Leópolis, la ciudad ucraniana que sí quiere ser europea

  • 24 mayo 2014
Vendedora en Leópolis
Image caption La vendedora ambulante Katya desea que toda Ucrania esté "en el corazón de Europa".

El lugar de Ucrania en Europa es el foco de combates mortales y fieros debates. Pero al sondear la opinión en todo el país antes de las elecciones presidenciales del domingo, descubrimos que en la ciudad de Leópolis, en el occidente, nunca ha estado en duda.

"He estado en numerosos países, sin salir nunca de Leópolis", según el viejo chiste.

La ciudad -también conocida como Lviv en inglés, Lwow en polaco, Lemberg en alemán o Lvov en ruso- ha sido parte de numerosos imperios a lo largo de su historia colorida y frecuentemente trágica.

Y aunque las fronteras han cambiado casi tan rápidamente como el impredecible clima local, aquí una vasta mayoría está de acuerdo en algo: Leópolis pertenece a -y nunca salió de- Europa.

Banderas de la Unión Europea flamean al lado de las ucranianas en la ciudad, que -con sus calles adoquinadas y coquetos cafés en la Ciudad Vieja- se siente claramente europea.

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"Ahora queremos que toda Ucrania esté también en el corazón de Europa", dice la vendedora ambulante de dulces Katya, vestida con un encantador atuendo medieval.

"Es a donde siempre hemos pertenecido".

"Listos para pelear"

Muchos leopolienses consideran los comicios presidenciales del 25 de mayo como una oportunidad única para que Ucrania finalmente se desprenda del largo periodo de dominación rusa y se afinque firmemente en el mundo occidental.

"Es una oportunidad de volver a la vida normal después de la revolución y los enfrentamientos violentos", afirma el historiador local Ostap Sereda.

Se refiere a las masivas protestas callejeras en la capital, Kiev, que condujeron al derrocamiento del presidente Víktor Yanukóvich, en febrero pasado.

Image caption Ostap Sereda espera que las elecciones presidenciales del 25 de mayo ayuden a crear alguna estabilidad.

Leópolis estaba al frente de las protestas: una cantidad de activistas de la región viajaron a Kiev y murieron allí en los enfrentamientos con la policía y el ejército.

Pero su sensación de triunfo en la victoria sobre lo que verían como el corrupto régimen de Yanukóvich pronto se tornó en miedo real a una invasión rusa, después de que Moscú se anexó Crimea y brotó la violencia en las regiones orientales de Donetsk y Luhansk.

Image caption Banderas de la Unión Europea y ucranianas flamean en todas partes en Leópolis.
Image caption Los artistas callejeros recuerdan a los residentes las advertencias de la historia.
Image caption Trabajadores turísticos vestidos con uniformes del Ejército Insurgente Ucraniano tienen resonancia histórica.

"Peleamos por Kiev, ahora estamos listos para pelear por Donetsk", indica Oleh, que trabaja en una librería.

"Si hay una guerra, me inscribiré como voluntario con mis amigos".

"Dejémoslos ir"

Aún así, uno no siente aquí ningún fuerte resentimiento contra rusos comunes y corrientes.

Todo el odio es dirigido mayormente hacia el presidente de Rusia, Vladimir Putin, a quien los leopolienses acusan de lavar el cerebro de su propio país y tratar de reconstruir la Unión Soviética.

"El idioma no es un problema, se esucha el ruso en todas partes", dice Andrey, un ruso étnico, mientras apunta a un grupo de turistas rusos que toman fotos con entusiasmo.

Image caption Bohdan Shumylevych (izquierda): en Ucrania ha convivido gente de diferentes culturas durante muchos años.

"Es la mentalidad, esto es lo que importa", me cuenta el historiador de arte Bohdan Shumylevych.

"Ucrania es un microimperio, pero sin identidad imperial. Es un estado formado de distintas entidades, lenguas y culturas".

"Vivimos juntos durante muchos años. Ucrania no está dividida, es sólo diferente. Y alguien de afuera la dividió", agrega Bohdan.

Y admite que cree que Ucrania se acercaría más rápidamente a Europa sin los "separatistas" del este.

"Tal vez deberíamos dejarlos ir", sentencia.

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