muerte de decenas de personas, pero eso no es razón para creer que no volverá a suceder. O que sí ocurrirá. Es la incertidumbre que ataca los nervios de todos.

Los iraquíes votaron el 30 de abril en las primeras elecciones parlamentarias desde que las fuerzas estadounidenses dejaron el país en 2011, pero ninguna solución parece estar disponible en las urnas: Irak está peligrosamente a la deriva en las aguas inciertas de Medio Oriente.

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Image caption Hay "una especie de habilidad fatalista para soportar", dice el periodista.

Combatientes chiitas se van de aquí para luchar por el presidente Bashar al Asad en Siria, y combatientes sunitas llegan de Medio Oriente para unirse a la insurgencia contra el gobierno chiita en la provincia de Anbar.

En teoría los atentados con bomba apoyan esa insurgencia aquí, pero en verdad el motivo parece ser el odio sectario y el objetivo es la propia vida cotidiana en cafeterías, mercados y cafés.

Hace que lugares como el mercado de libros de Bagdad sean muy especiales.

Los compradores, vendedores y quienes van a pasear no parecen estar haciendo algo excepcional. Pero hay una especie de heroísmo en las cosas ordinarias realizadas en circunstancias extraordinarias.

No es el tipo de cosas por las que se va entregar una medalla, pero es una especie de habilidad fatalista para soportar que te permite sobrellevar el día a día.

Irak es el tipo de lugar que se mofa del optimismo pero en la capacidad de su gente para mantenerse hay motivo de esperanza.

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